Octubre 2019

Gandhi: la fuerza ética de una acción no pasiva

Escrito por  Francisco Sánchez
Ghandi Ghandi

¿Quién es Gandhi? ¿Es un maestro, un asceta, un político, un filósofo?... Vamos a acercarnos a él e interpretarlo sobre la trama de los valores éticos, filosóficos y espirituales de la tradición indostánica.

Por nacimiento (2 de octubre de 1869), es un bania, dentro de la casta vaysha, la tercera casta después de brahmanes y chatryas, la que interpretamos en Occidente como comerciantes o empresarios, aunque en su familia ya llevaban tres generaciones dedicados a la política, con rango de primeros ministros en varios Estados. Lo casan a los trece años con Kasturbai; van a convivir sesenta y dos años.

Tengamos en cuenta la influencia de Occidente en aquella India en dos aspectos: 1.º los británicos son considerados la raza superior y el gentleman es el modelo de referencia; 2.º los sacerdotes cristianos han extendido la creencia de que el hinduismo es un conjunto de supersticiones e idolatrías.

De esta manera, a los dieciocho años se apresta a marchar a Inglaterra, la metrópoli, donde estudiará Derecho y se formará como un verdadero ciudadano del Imperio. A pesar de todo, su madre le obliga a comprometerse y hacer votos de «no tocar vino, mujer, ni carne».

El destino tiene sus propios designios y, en Londres, conoce a dos teósofos que le presentan a Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica mundial, y de paso a Annie Besant, que se ha convertido a la teosofía recientemente.

Este es su primer contacto con el principio y el trabajo de creación de núcleos de fraternidad universal, más allá de razas, credos, sexos, nacionalidad, o condición social; y, por otra parte, va a oír decir que «no hay religión superior a la verdad». Leerá La luz de Asia, del inglés Edwin Arnold, y, sobre todo, el Bhagavad Gita, tratado filosófico integral en el que encontrará la guía que necesita, y sobre el que más tarde escribirá su propia versión.

Esta formación le hace ver el valor de las tradiciones indostánicas y que él ha nacido en una cultura espiritual multimilenaria, que es la madre de todas las religiones occidentales (expresadas en las lenguas indoeuropeas).

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En aquella cultura no existe la palabra filo-sofía o amor a la sabiduría; por ello, muchos estudiosos creen que no existe la filosofía en la India. No ocurre tal, sino que la filosofía se expresa en el concepto «darsana» que significa «punto de vista». Los tratados filosóficos se llaman Upanishads, que normalmente estarían integrados en los Vedas.

Hay seis darsanas vinculadas a los Vedas u ortodoxas, y hay otras independientes de los Vedas, heterodoxas, como por ejemplo, el budismo.

En el Bhagavad Gita se expresan fundamentalmente dos darsanas: el Sankhya y el Yoga. Es, sobre todo, el yoga el que se desarrolla en sus cuatro niveles de:

- Karma yoga o yoga de la acción.

- Bakthi yoga o yoga de la devoción.

- Gnani yoga o yoga del conocimiento.

- Raja yoga o yoga de la liberación.

Hay cinco virtudes que son el fundamento ético de ese camino de realización espiritual, imprescindibles en todos los niveles:

1. Ahimsa, que significa «no daño».

2. Satya, que significa «veracidad».

3. Brahmacarya, que significa «continencia en pensamiento, palabra y obra».

4. Asteya, que significa «no robar».

5. Aparigraha, que significa «no apropiación».

Gandhi fue incorporando paulatinamente a su vida estas virtudes y convirtiéndose en un modelo público, en un yogui popular.

En 1891, cuando volvió de Inglaterra y comenzó a ejercer de abogado, su opción fue ayudar a los tribunales a conocer la verdad en cada caso. Había clientes que tenían dos abogados, a él para decir la verdad o no mentir, y otro para ocultarla y mentir. Así, su futuro como abogado no estaba claro.

En 1893, marchó a Sudáfrica como representante de los intereses de una compañía india; allí se encontró, abruptamente, el trato que daba «la raza superior» a sus paisanos. En cuanto a él; le echaron a patadas de un tren por atreverse a viajar en primera clase, se tenía que bajar de la acera cuando se cruzaba con un blanco, y le pusieron una tarjeta de identidad con diez dígitos, exactamente como a los criminales.

Comenzó a practicar la no colaboración y la desobediencia civil quemando públicamente el documento de identidad; a esto le llamarían más tarde sus comentaristas «no violencia» o resistencia pasiva; pero esto no es muy acertado, más bien se trataría de «no daño».

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«La violencia es inevitable cuando estás vivo, tienes cuerpo y ocupas un lugar en el mundo; desde la gestación a la muerte, siempre hay algo o mucho de violencia». Por otra parte, esta actividad no es pasiva, es una actividad moral, una lucha ética que utiliza la fuerza del alma y no la corporal.

El objetivo es no hacer daño al otro, aunque te lo hagan a ti; la fuerza del alma se manifiesta en la capacidad de sufrir… ¿Se le puede llamar amor? Paralelamente acuña el término «satyagraha», que traducimos por «mantener la verdad». Así, amor y verdad son los dos pies sobre los que camina su acción social, su lucha por la dignidad de sus compratiotas.

Crea una granja, comunidad o asram, donde admite a una familia de intocables (los sin casta o parias), y todos los trabajos se hacen en común, incluida la limpieza de las letrinas. Esto le trae problemas con sus más allegados y él les responde: «No tratéis a nadie como los ingleses nos tratan a nosotros».

En 1906, con treinta y cuatro años, pronuncia el voto de brahmacarin. No volverá a tener vínculos sexuales con nadie. Realiza los dos primeros ayunos de una y dos semanas por faltas cometidas en la granja. No castiga al culpable, sino que se hace responsable de su falta y de la expiación.

En 1907, renuncia a su profesión y entrega todos sus bienes.

Cuando vuelve a la India, en 1915, Tagore le llama Mahatma o gran alma, que es el título que se da a los grandes maestros espirituales; él no lo acepta y sí que le llamen Bapu o padre.

A la huelgas pacíficas o actos de no colaboración con las autoridades, las va a inscribir en el concepto de satyagraha, pues no son períodos de inactividad, sino días de ayuno y oración.

Comienza a predicar la artesanía en todos los sentidos y utiliza como símbolo la rueca para hilar tejidos manuales, llamados khadi. Lanza una campaña contra los tejidos ingleses producidos en Manchester; es una de las formas de no colaboración que culmina años después con la quema de telas inglesas y extranjeras en general.

A estas alturas, ha abandonado totalmente la vestimenta occidental y viste con un dhoti como prenda inferior y un khadi como prenda superior.

Recorre la India y asume que la clave de la vida de su país no está en las ciudades, sino en las más de quinientas mil aldeas en las que vive la mayor parte de la población sumida en la pobreza y el abandono, y él se pone a la cabeza de esa forma de vida promulgando que la solución para ese pueblo es la artesanía local.

Para ese entonces ya no es un ciudadano del Imperio británico y decide que el domino inglés sobre la India no es un bien sino un mal.

Considerado un peligro para la Corona, le condenan a seis años de cárcel, lo cual no es nuevo para él, pues había estado detenido unas cuantas veces. Cumple algo más de dos años y aprovecha para darle a la rueca y escribir La historia de mis experiencias con la verdad , que luego se llamaría Autobiografía.

Ha ido fraguando la segunda arma de su lucha no violenta, que es la desobediencia civil. El acto más representativo y simbólico de esta etapa es «la marcha de la sal», contra la ley que prohíbe producirla y los impuestos sobre ella. Recorrió más de cuatrocientos kilómetros hasta llegar al mar, a través de cientos aldeas y explicando a la gente los motivos de esta marcha… lo cual le supuso seis meses más de prisión en 1930.

En 1931 viaja a Londres y les dice a las autoridades británicas en su cara que abandonen la India.

Entre 1934 y 1936 sufre varios atentados, alguno con bomba, para intentar asesinarle, pero él continua con sus viajes y mítines para educar al pueblo. Se va quedando solo frente a la violencia y emprende ayunos a muerte.

En 1947 se produce la independencia de la India, con la ruptura del país. Él no considera que la India se ha liberado, sino que ha cambiado de dueños. En 1948 un brahmán fanático le asesina.

El legado de Gandhi

Es un asceta o yogui que pasa de la ética individual a la colectiva; no interviene en política, sino más bien en mejorar el destino de su país.

Enseña cuáles son las armas para combatir por la verdad-justicia, y son armas que no dañan.

Es un ejemplo y un modelo para nuestro presente y nuestro futuro inmediato, pues las armas dañinas son un camino sin salida.

Enseñó una sola religión: la verdad, y que no hay más que un pueblo: la humanidad.

 

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