Abril 2010

Aristóteles

Escrito por 
Aristóteles

Por Giosef Quaglia

Fuentes históricas acreditan que Aristóteles nace en Macedonia en la ciudad de Estagira (la actual Stavros) en el año I de la Olimpiada XCIX[1] (hacia el año 386/385 a.C.).

En su infancia debió Aristóteles vivir en Pella y estar ligado a la vida palaciega de la corte macedónica ya que su padre era médico personal del rey de Macedonia Amintas III[2].

A la muerte de su padre Nicómaco[3] y su madre Festis acaecida cuando Aristóteles era poco más que un niño y después de que las Parcas se llevaran también a su único hermano Arimnesto, se traslada a la ciudad de Atarneo. Allí su tutor Próxeno se encarga de seguir su educación con enseñanzas propias de su edad. Una vez cumplido los 17 años su tutor debió de considerar que ya no había nada que él le pudiese enseñar a ese joven prodigio.

Hace el 367 a.C. Aristóteles, no sabemos si empujado por su tutor o por deseo personal, se traslada a Atenas e ingresa en la Academia, la escuela de filosofía de Platón[4], una auténtica universidad del saber, que gozaba de mucha fama y renombre en todo el mundo griego.

En la Academia a Aristóteles se le apodaba “el inteligente”, seguramente por su excepcional disposición natural para aprender cualquier disciplina (historia, poesía, matemáticas, astronomía, psicología, biología, botánica,…) que le llevó a investigar sobre todo el saber griego (Solón, Pitágoras, Parménides, Heráclito, Tales, Tucídides, Homero, Herodoto,…) y seguramente a aceptar las enseñanzas de Platón con toda su alma.

La producción literaria de Aristóteles se concreta en diálogos y tratados que luego serían todos unos clásicos en el mundo griego y romano.

En el Protréptico, tratado escrito como exhortación a la Filosofía, inmortaliza su prototipo de filósofo como “el único que vive con la mirada puesta en la naturaleza y en lo divino, y, como un buen piloto, amarra los principios de su vida a las cosas eternas y permanentes, echa ahí el ancla y vive según su propio criterio[5]. Ese criterio ha de estar dirigido por “el Nous, el dios nuestro[6].

En el mismo tratado recoge asimismo el estrecho vínculo entre política y filosofía: “Si queremos participar con rectitud de los asuntos públicos y llevar nuestra vida con provecho, debemos cultivar antes la Filosofía[7].

Cabe señalar que durante los 20 años pasados en la Academia Aristóteles escribe muchos diálogos a la manera platónica, de los cuales desafortunadamente sólo quedan pocos fragmentos.

En el Eudemo, diálogo que se encuentra mencionado como un desiderátum en un papiro del s. III d.C. [8], Aristóteles inmortaliza a Eudemo, amigo y condiscípulo suyo que murió en los combates promovidos en Siracusa por Dión de Siracusa[9] y promueve ideas a imagen y semejanza de las que tenemos en el Fedón de Platón: la preexistencia e inmortalidad del alma, la reminiscencia, la vida humana como práctica de la muerte, la vuelta a Dios como única verdadera aspiración de todo ser humano o el mito de Midas, mito a imagen y semejanza del mito de Er de la República.

Aristóteles en toda su juventud estuvo estrechamente vinculado a Platón y colaboró con él en la enseñanza. Sabemos que “Platón tanto apreciaba a Aristóteles que, como por un causal un día no viniese al estudio, dijo: Aquí falta el filósofo de la verdad. Y otra vez dijo: No viene el entendido queriendo significar – añade Erasmo de Rotterdam – que sólo Aristóteles le entendía”[10].

Por sus capacidades oratorias le fue encomendado por su maestro, entre otras cosas, explicar cursos oficiales de oratoria clásica, es decir el “arte de hablar de forma bella y justa”, un poco con la intención de desbaratar a través de la dialéctica y de forma positiva, a los sofistas, aquellos adinerados intelectuales de la sociedad griega de entonces, que enseñaban por dinero y que sólo se preocupan en adornar sus discursos con bellas palabras sin importarles que lo que dijesen fuese verdad o no, justo lo contrario de lo que se enseñaba y se practicaba en la Academia.

Aristóteles en su diálogo El Grillo, que en su momento tuvo que tener mucha aceptación en la Academia, toma una posición clara a favor de la paideia platónica basada en la dialéctica y en contra de la paideia isocrática basada en la retórica. Sabemos que a esta obra respondería luego un discípulo de Isócrates, un tal Cefisodoro, en la obra intitulada Contra Aristóteles. De ello creo poder afirmar que la famosa frase “fea cosa es callar, y Jenócrates hablar”, que la tradición indica para evidenciar las supuestas divergencias entre Jenócrates y Aristóteles, en realidad debió de ser “fea cosa es callar, e Isócrates hablar”. Al respecto Erasmo de Rotterdam refiere que “esos versos según unos eran dirigidos a Jenócrates y según otros a Isócrates”[11].

Siguiendo a Pierre Hadot quisiera señalar que “cuando Aristóteles dicta un curso no se trata de un curso en el sentido moderno del término…, no se trata de informar.., sino de formar”[12].

Por ese entonces la fama de Aristóteles ya debía estar extendida a todo el mundo griego como lo atestigua una carta que le escribe el rey de Macedonia Filipo II, en ocasión del nacimiento de su hijo Alejandro: “Filipo saluda a Aristóteles. Has de saber que me ha nacido un hijo. Por ello les doy muchas gracias a los dioses, no tanto por el nacimiento del niño, cuanto porque haya nacido en tu época. Espero que él, enseñado y educado por ti, será digno de nosotros y de sucederme al frente de mis empresas”[13]. Es decir que el futuro de Aristóteles, como maestro de Alejandro, podía estar planeado desde los tiempos de la Academia y no descartaría que Platón ideara con su discípulo un plan para la formación de un futuro rey filósofo sabio y justo.

Hacia el año 348/347 a.C. Platón muere y, no sin sorpresa de muchos, deja como  sucesor al frente de la Academia a Espeusipo. Uno de los motivos de que la elección no recayera sobre Aristóteles podría estribar en el hecho de que Espeusipo, a diferencia de Aristóteles, había sido iniciado en una forma de conocimientos llamada los Misterios y por lo tanto sería la persona más idónea para conducir una institución con raíces mistérica como la Academia.

Sea como fuere lo cierto es que de golpe queda Aristóteles privado del apoyo directo de su padre y maestro espiritual.

Aristóteles y Platón

La mayoría de historiadores sostienen que, una vez muerto Platón, Aristóteles se distancia de las doctrinas de su maestro. Se suele asociar la marcha de Atenas del Estagirita con un sentimiento de ingratitud hacia su maestro reo de no haberle elegido como sucesor en la dirección de la Academia. Avalaría esta tesis la siguiente cita “Aristóteles me ha dado de coces como hacen los potricos con sus madres”[14], pero en opinión del que escribe, este testimonio no es muy fiable. Ya en la antigüedad habían filósofos como el peripatético “Aristocles de Mesina[15] que demostró como la presunta ruptura entre Platón y Aristóteles era sólo una leyenda sin fundamentos reales”[16] o como el filósofo Lucio Apuleyo, que estudió en la Academia en el s. II d.C. y que nos ha dejado las siguientes palabras:

“Yo no he sido el primero en investigar en las obras de los antiguos filósofos, sino que ya lo hacían mucho antes mis antecesores: hablo de Aristóteles, de Teofrasto, de Eudemo y de Licón y de todos los demás seguidores de la doctrina platónica”[17].

El neoplatónico Marino de Neápolis, discípulo del iniciado Proclo, comentaría siglos más tarde que éste tenía como tarea de su maestro Siriano “copiar lo que se decía en los tratados sobre el alma de Aristóteles y en el Fedón de Platón”[18]. Considero interesante subrayar que tanto Siriano como Proclo fueron directores de la Escuela Neoplatónica de Atenas en el s. V d.C. y que éste último, aún sin coincidir con Aristóteles en algunos puntos de su doctrina (lo que es natural porque Aristóteles no tenía la misma familiaridad con las cosas ocultas que tenían en cambio un Platón o un Siriano), le apodó “el divino”[19].

Marino de Neápolis apunta que “habiéndose formado Proclo durante dos años de un modo eminente sobre todos los escritos de Aristóteles, como a través de ciertas ceremonias preliminares y pequeños misterios, fue conducido a la iniciación mistérica de Platón con orden”[20]. Así que Aristóteles, 8 siglos después de su muerte, era considerado por un discípulo de un Iniciado como la puerta a los misterios de Platón.

Además si Aristóteles hubiese de verdad repudiado a su maestro, ¿por qué levantaría un altar en su honor? He aquí la dedicatoria que acompañaba al altar que según nos consta por la Vida Marciana “fue levantado por Aristóteles en  memoria de Platón[21]:

Al llegar a la famosa llanura de Cecropia

Piadoso levantó un altar de su santa Amistad

Al varón a quien no es lícito a los perversos ni siquiera loar,

Al único o primero de los mortales que reveló claramente,

Con su propia vida y con los métodos de sus palabras,

Cómo un varón llega a ser bueno y feliz al mismo tiempo.

Ahora, imposible que nadie vuelva jamás a alcanzar ambas cosas.



Etapa de viajes

Tras la muerte de Platón, Aristóteles viaja por el Egeo y la costa Jónica de Asia Menor en compañía de Jenócrates, quien sería luego el segundo sucesor de Platón al frente de la Academia, y otros amigos filósofos como Teofrasto. Es evidente que Aristóteles, en estos años, sigue estrechamente vinculado Platón y a la Academia.

Este periodo se extiende unos 5 años, de 348/347 a 343/342 a.C., de los cuales 3 los pasaría en Asos y 2 en Mitilene en la isla nativa de Teofrasto, la isla de Lesbos. Otra prueba del lazo entre Aristóteles y la Academia es que la ciudad de Asos era por aquel entonces el lugar donde se encontraban Erasto y Corisco, dos antiguos discípulos de Platón. Esto lo sabemos por un testimonio del mismo Platón, que en su carta VI, carta que dirige justo a los dos discípulos y al rey de Atarnea Hermias: “Erasto y Corisco son amigos seguros, de alma sana y con caracteres dignos de confianza” pero “no tienen todavía suficiente capacidad de guardarse de los malvados y de los injustos” y por ello “necesitan la ayuda de Hermias para no verse for­zados a olvidar la verdadera ciencia y entre­garse más de lo que conviene a las ciencias humanas y prácticas”. Es evidente que Platón consideraba a Hermias como un gobernante sabio y justo animado por los mismos ideales de la Academia. Recordamos que Aristóteles también estuvo muy ligado a Hermias por un estrecho vínculo de amistad, como lo atestigua el poema que le dedica cuando éste más tarde encuentra una muerte heroica a manos de los persas.

En estos años Aristóteles pierde a su primera esposa Pitias con la cual tuvo una hija con el mismo nombre y vuelve a casarse, por expreso deseo de Hermias, con Herpilis, sobrina e hija adoptiva del gobernante, que le dio un hijo varón, Nicómaco.



Macedonia y la educación de Alejandro

Hacia el año 343/342 a.C. Aristóteles acepta el encargo de Filipo II, Rey de Macedonia, para ser preceptor de Alejandro, su hijo heredero. Durante los 8 años que duraría el encargo, Alejandro recibe una enseñanza integral en el hermoso paraje de Miéza, cerca de Pella. Al respecto remitimos a las palabras de Plutarco[22]: “Filipo mandó a llamar el filósofo de más fama y más extensos conocimientos que era Aristóteles, al que dio un honroso y conveniente premio de sus enseñanzas, porque reedificó de nuevo la ciudad de Estagira, de donde era nativo Aristóteles, que el mismo Filipo había asolado, y restituyó a ella los antiguos ciudadanos, fugitivos y esclavos. Concediéndole para escuela y para sus ejercicios el lugar consagrado a las ninfas, inmediato a Miéza, donde aún ahora muestran los asientos de piedra de Aristóteles y sus paseos defendidos del sol. Parece que Alejandro no sólo aprendió la ética y la política, sino que tomó también conocimiento de aquellas enseñanzas graves reservadas a las que los filósofos llaman, con nombre técnico, acromáticas y epópticas, y que no comunican a la muchedumbre”[23].

El mismo Plutarco explica como Aristóteles transmitió al joven Alejandro su pasión por el estudio y la importancia de practicar las enseñanzas: “Tengo por cierto haber sido también Aristóteles quien principalmente inspiró a Alejandro su afición a la medicina, pues no sólo se dedicó a la teórica, sino que asistía a sus amigos enfermos y les prescribía el régimen y medicinas convenientes, como se puede inferir de sus cartas”. Por el mismo autor sabemos que Alejandro llevaría, durante toda su campaña por Asia, una edición de la Ilíada comentada por Aristóteles. Era tanto el cariño que le tenía que “al acostarse la ponía siempre debajo de la almohada junto a su espada[24].

En 341 a.C. Aristóteles tiene noticias del trágico fin de Hermias. Éste, después de ser  sometido a tortura, fue crucificado a mano de los persas reo de haber conspirado contra ellos al lado de los macedonios. La aflicción que le causa la heroica muerte de su amigo, que al ser preguntado qué última gracia pedía, respondió: “Decid a mis amigos y compañeros que no he hecho nada malo o indigno de la filosofía”[25], queda de manifiesto en el poema que compuso Aristóteles en su honor y que como veremos le costaría más tarde la extradición de Atenas.

He aquí el poema[26]:



Virtud, penosa para la raza de los mortales,

Premio más bello de la vida,Hasta el morir por tu causa,Virgen, es un destino enviado en la Hélade,

Y el soportar duros e incesantes trabajos.

Tal fruto brindas al espíritu,

Para de los inmortales, y mejor que el oro

Y que ilustres antepasados y que el sueño de ojos lánguidos.

Por tu causa Heracles, el hijo de Zeus, y los gemelos de Leda

Muchos hubieron de soportar en las hazañas

Que emprendieron buscando poseerte.

Por anhelo de ti bajaron Aquiles y Ayax a la mansión de Hades.

Por amor de tu forma también el infante de Atarneo

Dejó en la desolación los rayos del sol.

Por eso hará famosas sus hazañas el canto,

Y él será declarado inmortal por las Musas,

Hijas de la memoria

Que engrandecen y recompensan la firme amistad y el culto de Zeus hospitalario.





Regreso a Atenas

Cuando muere Filipo en 336 a.C., Alejandro sube al trono y Aristóteles, tras una ausencia de 13 años y después de unos meses de reflexión, pasados posiblemente en Atarnea, vuelve a Atenas en 335 a.C. La decisión fue seguramente motivada por la obligación moral de enseñar que le había acompañado desde que conoció a Platón. Dice Werner Jäger que por aquel entonces Aristóteles era considerado como “la flor del intelecto griego, el gran filósofo, escritor y maestro”.

Mientras tanto en octubre de 335 a.C. Alejandro había dado comienzo a su campaña asiática. Con ello se interrumpe la relación directa de Alejandro con su maestro aunque sabemos que este quiso seguir velando por su gran discípulo, tanto es así que encarga a Calístenes, quien luego desafortunadamente no se demostró a la altura[27], que le acompañe en su campaña con la misión de seguir de cerca su educación.

Sabemos que en aquel tiempo en Atenas había una ley que prohibía a los metecos (extranjeros) tener propiedades en Atenas (Aristóteles era originario de Macedonia, una provincia que históricamente no era considerada como griega). Esta ley obligó a nuestro querido filósofo a adaptarse a las circunstancias y conformarse con enseñar en un gimnasio. Allí, fuera de los horarios de entrenamientos de aquellos atletas que entrenaban su cuerpo, iba paseando con aquellos otros “atletas”, con aquellos filósofos que, además de querer tener su cuerpo en buena salud, querían mantener en buena salud también su alma. Por el hecho de enseñar paseando se les llamó a sus discípulos “los peripatéticos” que significa “los que pasean”.

Aristóteles estaba así poniendo las primeras semillas que le llevaría a fundar el Liceo, otra gran institución del saber con acceso totalmente libre.

Mientras tanto en 339 a.C. Jenócrates, junto al cual Aristóteles había pasado 25 años, había sido elegido por los miembros de la Academia para hacerse cargo de su dirección tras la muerte de Espeusipo.





Aristóteles y Alejandro Magno

Según cuenta la tradición “al principio Alejandro admiraba a Aristóteles y le tenía, según dice él mismo, no menos amor que a su padre, pues si de uno había recibido el vivir, del otro el vivir bien; pero al cabo de tiempo tuvo ciertos recelos de él, no hasta el punto de ofenderle en nada, sino que al no tener ya sus obsequios el calor y la viveza que antes, daba muestra de aquella indisposición. Sin embargo el amor y deseo de la filosofía que aquel le infundió ya no se borró nunca de su alma[28]”.

Con el tiempo surgieron algunas incomprensiones entre maestro y discípulo. En una de ella se nos dice que “el rey Alejandro conoció los libros acroáticos, publicados por Aristóteles mismo, cuando tenía todo su ejército en pie de guerra cerca de Asia y presionaba al propio Darío con batallas y victorias. No obstante en medio de aquellas ocupaciones tan importantes envió una carta a Aristóteles, diciéndole que no  que él mismo había sido instruido. Porque – decía en la carta – ¿qué ventaja vamos a poder tener sobre los demás, si las enseñanzas que hemos recibido de ti se convierten en patrimonio de todos? Pues yo preferiría destacar por la sabiduría antes que por mis tropas y riquezas”[29]. A lo cual Aristóteles le contestó de esta manera: “Has de saber que los libros acroáticos, cuya publicación lamentas y que preferirías guardados en un arca, están y no están publicados, pues únicamente los entenderán quienes han seguido nuestras enseñanzas”[30].

Más tarde las incomprensiones se convierten en algunas divergencias en materia política que acaban por alejar el discípulo del maestro, aunque ni mucho menos debían de ser tan grandes como apunta la tradición. Sabemos que en el diálogo Alejandro o de la colonización Aristóteles haría pública su desaprobación a la política asiática de Alejandro. Mientras Aristóteles esperaba que Alejandro dedicara todos sus esfuerzos para conducir a los griegos a la unidad, este fue más allá en sus proyectos y empujado seguramente por un Ideal de fraternidad universal entre todos los pueblos, quiso unir a griegos, persas e hindúes.





El Liceo

Aristóteles abre el Liceo hacia 334 a.C. en un espacio cercano a la puerta de Diócares. El nombre del Liceo viene de Apolo Licio, dios al cual Aristóteles consagra su institución.

En el Liceo, como antes en la Academia, había dos grupos de discípulos: los que participaban de las enseñanzas más profundas y los que recibían enseñanzas más sencillas y prácticas. He aquí una cita de Aulo Gelio: “Dicen que el filósofo Aristóteles, maestro del rey Alejandro, dividía en dos clases sus comentarios y las enseñanzas que ofrecía a sus discípulos. Unos eran los que llamaba exotéricos y otros los acroáticos. Se llamaban exotéricos los que conducían a reflexiones de carácter retórico, a la capacitación para la elocuencia y al conocimiento de la vida política; acroáticos se llamaban aquellos en los que se trataban cuestiones profundas y sutiles de filosofía y los relativos a la observación de la naturaleza y a las disputas dialécticas. Para ejercitarse en estas que he llamado enseñanzas acroáticas destinaba la mañana en el Liceo y no admitía nadie al azar, sino sólo aquellos cuyo talento, conocimientos elementales y deseo de aprender y laboriosidad había reconocido previamente. En cuanto a las audiciones exotéricas y a la práctica de la elocuencia, las realizaba en el mismo lugar por la tarde y las ofrecía a todos los jóvenes sin selección previa. A este lo llamaba paseo vespertino, y al primero, paseo matutino, porque durante ambos hablaba caminando. Asimismo sus libros, que eran comentarios de todas esas cuestiones, los dividió en dos partes, llamándolos a unos exotéricos y acroáticos a los otros”[31].

En el Liceo maestro y discípulos reunían todo tipo de manuscritos, no sólo filosófico, histórico y político, sino también sociológico, psicológico, zoológico, botánicos, y muchos más.

Fernando Báez[32] en su libro Los escritos perdidos de Aristóteles comenta que “no sabemos qué cantidad de libros tenía su biblioteca, pero ciertos indicios apuntan a miles de manuscritos” y Estrabón[33] nos dice que “hasta donde yo sé, Aristóteles fue el primer coleccionistas de libros conocidos y fue el que enseñó a los reyes de Egipto como ordenar una biblioteca[34].

En todo caso sabemos que lo que se buscaba en el Liceo no era simplemente reunir material y datos o satisfacer una curiosidad intelectual sino proporcionar una verdadera formación integral en todos los campos del saber. Esta formación debía tener como finalidad el conocimiento de uno mismo, del mundo circundante y de la historia.

En lo que se refiere a materia política Aristóteles llega a escribir unos 50 tratados sobre la constitución de las ciudades griegas[35]. Al respecto su predilección y preferencia por el modelo ateniense y espartano, la misma que tenía antes Platón, es demostrada por el siguiente pasaje: “El que es de veras político se ocupa sobre todo de la virtud, pues quiere hacer a los ciudadanos buenos y obedientes a las leyes. Como ejemplo de éstos tenemos a los legisladores cretenses y lacedemonios y los demás semejantes que pueden haber existido[36].

Entre las muchas costumbres que recordaba se encuentra la siguiente: “Fueron los lacedemonios quienes instituyeron la antigua costumbre de entrar en combate con melodías de flauta, a fin de que la confianza y el entusiasmo de los soldados quedasen más claros y manifiesto … y para reconocer a los cobardes que no mantienen la formación”[37].

Fundamental importancia tenía para Aristóteles la práctica de la virtud. En varios escritos[38] nos habla de la virtud como único camino para llegar a la Felicidad, textualmente: “las que determinan la Felicidad son las actividades de acuerdo con la Virtud[39]. La verdadera felicidad se caracteriza por la práctica de las virtudes morales (templanza, valor, generosidad, ataraxia, justicia …) y teoréticas (prudencia y sabiduría), así como por el cultivo de la amistad.

A través de algunos tratados han llegado a nosotros unas notas tomadas como apuntes de clase.

En el Tratado De Anima vuelve a apoyar los argumentos sobre la Inmortalidad del alma. “En el ser humano hay un vehículo independiente (el Nous), que no está sometido a corrupción[40], que no padece las enfermedades del cuerpo y de la psique (el alma). Y añade que “se trata sin duda de algo más divino (que la psique) e impasible[41]”. También sostiene lo siguiente: “Es posible que el alma vuelva a entrar en el cuerpo después de haber salido de él, de donde resultaría que los seres vivos volverían a nacer después de muertos[42].

Otra idea muy poco conocida es el amor de Aristóteles para con los mitos. En la Metafísica encontramos las siguientes afirmaciones: “el que ama a los mitos es en cierto modo filósofo pues el mito se componen de elementos asombrosos[43]”, y “los seres humanos comenzaron siempre a filosofar movidos por el asombro[44]”.  De ello podemos deducir que para Aristóteles los mitos están constituidos por elementos que llevan a la filosofía.

He aquí otra vez un Aristóteles tan socrático, tan discípulo de Platón, como lo demuestra también una confesión emotiva que hace en una carta del último periodo de su vida: “Cuanto más solitario y aislado estoy, tanto más he llegado a amar a los mitos”[45].

Para los más escépticos remito al mito alegoría de la Caverna (de Aristóteles!!) que cita en parte Cicerón[46] y al tratado peripatético Cuentos maravillosos[47].

Conservamos una anécdota muy interesante que señala la exquisita discreción de Aristóteles a la hora de elegir su sucesor a la dirección del Liceo: “El filósofo Aristóteles contaba ya casi sesenta y dos años y estaba muy afectado por la enfermedad y con escasa esperanza de vida. Entonces, todo el grupo de sus seguidores se acercó a él rogándole y pidiéndole que eligiera el mismo al sucesor que había de ocupar su lugar y sus funciones de maestro, a quien después de su muerte pudiesen recurrir, como si fuera el mismo, para completar y cultivar con esmero el estudio de las enseñanzas que él les había inculcado. Había en su escuela en aquel momento muchos hombres aptos, pero destacaban dos: Teofrasto y Eudemo. Éstos aventajaban a los demás en talento y conocimientos. El primero procedía de la isla de Lesbos; Eudemo, por su parte de Rodas. Aristóteles respondió que haría lo que deseaban cuando tuvieran oportunidad de ello.

Poco tiempo después, estando presente aquellos mismos que habían pedido la designación del maestro sucesor, les comentó que el vino que a la sazón bebía no era el requerido por la salud, pues era insalubre y acido, por lo que debía buscarse un vino extranjero, por ejemplo un vino de Rodas o de Lesbos. Pidió que le procurar ambos, afirmando que consumiría el que mejor le sentara. Ellos salen, indagan, encuentran y traen tales vinos. Entonces, Aristóteles pide el de Rodas, lo prueba y dice: ¡por Heracles! es un vino consistente y agradable. Luego pide el de Lesbos, lo prueba igualmente y comenta: ambos son verdaderamente buenos, pero resulta muy dulce el de Lesbos. Nada más decir esto, todos entendieron claramente que con aquellas palabras había elegido de manera muy fina y discreta, no un vino sino su sucesor. Este era Teofrasto de Lesbos, un hombre cuya dulzura era insigne tanto por sus palabras como por su vida. Así poco después de la muerte de Aristóteles todos acataron la autoridad de Teofrasto”[48].



Salida de Atenas

A la muerte de Alejandro en el 323 a.C., en Atenas se produce una reacción anti macedónica influenciada por Demóstenes, político y gran orador ateniense que llevaba años encrespando con sus filípicas los sentimientos de los atenienses y demás griegos en contra de los macedonios y su partidarios como Hermias. A la vez el  sacerdote Euridemonte acusa a Aristóteles de impiedad por haber inmortalizado a Hermias en el himno que le compuso a su muerte. Aristóteles acabaría así pagando muy caro el estrecho vínculo que tenía con Hermias y Alejandro y “para evitar que Atenas pecara otra vez contra la filosofía[49] se traslada junto a algunos discípulos a Calcis, en la isla de Eubea.

Algunos historiadores han tachado de cobarde a Aristóteles pero quizás no tengan en cuenta las graves consecuencias que habría podido sufrir todos sus discípulos y su institución en caso de quedarse él en Atenas. Es cierto que se fue pero diría que de ninguna manera por miedo a la muerte, sino por amor a sus discípulos, quizás por querer protegerlos de muy probables represalias del pueblo ateniense. El mismo Aristóteles había escrito lo siguiente: “El hombre bueno hace muchas cosas por causas de sus amigos y de su patria, hasta morir por ello si es preciso. Estará dispuesto a abandonar riquezas y honores y en general todos los bienes por los que los hombres luchan, con tal de lograr para sí lo que es noble; preferirá gozar intensamente un poco de tiempo a mucho tiempo de goce indiferente, y vivir noblemente un año a vivir muchos de cualquier manera, y una sola acción hermosa y grande a muchas insignificantes[50]



Muerte de Aristóteles

En Calcis una afección estomacal pondría fin a su vida en el año 322 a.C. cuando tenía sesenta y tres años de edad. Según la tradición antes de morir, escribe un testamento  en el cual deja a su familia (su hija Pitias, su hijo Nicómaco y su segunda mujer Herpilis) bajo la protección de Antipáter (lugarteniente de Alejandro que de 334 a 323 a.C. gobernó desde Macedonia los asuntos de Grecia), y a Teofrasto la dirección del  Liceo. Asimismo a la hija de su primer matrimonio la entrega en nupcias a su ahijado Nicanor, hijo de su tutor Próxeno y oficial de estado mayor de Alejandro. También pide entre otras cosas que se erija en Estagira dos estatuas de piedra de tamaño natural a Zeus y Atenea Salvadores[51].

Otra versión histórica, perfectamente compatible con la anterior, se remonta a un opúsculo muy difundido en la Edad Media[52]. Este escrito nos habla de un Aristóteles rodeado de algunos discípulos, a los que poco antes de espiar, les recuerda, a la manera socrática, algunas ideas sobre la muerte: “la muerte no es sino la separación del alma del cuerpo[53], “las ciencias nobles sólo se pueden aprender por el alma cuando esta está purificada de las inmundicias del cuerpo[54] y “el filósofo se alegra en el momento de la muerte ya que sabe que se acerca a su Creador[55].

Ya había llegado la hora, el alma de un sabio iba a emprender su viaje celeste. En sus últimas palabras Aristóteles recordaría que “quien conoce la ciencia filosófica conoce la vida en este mundo y en el otro. Bienaventurada es el alma que entiende esta ciencia[56].









Gracias Aristóteles por dedicar toda tu vida a la educación y a enseñar la importancia de perseverar en la práctica de la virtud.

La virtud ética tiene que ver con los placeres y dolores, porque por causa del placer hacemos lo malo y por causa del dolor nos apartamos del bien. De ahí la necesidad de haber sido educado de cierto modo ya desde jóvenes, como dice Platón, para poder complacerse y dolerse como es debido; en esto consiste en efecto la buena educación[57].

Adquirimos las virtudes por el ejercicio previo, como es el caso de las artes…; por ejemplo nos hacemos constructores construyendo casas y citarista tocando la cítara. Así también practicando la justicia, nos hacemos justos, practicando la templanza, templados y practicando el valor, valeroso[58].





Gracias también por tu incesante amor a la sabiduría y a la verdad, este fue el honor más grande que le tributaste a tu maestro y a la historia.



El valor de aquellos que nos comunicaron la filosofía no se mide con dinero, y no puede haber honor adecuado para ellos, así que quizás baste, como cuando se trata de los dioses y de los padres, tributarle el que nos es posible[59].























BIBLIOGRAFÍA



Obras de Aristóteles

Ética a Nicómaco

Edición bilingüe: castellano y griego antiguo. Ed. Centro de estudios políticos constitucionales, Madrid, 2002.

Sobre el Alma

Ed. Gredos , Madrid, 1978.

Metafísica

Edición trilingüe: castellano, latín y griego antiguo. Ed. Gredos, Madrid, 1978.

Protréptico

Edición bilingüe: castellano y griego antiguo. Ed. Abada Editores, Madrid, 2006.

La mort d’Aristòtil o El liber de pomo

Edición bilingüe: catalán y latín. Ed. Del Mall, Barcelona, 1981.

Obras sobre Aristóteles



Aristóteles

Ed. Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2000. Werner Jäger.

¿Qué es la filosofía antigua?

Capitulo Aristóteles y su escuela. Ed. Fondo de Cultura Económica,  México D.F., 1998.  Pierre Hadot.



Obras con anécdotas de Aristóteles



Proclo o de la Felicida

Ed. Iralka, Irún, 1999. Marino de Neápolis.



Apotegmas de Sabiduría Antigua

Ed Edhasa, Barcelona, 1998. Erasmo de Rotterdam.



Vida de Alejandro Magno

Ed. Akal, Madrid, 1986. Plutarco.

Vida, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres

Ed. Teorema, Barcelona, 1985. Diogenes Laercio.

Noches áticas

Ed. Universidad de León, Salamanca, 2006. Aulo Gelio.


[1] Vida de Aristóteles, 6 – Diogenes Laercio.

[2] Amintas III fue el padre de Filipo II de Macedonia y abuelo de Alejandro Magno.

[3] Nicómaco[3] era descendiente de la familia de los Asclepíades, dinastías médicas que se decía descendente del dios de la medicina Asclepios.

[4] Según los historiadores, en el momento del ingreso de Aristóteles, Platón estaría en Siracusa acompañado de algunos de sus discípulos más cercanos como Espeusipo y Jenócrates.

[5] Protréptico, frag. 50.

[6] Protréptico, frag. 110.

[7] Protréptico, frag. 8.

[8] El papiro ha sido editado por Medea Norsa en Aegyptos y la cita se encuentra en el vol. II página 16.

[9] Discípulo de Platón que quiso propagar los ideales platónicos por Sicilia.

[10] Apotegmas de Sabiduría Antigua, frag. 593.

[11] Apotegmas de Sabiduría Antigua, frag. 567.

[12] ¿Qué es la filosofía antigua? Capítulo Aristóteles y su escuela, página 101.

[13] Noches áticas, I, libro IX, III, 6.

[14] Vida de Aristóteles, 1 - Diogenes Laercio.

[15] Aristocles fue el director del Liceo en el s.II d.C.

[16] Aristócles en Euseb., Praep. Evang., XV, 2,3 citado por Werner Jäger en Aristóteles, página 126.

[17] Apolología de Apuleyo, XXXVI, 3.

[18] Proclo o de la Felicidad, XII, 295.

[19] Commenti alla Repubblica di Platone,  XVII, 5. Ed. Bompiani, Milán, 2004.

[20] Proclo o de la Felicidad, XIII.

[21] Documento de época romana que muchos historiadores siguen clasificando sin motivo real como apócrifo. La cita es de Werner Jäger en Aristóteles, página 127.

[22] Historiador y filósofo de los s. I-II d.C.

[23] Vida de Alejandro Magno, 7.

[24] Vida de Alejandro Magno, 26.

[25] Dídimo, col. 6, 15 citado por Werner Jäger en Aristóteles, página 139.

[26] La traducción es de Werner Jäger y se encuentra en su obra Aristóteles, página 139.

[27] Aristóteles más tarde diría que Calístenes se demostró desprovisto de sentido común.

[28] Vida de Alejandro, 8.

[29] Noches áticas, libro XX, 7-8.

[30] Noches áticas, libro XX, 9.

[31] Noches áticas, libro I, 17-18.

[32] Historiador y escritor venezolano de nuestra época.

[33] Historiador y geógrafo griego que vivió entre los siglos I a.C. y I d.C.

[34] La cita es de Fernando Báez en Los escritos perdidos de Aristóteles.

[35] Hoy sólo conservamos la Constitución de los Atenienses.

[36] Ética a Nicómaco, 1102a10.

[37] Noches áticas, libro I, 17-18..

[38] Especialmente el Protréptico, la Etica a Nicómaco, la Etica a Eudemo y la Política.

[39] Ética a Nicómaco, 1100b.

[40] Sobre el Alma, 430a15-25.

[41] Sobre el Alma, 408b30

[42] Sobre el Alma, 406b-5.

[43] Metafísica, 18-20.

[44] Metafísica, 12-14.

[45] Aristóteles, página 368.

[46] De Natura Deorum, cap II, 95. La cita es de un diálogo perdido de Aristóteles intitulado Sobre la Filosofía.

[47] Este tratado era difundido en la Edad Media con el título De mirabilibus auscultationibus. Hoy la editorial Bompiani lo edita en griego antiguo e italiano.

[48] Noches áticas, libro XIII, 1-11.

[49] Con estas palabras Aristóteles se refiere a las acusaciones levantadas en precedencia contra Anaxágoras y Sócrates.

[50] Ética a Nicómaco, 1169a15-20.

[51] La traducción del testamento completo, que Diogenes Laercio dice haber encontrado él mismo, la podemos encontrar en la obra de éste o en las páginas 369-371 del libro “Aristóteles” de Werner Jäger.

[52] El título es La mort d’Aristòtil o El liber de pomo. Conservamos una versión en latín y catatán del s.XIV, que procede de una versión árabe anterior y se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Actualmente este manuscrito es considerado apócrifo.

[53] El Liber de Pomo, frag. 123-125.

[54] El Liber de Pomo, frag. 140-145.

[55] El Liber de Pomo, frag. 175-180.

[56] El Liber de Pomo, frag. 310-315.

[57] Ética a Nicómaco, 1104b10.

[58] Ética a Nicómaco, 1103a.

[59] Ética a Nicómaco, 1164b.

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