Miércoles, 01 Enero 2020 00:00

Séneca: la filosofía como terapia

Personaje multifacético, Lucio Anneo Séneca (4 a. C.-65 d. C) vivió una de las épocas más controvertidas del Imperio romano. Fue filósofo, político, abogado, escritor de prestigio ya en su época y preceptor del emperador Nerón. Es uno de los máximos exponentes del estoicismo romano.

Su filosofía es una auténtica terapia para el alma y un consuelo para los momentos difíciles de la vida.

Han pasado más de dos milenios y sus enseñanzas adquieren una tremenda actualidad por su profunda comprensión de los resortes psicológicos del ser humano.

Séneca pretendía que la filosofía realmente ayudara al ser humano a ser más feliz, a conocerse y a vivir más acorde con la naturaleza. Por eso, no consideraba filosofía lo que enseñaban otros personajes que se llamaban a sí mismos filósofos y que se dedicaban a hacer juegos de sofismas o silogismos cuya única finalidad era agudizar el ingenio. Cicerón llamaba a los sofismas «Cavillationes» o «cuestioncillas sutiles», que no sirven para la vida.

Séneca decía de su maestro Papirio Fabiano que era un «filósofo no de los de salón, como los de ahora, sino a la vieja usanza». Llama a los falsos filósofos Cathedrariiphilosophi, filósofos que enseñan desde la cátedra, no con el ejemplo de su vida (la cátedra era la silla de brazos desde donde enseñaban).

Ortega y Gasset, en su libro ¿Qué es la filosofía?, explica por qué la filosofía en nuestra época ha sido suplantada por otras ciencias que tienen la finalidad de «dominar la materia». En la segunda mitad del siglo XIX, con la Revolución Industrial, se dio especial importancia a lo utilitario en detrimento de las humanidades, pero como afirma el gran pensador español, una sociedad en la que la filosofía, la reflexión no tiene lugar, es una sociedad fácilmente manipulable.

La filosofía nos plantea preguntas fundamentales para el ser humano, como cuál es el sentido de la vida. Si carecemos de grandes preguntas, en lugar de acercarnos a una dimensión mayor de la vida, una más grande perspectiva, nos quedamos con la visión de un «paisaje mutilado».

Habría una diferencia entre sabiduría y filosofía.

La sabiduría es el logro del ansiado Bien, es la llegada a la cumbre, es poder vivir el arte de la vida, haber llegado a la meta. La filosofía, en cambio, es el amor o anhelo de la sabiduría. Busca lo que la sabiduría ya posee. El filósofo (filo, ‘amor’, y sofos, ‘sabiduría’) es el que «ama la sabiduría». A través del camino de la virtud que le lleva a la esencia de sí mismo, puede aproximarse a lo esencial de todas las cosas. Lo que el filósofo anhela, el sabio ya lo ha alcanzado.

Solo el sabio goza de verdadera salud. Los filósofos o aspirantes a la sabiduría se llaman también proficientes y son los que aspiran a la perfección, los que pretenden curarse de las enfermedades del alma.

«No es lo mismo recordar que saber. Recordar supone conservar en la memoria la enseñanza aprendida; por el contrario, saber es hacerla suya, sin depender de un modelo, ni volver en toda ocasión la mirada al maestro», nos dice Séneca.

También nos dice que la sabiduría, a diferencia de los conocimientos técnicos destinados a hacer más cómoda la vida del hombre, no alecciona nuestras manos, sino nuestras almas.

SENECA LA FILOSOFÍA COMO TERAPIA 3

La escuela estoica tuvo buena acogida en Roma. Su ideal de excelencia moral y de virtud daba seguridad interior en unos momentos de gran inestabilidad por las guerras civiles y, más tarde, por la conducta de algunos emperadores.

Séneca no se preocupa por transmitir los planteamientos clásicos de los fundadores del estoicismo como Zenón, Crisipo o Cleantes; resaltará principalmente el valor práctico de su pensamiento. A él no le importa tanto de quién son los preceptos sino que sean adecuados para el problema o la persona a la que se dirigen. «El filósofo no está para servir de archivo sapiencial, sino para administrar con prontitud y lucidez el remedio adecuado».

Vemos en Séneca al filósofo ecléctico que acoge en su pensamiento lo mejor de las diferentes corrientes filosóficas: estoicismo, cinismo, epicureísmo, neopitagorismo. Para Séneca, al igual que para Cicerón, todas estas escuelas persiguen la felicidad; lo que cambia es el método, el camino por el que cada una persigue el tan ansiado bien al que llaman Sumo Bien. Pero es en los filósofos del pórtico en los que encuentra mayor inspiración, tanto en sus obras como en su vida.

Séneca hará especial hincapié en la moral. Escribió un libro sobre filosofía moral que se ha perdido, pero en sus obras queda plasmada su enseñanza moral, especialmente en los diálogos y en sus Cartas morales a Lucilio. Séneca eleva la moral atemporal al lugar que le corresponde, una ética profunda que rebasa las costumbres propias de una época o lugar determinado, y su puesta en práctica nos acerca a lo más noble en nosotros y en la naturaleza, nos permite no depender de lo circunstancial en la vida. La práctica de esta filosofía moral nos conduce a la apatía (sin pasión o perturbación del alma), es decir a la serenidad, a la salud perpetua e integral.

Séneca no es simplemente un filósofo de preceptos para llevar una vida más feliz, sino que lo que pretende principalmente es que el ser humano sepa quién es y qué lugar ocupa en el mundo; solo entonces, cuando el ser humano quiere vivir de acuerdo con su naturaleza, surge el camino de la ética y la virtud.

«El estoicismo es amarga medicina. Séneca pertenece a esta estirpe de antiguos filósofos que nos trae el amargo despertar de la razón, que nos sacude de nuestros delirios y ensueños para “hacernos entrar en razón”, como el pueblo español dice todavía. Vemos en Séneca a un curandero de la filosofía, que sin ceñirse estrictamente a un sistema, burlándose un poco del rigor del pensamiento, nos trae el remedio» (María Zambrano).

Séneca recoge de la filosofía la función sanadora; el filósofo se convierte así en conductor de almas o psychagogos.

Si consideramos la enfermedad como una falta de armonía entre las partes de un todo, esta se puede dar no solo a nivel corporal, sino también a otros niveles, como el emocional o mental.

Si la virtud es armonía con uno mismo, con la naturaleza y con Dios, la enfermedad del alma se daría cuando algo ha ocupado el lugar que no le corresponde.

Para Séneca, la enfermedad estaría producida por las pasiones y los vicios que se han adherido tanto al alma que se han hecho crónicos, dando lugar a la enfermedad, al igual que un catarro que, si se cronifica, se puede convertir en una bronquitis. La enfermedad también sería la consecuencia de un error en los juicios o razonamientos sobre las cosas.

La filosofía a la manera clásica es un camino para vivir en armonía con la naturaleza y para lograr un desarrollo integral del ser humano. En este sentido, la filosofía es terapéutica.

Las antiguas filosofías desarrollaron una serie de prácticas que sirvieron de terapia para el alma. Los diferentes discursos constituían el remedio oportuno para restablecer la salud del alma: exhortación, reprimenda, consuelo o instrucción.

Estas filosofías, que desempeñaron un gran papel en la dirección espiritual de las almas dolientes, albergaron un gran conocimiento del «corazón humano», de sus motivaciones, conscientes e inconscientes, de sus intenciones profundas, etc.

Sus diálogos morales son un ejemplo del procedimiento usado por los filósofos estoicos y cínicos para llevar al alma a través del razonamiento, de un planteamiento erróneo y, por lo tanto, que tiende a la enfermedad, a un restablecimiento de la salud al aplicarse las directrices de la razón que llevan a salir de la ignorancia. A través del diálogo surgen las argumentaciones que llevarán, tras superar las oportunas objeciones, a exponer el remedio saludable para lograr las virtudes sanadoras.

El diálogo es el estilo literario escogido por Séneca para aportar los remedios para los males del alma. Para ello utilizará los recursos propios de la predicación popular: el empleo de términos propios de la medicina, los ejemplos extremos que espolean las conciencias, las preguntas oportunas, los ejemplos históricos o mitológicos, las citas de los sabios, etc. Al igual que las tragedias, parece que los tratados de Séneca pretenden impresionar al lector a través de lecciones más que a través de razonamientos lógicos.

Cuando leemos las obras de Séneca, vemos que continuamente hace alusiones a la curación. Él quiere saber para enseñar, para ser útil a los demás, para exhortarles, consolarles, para darles remedios curativos que son sus enseñanzas filosóficas. En sus obras, especialmente en sus Cartas morales a Lucilio, encontramos numerosos párrafos que demuestran sus conocimientos de medicina, y muchas alusiones a la terapia o curación del alma por medio de la filosofía. Y es que el contacto con las ideas de los grandes filósofos y pensadores produce una elevación de la conciencia que favorece la salud del alma.

SENECA LA FILOSOFÍA COMO TERAPIA 4

En una carta a Lucilio, Séneca, en lugar de comenzar como era de cortesía en las cartas, «Si tienes buena salud, me alegro, yo disfruto de buena salud», le dice: «Si cultivas la filosofía, me alegro, porque esto es en definitiva tener buena salud. Sin esto, el alma está enferma; hasta el cuerpo, por grandes energías que posea, no está igual de vigoroso. Por eso, cultiva primero esta salud; luego, la del cuerpo».

La terapia filosófica de Séneca pretende que confiemos la dirección del timón de nuestra alma a nuestra mejor parte, a la razón. Los juicios o razonamientos acertados sobre nosotros mismos y sobre las cosas nos conducen a la salud.

Para poder guiarse por la virtud, el hombre debe conocerse a sí mismo.

«¿Cómo hallarás lo que sea mejor para el hombre si no examinas la naturaleza de este? Llegarás a conocer tus deberes positivos y negativos cuando sepas qué es lo que debes a tu naturaleza».

Para cada cosa, lo mejor es aquello para lo que nació, y en esa conformidad se cumple su perfección (el Dharma de los hindúes). La libertad consiste en unificar la propia voluntad con la necesidad divina, en asentir al orden universal. «Es libre quien libremente obedece a lo que necesariamente sucede».

Para el estoico, solo se considera bueno lo bueno en sentido moral, las demás cosas no son verdaderamente bienes. Séneca, en sus escritos, quiere que no se confundan estas realidades con «lo Bueno», porque sería hacer depender al hombre de cosas exteriores: fama, riquezas, etc. Pero como esto no depende de nosotros mismos, por ese camino no es posible alcanzar la plenitud humana ni la felicidad. Séneca se refiere a esas realidades comoindiferentes. Eso no significa que algunas sean preferibles o comoda a otras, pero en sí mismas no son buenas ni malas, no hacen bueno o malo al que las posee. Igual de falso sería medir la estatura de los actores cuando están subidos a los coturnos en la escena que apreciar a los hombres junto con las cosas que poseen.

Para cada cosa, es bueno lo que está de acuerdo con su naturaleza, y cuando realiza el bien específico y es laudable, llega su razón de ser.

Lo que caracteriza al hombre en cuanto tal es la razón; por tanto, su bien propio es la razón perfecta o «recta razón».

Lo honestum se identifica con la razón perfecta, son buenas las acciones que provienen de la recta razón. La virtud es una disposición de regularidad armónica, implica la adhesión voluntaria a lo honestum, la rectitud en la intención.

Es entonces cuando se produce la eudaimonía (buen daimon ), que sería «estar en gracia», estar en dios. Es la verdadera felicidad, claritas. Surge cuando el hombre está en armonía con el orden universal. Dice Crisipo: «La eudaimonía llega cuando se ha hecho todo de acuerdo con el daimon [recordemos a Sócrates] que cada cual lleva dentro de sí, con la voluntad del Gobernador del Todo».

De entre las virtudes, Séneca da preferencia a la justicia; luego, a la moderación, el ahorro, la continencia, la serenidad, la tranquilidad de ánimo, la sinceridad, la elegancia, la nobleza de carácter, la clemencia y la sociabilidad.

Virtud viene del latín Virtus-utis, actividad o fuerza de las cosas para producir o causar efectos. Virtud es fuerza, vigor, valor.

El ser humano tiene cuerpo y alma. Debe cuidar y custodiar su cuerpo, como un tutor, pero no vive solo a su servicio. Hay que comportarse no como si debiéramos vivir para el cuerpo, sino como si la vida no nos fuera posible sin él.

Si lo específico del hombre es la razón, las acciones propiamente humanas serán las que tienen su origen en la parte superior del alma. La razón ennoblece al hombre, da sentido a su vida, le hace semejante a Dios; en cambio, la pasión es inmoderación, desequilibrio interior, pérdida de voluntad, y nos aleja de nuestra verdadera naturaleza.

Si «lo propio» del hombre es la razón, es ella la que ha de gobernar nuestra vida, y esa es la tarea de la ética.

«La virtud es el perfecto equilibrio y tónica de la vida, siempre en consonancia consigo, la cual no puede ser sin el conocimiento y experiencia de las cosas, por el que se conoce lo humano y lo divino» (Séneca).

Al igual que el Logos ordena la naturaleza, la razón debe ordenar toda la existencia del hombre. Eso es vivir acorde con la naturaleza, en armonía con ella.

De este vivir conforme a la naturaleza surge la ataraxia, que es la forma de vida del sabio, es una quietud que erradica del alma los elementos de discordia y falta de armonía. Si hay dolor, la razón lo privará de todo lo que sea en él superfluo e innecesario.

De la armonía con la naturaleza surge también la eutimia, la estabilidad de ánimo que Séneca traduce por tranquillitas.

Pero Séneca, si bien se pliega a los dictados de lo inexorable, no por eso deja de luchar contra lo evitable. En la tragedia Medea, encontramos esta frase: «La fortuna teme a los fuertes y acosa a los cobardes».

Herramientas para la salud en la filosofía de Séneca

Atención: Vivir cada día como si fuera el último. Tener conciencia del presente.

Meditación: Prever problemas y dificultades para encontrar soluciones.

Reflexionar: sobre las máximas o praecepta.

Rememoración: Antes de empezar el día, pensar en lo que queremos realizar y cómo. Al terminar el día, hacer un repaso de lo realizado, revisar las actitudes ante el «tribunal de la conciencia».

Revisarse: Tomar conciencia de lo que pensamos sobre las cosas, ver si podemos tener un criterio más acertado.

Conocerse para dominarse: Que nuestra mejor parte sea la que nos rija.

No añadir sufrimientos innecesarios. No atormentarnos con males que no han sucedido.

Aceptar lo que no podemos cambiar.

Acostumbrarnos a buscar el porqué de los acontecimientos. Las causas de las cosas.

Tener cada día una máxima o enseñanza de algún filósofo que nos inspire y tratar de llevarla a la práctica.

Tener una buena amistad o alguien con quien compartir nuestros sueños de crecimiento interior.

Tener criterio propio sobre las cosas, no dejarse llevar por la opinión de los demás.

Vivir como si un sabio nos estuviera observando.

 

Bibliografía

Séneca y los estoicos. Juan C. García-Borrén Moral.

Séneca y el estoicismo. Paul Viene.

Séneca o el poder de la cultura. Julio Mangas Manjares.

Séneca. Isabel M.ª León Sanz.

El ideal del sabio en Séneca. M.ª A. Fátima Martín Sánchez.

Séneca. María Zambrano.

Séneca. Diálogos. Matías López López.

Diálogos. Lucio Anneo Séneca. Carmen Codoñer.

Anales. Tácito.

Urbs Roma. José Guillén.

Suetonio. Los doce césares.

¿Qué es la filosofía? José Ortega y Gasset.

La sabiduría recobrada. La filosofía como terapia. Mónica Caballé.

Momentos estelares del mundo antiguoAño uno y los orígenes del cristianismo. Antonio Piñero.

Hadot, Pierre. ¿Qué es la filosofía antigua? Fondo de Cultura Económica. 1998. Madrid.

Publicado en Filosofía
Lunes, 01 Julio 2019 00:00

Séneca: el valor del tiempo

El tiempo es algo fundamental en nuestras vidas, pero cuando intentamos definirlo, se nos escapa como arena entre los dedos. Ya decía San Agustín que «si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si trato de explicárselo a quien me lo pregunta, no lo sé».

La complejidad del tiempo

A lo largo de la historia han existido diferentes teorías sobre el tiempo. Haciendo un rápido repaso de las mismas las podemos sintetizar en cinco formas de concebirlo.

1. El tiempo físico. Exotérico o externo, se da fuera de nosotros. Es objetivo, homogéneo y medible. Es el tiempo que marca el reloj o la duración de la rotación del eje de la Tierra.

2. El tiempo psicológico. Esotérico o interno, se da en nuestro interior. Es subjetivo y variable. Es cómo vive cada uno el tiempo de su vida según su propia experiencia.

3. El tiempo histórico. Tiene una doble posibilidad.

a. Si se considera exclusivamente como el conjunto de los hechos del pasado, no pasa de ser un tiempo exotérico en el cual estamos inmersos, pero que no podemos controlar. El tiempo es medible pero nos arrastra.

b. Si se concibe la Historia como maestra de vida, entonces podemos ser actores del mismo, al reconocer la corriente histórica y trabajar con ella. Es aquí donde se integran plenamente el tiempo individual e histórico entre sí.

4. El tiempo lineal y progresivo, muy relacionado con el tiempo físico. Un factor conduce a otro de forma irreversible. Ejemplo: el paso del tiempo o edad en el cuerpo físico. Aplicado al tiempo psicológico o interior nos da las ideas irracionales de que cada día ha de ser mejor que el anterior, cada vez hemos de hacer las cosas mejor, siempre tenemos que ser simpáticos, alegres y divertidos, etc. Estas ideas irracionales mutilan nuestra autoestima y son causa de enfermedades y depravaciones, al buscar vivirlas «a cualquier precio». Ayer lo pasé muy bien, hoy lo voy a repetir porque me lo tengo que pasar mejor.

5. El tiempo simbólico o sagrado. Es cíclico, retornando cada cosa a sus inicios al final del ciclo, pero dicho retorno tiene unas diferencias que permiten vivirlo de manera distinta. Ejemplo: todos los días sale el Sol tras el anochecer, pero nunca lo hace por el mismo sitio. Es la base de la teoría cíclica. En lo psicológico, enseña que cada día es diferente y no ha de ser forzosamente ni superior ni igual a otro, siendo una gran oportunidad: ayer lo pasé muy bien, hoy puedo disfrutar también haciendo otras cosas distintas de las de ayer.

Así tenemos una rápida visión de la complejidad del tiempo. Frente a todo este panorama no pretendemos definir el tiempo, sino el valor que tiene para el ser humano, que es nuestro objeto de hoy.

Séneca ante el valor del tiempo

SÉNECA o el valor del Tiempo 2

«Lo importantes no es el tiempo que vivas, sino cómo lo has vivido».

«Morir más pronto o más tarde no es la cuestión; morir bien o mal, esa es la cuestión; pero morir bien supone evitar el riesgo de morir mal».

«Tómate un poco de tiempo para ti».

Insiste el filósofo cordobés en que lo importante no es la cantidad de tiempo que se vive sino su «calidad» filosófica.

¿En qué consiste la calidad filosófica de la vida?

«No es un bien el vivir, sino el vivir con rectitud».

«Siempre que quieras saber lo que has de rehuir o buscar, toma en consideración el sumo bien, objetivo de toda tu vida. Con él se debe armonizar cuanto hagamos: solo puede resolver los casos particulares quien ha planteado su vida con una visión global».

«El sumo bien es la honestidad. Este es el único y supremo bien, todos los demás bienes son falsos y bastardos».

Para Séneca la virtud es rectitud u honestidad. ¿Cómo se alcanza la honestidad?

«Si te convences de esto y te enamoras de la virtud –porque amarla es poco–, todo cuanto ella consiga será para ti venturoso y feliz, cualquiera que sea el juicio de los otros».

«Ten esto claro: ningún bien existe que no sea honesto, y todas las contrariedades son también bienes por derecho propio si son enfrentadas con ánimo virtuoso».

«El bien no existe sin la honestidad, y la honestidad es la misma en todos lo bienes».

«El único bien es la virtud, ningún bien existe separado de ella; la propia virtud se encuentra situada en la razón, que es la parte más noble de nuestro ser. ¿En qué consiste esta virtud? En un juicio verdadero y estable: de él procederá el impulso de la voluntad, él conferirá claridad a toda idea que motive dicho impulso».

«La virtud es el bien supremo donde se asienta nuestra voluntad. La virtud no tiene necesidad alguna porque disfruta de lo que tiene a mano y no codicia lo que le falta. Nada le parece escaso si le es suficiente».

El filósofo estoico nos indica que lo primero es poder llegar uno mismo a esta convicción a través de la reflexión; después hay que vivir las convicciones. La convicción, basada en la razón, nos ha de llevar a la virtud u honestidad: «un juicio verdadero y estable». Un juicio, fruto de nuestra reflexión y experiencia, que nos permita elaborar en torno a él todo nuestro proyecto de vida como seres humanos, sin ser afectado por las modas, las corrientes de opinión de los demás ni las circunstancias adversas. Como dicho juicio –virtud– siempre es el mismo, esto nos permite ser siempre nosotros mismos y extraer lo mejor de todo lo que nos rodea y suceda.

SÉNECA o el valor del Tiempo 1

¿Qué es lo que provoca la infelicidad y que nos apartemos de la virtud?

«El único camino del que se dirige a un lugar seguro (armónico, sin fluctuaciones) es menospreciar los bienes ajenos y contentarse con la honestidad».

«Nadie arma pelea a uno que se retira, nadie golpea al que se va; es el afán de recompensa lo que provoca las peleas y enfrentamientos».

«Sin recompensa no hay pendencia».

«Si no somos virtuosos, nos pasamos la vida quejándonos porque son innumerables las molestias que le suceden al hombre a lo largo de su vida, y todos los bienes que hemos recibido de la Providencia son efímeros y reducidos si los comparamos con la duración del mundo entero».

«Semejante queja nos lleva a hacernos intérpretes desagradecidos de los dones divinos. Nos quejamos de no conseguirlos siempre, o de conseguirlos en número escaso, inseguros y perecederos. De ahí surge que no queramos ni vivir ni morir: nos domina el odio a la vida y el miedo a la muerte. Toda decisión nuestra es fluctuante y no puede saciarnos felicidad alguna».

«Son auténticos aquellos bienes que la razón otorga, consistentes y perpetuos, que no pueden perderse, ni siquiera decrecer y reducirse. Los demás son bienes de nuestra imaginación; tienen, es cierto, la misma denominación que los verdaderos, pero carecen del marchamo del bien; habría que llamarlos, por tanto, “comodidades”. Con todo, sepamos que son de nuestra propiedad, no partes de nuestro ser; que pueden estar junto a nosotros, pero sin que olvidemos que están fuera de nosotros. Aun cuando se hallen junto a nosotros, deben contarse entre las pertenencias accesorias, de baja calidad, de las que nadie deberá enorgullecerse».

Séneca señala las pasiones y el afán de recompensa como los dos grandes ladrones del tiempo. Y el tercer ladrón es la dilación.

¿Cómo afecta lo anterior a nuestro tiempo?

«No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho».

«Nadie se pertenece a sí mismo, cada cual se consume por otro…; nadie es dueño de sí mismo».

«¿Por qué perdéis tanto tiempo? Porque vivís como si tuvierais que vivir siempre; nunca pensáis en vuestra fragilidad; no medís el tiempo que ya ha transcurrido; lo perdéis como si tuvierais un repuesto enorme y abundante… Teméis todas las cosas como mortales, y todas las deseáis como inmortales».

«El hombre agobiado de quehaceres se ocupa de todo menos de vivir. Y eso que la ciencia del vivir es la más difícil».

«Es muy corta la vida de los muy atareados».

«No has de decir que fulano vivió mucho porque tiene canas o arrugas; no vivió mucho, sino que duró mucho».

«El tiempo es la cosa más preciosa del mundo».

«La dilación es la quiebra máxima de la vida».

«Todo lo que está por venir se asienta en terreno inseguro: ¡vive desde ahora!».

Pasado, presente y futuro

«En tres épocas se divide la vida: la que fue, la que es y la que será; de estas tres, la que vivimos es breve, la venidera es dudosa y la que hemos vivido es cierta a irrevocable».

«Solo el que siempre actuó bajo la censura de su propia conciencia puede mirar al pasado sin arrepentirse de nada».

«El pasado es la parte de nuestro tiempo sagrada e irrenunciable, exenta de todas las eventualidades humanas, sustraída al imperio de la fortuna, imperturbable a los ataques de la pobreza, del miedo y de las enfermedades (…). Su posesión es perpetua y limpia de toda zozobra… Todos los días del tiempo pasado, cuando se lo mandéis, acudirán a vuestra llamada, y dócilmente se presentarán a vuestro examen, y en él se detendrán todo el tiempo que quisierais; pero esto no lo pueden disfrutar los que se pasan la vida absortos en tonterías y minucias».

«Es propiedad del alma segura discurrir por todos los tiempos de la vida; el espíritu de los atolondrados, de los ocupados (en adquirir recompensas) (…) su vida se va vaciando en un agujero, y así como por más líquido que se vierta en nada aprovecha si debajo no hay un recipiente que lo recoja y conserve, así también nada importa el caudal del tiempo que se te dé si no hay dónde se deposite: se escurre a través del las grietas del alma no trabajada».

«Para el filósofo (el alma trabajada en la honestidad) los siglos le están sumisos como un dios. ¿Un tiempo ya fue pasado? Él, por el recuerdo, lo actualiza. ¿Es presente? Lo utiliza. ¿Es futuro? Él lo anticipa. Larga hace su vida la fusión de los tiempos todos».

Solo quien vive honestamente como ser humano puede hacer de su vida un proyecto global que conecte armónicamente el pasado con el presente y el futuro. Dicha conexión es lo que hace que nuestra vida pueda ser «larga» y no «corta». Pero quien carece de honestidad solo vive el presente y no puede mirar el pasado sin dolor, siendo el futuro algo a temer; para él, apegado al efímero presente, la vida siempre es corta y dolorosa por lo fugaz e incierto de la fortuna.

«Como una obra teatral, así es la vida: importa no el tiempo sino el acierto con el que se ha representado. No atañe a la cuestión el lugar en que termines. Termina donde te plazca, tan solo prepara un buen final».

 

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Domingo, 01 Abril 2018 00:00

Citas célebres

La naturaleza nos ha dado las semillas del conocimiento, no el conocimiento mismo.
Séneca
 
Los hombres creen gustosamente aquello que se acomoda a sus deseos.
Julio César
 
Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar.
Hipatia
 
El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele.
Marco Aurelio
 
No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla.
Cicerón
 
La recompensa de una buena acción está en haberla hecho.
Séneca
 
Para saber hablar es preciso saber escuchar.
Plutarco
 
La verdad no cambia por que sea o no sea creída por la mayoría de las personas.
Hipatia
 
Cuando estés en Roma, compórtate como los romanos.
San Agustín

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