Martes, 01 Diciembre 2020 00:00

Estoicismo y vida natural hoy

La filosofía estoica está en alza en los últimos años. Es frecuente encontrar títulos que hablan de cómo ser un estoico en la actualidad, o tratan de la aplicación de las ideas de pensadores como Crisipo, Epicteto, Séneca o Marco Aurelio para afrontar los problemas de nuestro extraño mundo; incluso hay congresos anuales, como la Stoic Week de Éxeter (Reino Unido), en los que se evalúan los beneficios psicológicos de esta filosofía.

Esta actualidad y moda de una filosofía que surgió hace más de veintitrés siglos constituye un fenómeno singular en la historia de la filosofía contemporánea y pone de manifiesto la característica primordial de los autores considerados como «clásicos», esto es, su actualidad permanente, porque proporcionan claves para comprender la esencia del individuo y la sociedad que siguen siendo vigentes.

La filosofía estoica tuvo un desarrollo de más de medio milenio, con varias etapas a caballo entre el helenismo griego y el Bajo Imperio romano, y, en todo este tiempo, el objetivo de su pensamiento fue conseguir respuestas acerca de cómo debería comportarse el individuo para alcanzar el bien al que todo ser humano aspira, la felicidad. Es por ello por lo que esta filosofía es muy poco especulativa y sí tremendamente práctica, considerada, por tanto, como una filosofía moral, es decir, relativa a las costumbres que deberían adoptarse para obtener un fin determinado. Este es uno de los motivos de que los estoicos estén de moda: son muy prácticos y persiguen el mismo fin que cualquier persona actual, ser felices.

La filosofía estoica se basa en una concepción de la naturaleza totalmente en línea con lo que se sabe hoy del cosmos, y dentro de la Tierra, de los diferentes ecosistemas que constituyen la biosfera, esto es, que todo se encuentra estrechamente relacionado entre sí y basado en los mismos principios universales. Todo se organiza sobre la base de lo que hoy conocemos como sistemas complejos, vinculados entre sí como un conjunto de Matrioska o «muñecas rusas» y constituidos por elementos también asociados entre ellos mismos y cuya variación condiciona la situación del sistema. En otras palabras, el destino del ser humano depende de sus propias decisiones, pero también estas decisiones influyen en la naturaleza a todos los niveles.

En la denominación estoica, los principios universales que se encuentran en todo el cosmos se identifican con la idea de la divinidad, dando lugar a un panteísmo («Dios y el cosmos son una misma cosa») que, cuando se expresa plenamente, proporciona equilibrio y armonía. Es decir, cuando estos principios universales se desarrollan en un ser, dan lugar al equilibrio y la armonía, de ese ser consigo mismo y con el resto de la naturaleza.

Dicho de otra manera, fieles a la tradición socrática de la que son herederos, los estoicos buscan la forma de alcanzar un tipo de felicidad entendida como el Bien último o eudaimonia. Este Bien no debe ser perecedero ni particular, sino atemporal y universal y se sitúa en la práctica de la virtud, porque las posesiones materiales, la satisfacción de los apetitos o la huida del dolor son circunstancias temporales. Solo la virtud permanece y proporciona la eudaimonia.

Al no depender de factores temporales ni materiales, hablamos de una felicidad al alcance de cualquier ser humano. Y el camino para alcanzar la virtud consiste en conducirse según la propia naturaleza humana, es decir, según la razón y en función del bien común. Somos «animales racionales» y «animales políticos», en palabras de Aristóteles. Para los clásicos, virtud y razón no deben interpretarse con relación a un código ético particular, sino en un sentido más amplio, referidos a la excelencia humana y el discernimiento respectivamente.

En definitiva, la vida natural, para la filosofía estoica, busca alcanzar la armonía con el resto de la naturaleza, que se puede traducir como esa felicidad plena o eudaimonia, y que consiste en vivir de acuerdo con la propia naturaleza humana, que pondría de manifiesto las virtudes, es decir, los principios universales en la dimensión del alma. La mayor parte de la filosofía moral estoica proporciona el modo de conducirse en la vida cotidiana para conseguir ese objetivo de vivir conforme a la naturaleza humana.

La actualidad de esta doctrina es muy relevante, con un doble aspecto. Por un lado, sigue siendo el objetivo de todo ser humano el alcanzar la felicidad, y el camino diseñado por los estoicos está al alcance de cualquiera, independientemente de las circunstancias personales, porque no se basa en la posesión material, sino en el desarrollo de realidades interiores. Y, por otro lado, en este proceso tiene especial importancia restar relevancia y rechazar todo lo que no depende de cada uno, con lo cual se niega como vía para alcanzar la felicidad la posesión material, que, en último extremo, está condicionada por factores que no controlamos nosotros. Este último aspecto tiene una repercusión trascendental en la actual situación de inminente colapso ambiental, lo cual requiere de una explicación un poco más detallada.

Nuestro tiempo

La ciencia está describiendo casi en tiempo real el proceso de colapso ambiental al que se dirige la humanidad debido a procesos muy complejos de transformación de las características de la biosfera a escala planetaria: calentamiento global, extinción masiva de especies, contaminaciones extendidas, etc.

Simplificando mucho, una de las raíces de estos problemas estriba en un sistema que ha desarrollado un consumismo exacerbado como modelo de vida, lo que, unido a una pérdida de valores morales, ha llevado a una extracción compulsiva de recursos naturales con la consiguiente emisión de contaminantes de todo tipo y destrucción de ecosistemas, además de desarrollar un modelo social esencialmente injusto, basado en la posesión material.

Todo lo que la ciencia ha ido descubriendo acerca del funcionamiento de estos procesos y, por tanto, cómo deberían ser para reducir sensiblemente los impactos ambientales, choca frontalmente a nivel social con las características del sistema, que prima el beneficio económico sobre el resto de circunstancias, y a nivel individual, con la manera de buscar la felicidad, basada en el consumismo y la posesión.

Por lo tanto, el estoicismo y su fórmula de búsqueda de la felicidad y su modo de vida natural proporcionan una alternativa muy útil a este callejón sin salida al que parece haber llegado nuestra civilización.

En primer lugar, encontrar la felicidad en nuestra vida interior desincentiva el consumo desorbitado como camino para alcanzar esa dicha a la que todos aspiramos.

Y en segundo lugar, describe la naturaleza humana de tal manera que redefine cuál sería el lugar natural del ser humano en la propia biosfera.

El lugar natural, desde el punto de vista de la ecología evolutiva, define el nicho ecológico en el que una especie puede vivir en un equilibrio dinámico con el resto de especies del ecosistema. Este lugar natural está determinado por las características que hacen de una especie que sea única, y por tanto, no es incompatible con otras especies cercanas.

En el ser humano, el lugar natural al que nos ha llevado nuestra propia evolución no es un lugar concreto en la red ecológica de los ecosistemas, sino el determinado por las características que hacen de nosotros una especie única, las cuales son esencialmente capacidades interiores promovidas por la cultura y la educación. Cuando una persona cualquiera vive con pleno desarrollo de sus capacidades interiores, como la sensibilidad, la capacidad de comunicación, el discernimiento, la imaginación creadora o el marco ético de toma de decisiones, por mencionar unas pocas, necesita menos recursos externos para alcanzar una felicidad que será más duradera al ser menos temporal. En otras palabras, se vive una vida más plena con menos impacto.

Por tanto, cualquier filosofía como la estoica, que señala la manera de desarrollar las capacidades interiores, es una alternativa imprescindible para nuestro modelo de vida insostenible.

Yendo un paso más allá, hay científicos e intelectuales que señalan que el colapso de nuestra civilización es ya inevitable, por razones ambientales, sociales y económicas. Hay toda una rama del conocimiento, denominada colapsología, que investiga estos escenarios futuros, en los cuales también serían muy útiles las enseñanzas estoicas acerca de cómo alcanzar la eudaimonia viviendo según nuestra propia naturaleza.

Y tiene todo el sentido, porque si nos viésemos abocados a vivir en un escenario de incertidumbre y dificultad, tal y como sería un escenario de colapso, recurrir a todas nuestras capacidades interiores (tal cual promueven los estoicos y otras filosofías similares), características de nuestra naturaleza humana, sería volver a esgrimir las herramientas evolutivas que nos han hecho triunfar como especie. No fue nuestro instituto animal lo que nos sirvió para sobrevivir con éxito, sino nuestras capacidades humanas.

Publicado en Filosofía

Alberto Monterroso Peña (1965) es doctor en Filología Latina y ejerce actualmente como profesor de Latín y Griego en el IES Blas Infante de Córdoba. Publicó su tesis doctoral sobre la vida y obra de Séneca el Viejo. Siempre dispuesto a colaborar en la difusión de la cultura clásica, participó en la dirección académica del I y II Congreso Internacional sobre Marco Aurelio, es autor de El emperador impasible, La Córdoba de Claudio Marcelo, Diez mujeres en la vida de Séneca, Relatos romanos, Lo que de verdad importa de la Córdoba romana y Séneca, la sabiduría del Imperio, un retrato histórico, político y filosófico de Lucio Anneo Séneca.

Hablar de Séneca es hablar del estoicismo. ¿Qué aporta Séneca a esta corriente filosófica que ya era conocida por personajes como Zenon de Citio o Catón?

Séneca es el gran pensador del estoicismo romano. Tres siglos antes había nacido esta filosofía en Grecia, pero es Séneca quien la traslada a Roma y la adapta mejor que ninguno de sus predecesores al espíritu romano y al Imperio. El estoicismo ya era, en tiempos de la República, la gran ideología de Roma, en el terreno intelectual, moral y político. Pero es Séneca quien la lleva a la cumbre, quien la adapta al Imperio, quien la dota de una fuerza y de una cercanía que no había tenido nunca desde su fundación.

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¿Séneca descubre el estoicismo en Roma o esa actitud ante la vida ya está presente en su Corduba natal?

Séneca es un hombre de gran inquietud intelectual que, desde su juventud, entró en contacto con todas las filosofías de su tiempo. Las entendió y practicó. Conoció perfectamente a los presocráticos, a Platón y Aristóteles. Fue pitagórico, simpatizó con algunos postulados de Epicuro y eligió al final el estoicismo como forma de vida. Es la suya una filosofía ecléctica, en cuanto que nutre al estoicismo de todo aquello que es útil y proviene de otras filosofías; por eso sus contemporáneos lo calificaban como filósofo sui géneris. Pero el estoicismo lo conoce Séneca como la gran ideología de su tiempo, como la corriente más potente de su época y como la más decididamente política.

Séneca nace en el seno de una familia ecuestre republicana donde el estoicismo es dominante. Su padre era un gran estoico. La Córdoba en la que nace es estoica, como lo es la propia Roma y todo el Imperio. Pero Séneca conseguirá traer al estoicismo de las regiones etéreas del pensamiento para hacerlo carne, hacerlo realidad, convertirlo en la ideología que puede levantar un Imperio, ofrecerlo como un mundo de ética y política para el buen gobierno, y lo que es más importante consigue acercarlo al ser humano y convencerlo de que puede alcanzar la felicidad personal. Séneca no solo ofreció un modelo de convivencia y política al Imperio. Con sus ideas enseñó a vivir a sus contemporáneos y nos puede seguir enseñando a vivir a las generaciones posteriores: a nosotros y a los hombres del futuro.

¿Se encuentran ideas del estoicismo en la obra de Séneca el Viejo?

Muchas. La figura de su padre, Séneca el Viejo, fue imprescindible para la formación y maduración intelectual de Séneca el filósofo. Muchas citas que aparecen en la obra del gran filósofo cordobés están tomadas del libro que escribió su padre, Controversias y suasorias. La influencia de la familia, del entorno cultural y político de la gens, del carácter de aquella Córdoba, colonia patricia, en que nació, son determinantes para la formación estoica de Séneca. Lo que ocurre es que Séneca va más allá. No se limita a profesar una filosofía que era la más común de Roma en aquellos tiempos, sino que sabe aplicarla a la vida real y al mundo de la política. Sabe enseñarla a través de sus obras, de sus cartas, de sus tragedias, para mostrar al mundo una forma de comportarse y para enseñar al ser humano a conducirse por la vida. Séneca el Viejo era un gran pensador estoico, pero el hijo conseguirá asimilar todo ese conocimiento y el de los grandes profesores y pensadores que conoció y leyó, para auparse sobre hombros de gigantes y llevar al estoicismo a la cumbre de la intelectualidad de su tiempo, convirtiéndolo así en una corriente de pensamiento humana y social que ha tenido una enorme influencia en los siglos posteriores hasta hoy día.

¿Es el estoicismo una actitud conformista ante lo que nos depara la vida sin pretender cambiarla o mejorarla?

En absoluto. El estoicismo es una filosofía de lucha y esfuerzo por la superación, por la construcción de nuestra propia personalidad, por conquistar la sabiduría y la felicidad. Es un pensamiento que requiere esfuerzo, pero que no se deja engañar. Aceptar lo inevitable no significa conformismo. El estoico conoce sus límites. Sabe que hay asuntos que se escapan a nuestro poder, es consciente de la fragilidad humana y no pide imposibles. Pero, conocidos nuestros límites, pone todo su esfuerzo en cambiar la realidad, en dar la mejor respuesta ante la adversidad, en fomentar la paciencia y las virtudes, en encajar con valentía nuestras derrotas y tener la suficiente inteligencia como para convertirlas en victorias o, al menos, minimizarlas. Es una filosofía muy potente para tiempos de crisis, sociales y personales.

¿Tuvieron preceptores o maestros estoicos los emperadores hispanos Trajano o Adriano?

Seguramente sí, porque los pensadores más importantes de la época son estoicos y epicúreos. Pero, en el terreno de la política, el estoicismo es la corriente idónea, porque los epicúreos no se interesaban por la política. El pensamiento de Trajano y Adriano, como el de sus sucesores Antonino Pío y Marco Aurelio, es el estoicismo. Esta es una filosofía y una política que adoptaron todos los emperadores del siglo II excepto el último, Cómodo, que prefirió el camino de la tiranía. En realidad, el estoicismo en política se opone a la tiranía, los dos modos de gobierno que imperaron en Roma tras Augusto y que hizo distinguir a los historiadores entre buenos y malos emperadores.

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¿Ha sobrevivido el estoicismo al paso del tiempo bajo nuevas formas?

Sí. El estoicismo está vigente aún hoy en nuestros días. Sobrevivió a la caída de Roma a través del cristianismo, que se empapó de él y lo adoptó como fuente teórica doctrinal de toda su moral. El cristianismo favoreció que se conservaran las obras de Séneca y otros estoicos porque asimilaron completamente su pensamiento, adaptándolo a su teología y sus dogmas. Pero podemos decir que el estoicismo pervivió en el cristianismo y continuó su andadura más allá. Es la ideología de los grandes pensadores del Renacimiento y la Edad Moderna. Inspiró a Montaigne o Descartes. Fue el arsenal ideológico de los intelectuales de la Revolución francesa. Ha seguido influyendo como corriente de pensamiento hasta nuestros días, en que la moderna psicología cognitiva lo ha puesto de moda en pleno siglo XXI.

¿Qué aportó el estoicismo al cristianismo emergente?

Le dotó de todo el arsenal ideológico, moral y filosófico que constituyó la nueva religión. No solo por la fuerza de este pensamiento. Hay que pensar que el cristianismo nace dentro del mundo romano y que el estoicismo es la gran ideología de la época. Pablo de Tarso es un hombre de formación estoica, nacido en una ciudad de gran trayectoria estoica. El estoicismo es el modo de pensar de aquellos tiempos y los padres de la Iglesia estaban imbuidos de él.

¿Fue el estoicismo el soporte ideológico de Roma?

Sí. De una parte de Roma. A nivel personal, en la forma de vivir la vida de cada cual, el estoicismo es una corriente como pueden ser otras, epicureísmo, eclecticismo, etc. Pero en el terreno político, la importancia del estoicismo es extrema. Ya los principales políticos de la República romana eran estoicos, como Catón. Pero desde que Séneca escribe libros sobre política e Imperio, como De Clementia, el estoicismo se convierte en la ideología política dominante, algo que luego Herodiano llamará «ideología antonina», que no es otra cosa que el estoicismo aplicado a la política tal como lo entendieron los grandes emperadores del siglo II. Los opuestos a este modo de ver el gobierno serán los tiranos, los autócratas como Nerón, Domiciano o Cómodo. Dirigir el Imperio con respeto a la ley y al Senado, tal como propugna el estoicismo, o gobernar desde el despotismo será lo que marque la diferencia entre buenos y malos emperadores, dos formas diferentes de hacer política según se adopte o no la ideología estoica.

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¿Es el emperador Marco Aurelio el culmen de la política, basada en el estoicismo, que Séneca no pudo poner en práctica?

En efecto, Séneca no pudo educar a Nerón. No consiguió plasmar sus ideas estoicas en la política porque no era él el emperador, no ostentaba el poder sino que vivía en torno al poder. Eso frustró las intenciones de Séneca, que tuvo que abandonar la corte y fue condenado a muerte por el tirano. Pero un siglo después, Marco Aurelio, emperador y filósofo, sí podrá poner en práctica las ideas estoicas, las de Séneca y las generales de esta corriente de pensamiento. Y entonces, por primera vez en la historia, el mundo verá cumplido el sueño de Platón, un filósofo en el poder. El gobierno de Marco Aurelio, a pesar de estar acosado por gravísimos males como las guerras y la peste, fue uno de los mejores. Marco Aurelio está considerado el mejor gobernante de la historia. La suya fue una época en que ética y política caminaron de la mano. De él dirá el historiador británico Edward Gibbon que aquella fue probablemente la época más feliz de la historia de la humanidad. Sin duda, el estoicismo tuvo mucho que ver en ello.

Publicado en Entrevistas
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