Los animales nos rodean y forman parte de nuestras vidas. O tal vez nosotros formemos, para bien o para mal, parte de las suyas. Los domésticos nos asombran muchas veces con cualidades que nos hacen añorar nuestra parte humana más luminosa. Los salvajes, en este mundo tecnológico que nos ofrece el privilegio de observarlos y conocerlos desde la seguridad de nuestras casas, parecen reclamar el lugar que les pertenece en nuestro planeta común.

«(…) Fue luego a ver a su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit (todo era piel y huesos), le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro Magno ni Babieca del Cid, con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría, porque —según se decía él a sí mismo— no era razón que caballo de caballero tan famoso y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido (…) y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante» [1] .

Quizá sea este uno de los pasajes más bellos de la extraordinaria y misteriosa obra de Cervantes. En él vemos a Alonso Quijano, ese extraño soñador poseído por una especie de divina locura, reconocer y dar derecho a un caballo, convirtiéndolo en su compañero de vida y aventuras. Rocinante no será un objeto, sino un ser sensible que tendrá identidad como tal.

Hagamos una breve reflexión: en este planeta que llamamos Tierra cohabitan millones de formas de vida y las clasificamos en cuatro grupos:

  • Minerales. Tienen forma y materia. Son casi inertes.

· Vegetales. Tienen forma y materia, pero nacen, crecen, se reproducen y mueren. Pueden hacerlo hacia el cielo o hacia la tierra. Su crecimiento es vertical. Decimos que tienen energía vital.

· Animales. Tienen forma y materia, nacen, crecen, se reproducen y mueren, es decir, tienen energía vital, pero además pueden desplazarse sobre la superficie y poseen instintos, sensaciones y emociones, y a estos aspectos los denominamos psique.

· Humanos. Además de los indicadores de las otras formas de vida, es decir, forma y materia, energía vital y psique, tienen mente, lo que a todo lo anterior le añade capacidad de decisión, razonamiento, lógica y responsabilidad. Caminan libremente, de forma vertical, apoyados solamente en sus pies de forma permanente.

Si el planeta es la casa de todos ellos, ¿cómo debería ser la convivencia y organización de vida entre esos cuatro mundos, manifestación, todos ellos, del gran Espíritu Universal?

Dejemos que la lógica y el sentido común de nuestros lectores respondan a esa pregunta.

Lo cierto es que hay una interacción permanente que nos demuestra que todos estamos vinculados, y la vida de todos depende de todos bajo las leyes de la naturaleza, a la que consideramos la madre de toda manifestación.

Pero nuestro artículo va dirigido a reflexionar sobre una interacción muy especial, la de animales y humanos.

En la Declaración Universal de Derechos de los Animales, art. 3 y que la ONU aprobó en octubre de 1978, se dice: «Ningún animal será sometido a malos tratos ni actos de crueldad. Si es necesaria la muerte de un animal, esta debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia». El concepto de maltrato animal abarca, pues, todas aquellas acciones de violencia infligidas por el hombre a otros animales con ensañamiento y «de manera injustificada».

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«Dicen por ahí» que la forma en que una sociedad trata a sus animales es el indicador de su grado de progreso y evolución.

Y recientemente, el director general de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha declarado: «No podemos proteger y promover la salud humana sin prestar atención a la salud de los animales y a la salud de nuestro medioambiente»,

aunque hemos de reconocer que lo que prevalecerá será cómo cada país interpre estas leyes.

El debate está servido: los animales no son cosas, son seres sensibles y, por lo tanto, sienten dolor, frío, calor, hambre, alegría, tristeza… pero no como humanos, sino como animales, y con esto quiero decir que una de nuestras actitudes y juicios es contemplar la naturaleza y el cosmos desde nuestra medida humana, lo que es un acto de injusticia. Recordemos la frase platónica: «Justicia es dar a cada ser lo que es propio (necesita) de acuerdo a su naturaleza».

Pero dejemos las leyes y normativas sobre los animales, que no son para este artículo y continuemos centrándonos en lo que aportan en el desarrollo psicosocial de las personas.

En el trabajo

Han ayudado y continúan ayudando en

  • La agricultura.
  • El transporte.
  • El pastoreo.

· Proporcionándonos alimento (muchas veces a costa del sacrificio de sus propios hijos).

· Emergencias: búsqueda de supervivientes en terremotos, inundaciones, etc., búsqueda de personas desaparecidas.

· Apoyo a la policía y a las Fuerzas Armadas. En la búsqueda de droga, sustancias prohibidas o en los conflictos bélicos.

· En la sanidad y el bienestar: perros como guías de ciegos, en la tutela de determinadas enfermedades como sordera, epilepsia, diabetes, autismo, parálisis, etc.

· Como apoyo en educación emocional en cárceles, centros de reeducación o en centros sociales.

En la compañía cotidiana

Desde tiempos inmemoriales ha existido un fuerte vínculo entre animales y humanos; en especial, determinadas especies cuyo destino pareció establecerse en proximidad con el de los seres humanos, a los que llamamos «domésticos».

Ya hemos detallado las ayudas que nos proporcionan, pero vamos a centrarnos en una relación muy especial, en la convivencia con un animal y su aportación en nuestro desarrollo psicológico, intelectual y, más importante, en nuestro conocimiento de la naturaleza y sus leyes.

No hace falta enumerar los infinitos estudios realizados sobre los beneficios de esta relación. En lo que todos los científicos están de acuerdo es que la convivencia con un animal está directamente relacionada con la producción de endorfinas. Es decir, alivian el estrés, ayudan a superar la tristeza y la melancolía, el sentimiento de soledad… al mismo tiempo que, en el caso de algunas de estas mascotas, nos facilitan la sociabilidad, al relacionarnos con otros propietarios de animales, y también nos obligan a una mayor actividad, en el caso de perros o caballos. Resumiendo, nos proporcionan elementos que relacionamos directamente con una mayor sensación de felicidad.

Y no olvidemos que están directamente relacionados con una mayor conciencia de nuestra responsabilidad. La relación es de doble dirección. Ellos nos dan lo mejor de sí mismos y nosotros debemos darles lo que ellos, de acuerdo a su naturaleza, necesitan.

Esto cobra especial importancia cuando hay niños que crecen cerca de animales, lo que ofrece un extraordinario elemento para educarlos en el conocimiento de la naturaleza y sus formas de vida, así como en el respeto y responsabilidad hacia todas ellas.

La naturaleza es justa, y en esta convivencia global de todas las especies observamos que la vida y la muerte son las dos caras de la existencia. Percibimos a una como buena y a otra como mala simplemente centrándonos en lo aparente. Lo visible es lo bueno (vida), lo invisible es malo (muerte), pero no es así para la Madre Naturaleza, de tal forma que todos los reinos están controlados en sí mismos y unos y otros se sirven de alimento al mismo tiempo que evitan el desequilibrio de la vida manifestada. Así, se dice que toda especie tiene su depredador, pero también tiene los recursos para defenderse, manifestándose así, por contrapartida, un equilibrio natural.

Solamente el ser humano tiene la capacidad de reconocer y aceptar las leyes de la naturaleza o actuar fuera de su orden. Se justifica en algunos antiguos tratados religiosos, que dicen que dominaría la Tierra y todas sus formas de vida. Pero dominar no significa destruir. Decimos como alabanza de alguien que domina un arte, un conocimiento o una disciplina. Solamente le damos un connotación negativa cuando nos referimos a producir humillación o sometimiento sin tener en cuenta ni respetar a la parte que decimos dominada.

Según esto, dominar la Tierra y sus criaturas debería ser conocerla, respetarla y tratarla de la manera que ella necesita, al mismo tiempo que ella nos proporciona sus bienes, de la misma forma que el pianista que domina su arte cuida el piano, practica, se esfuerza y este le ayudará a producir la magia de la música.

Quiero hacer un rápido análisis de determinadas respuestas humanas hacia los animales.

Se calcula que un 70% de perros en el mundo viven abandonados. Para un animal doméstico, esto representa la mayor tragedia de su vida porque está condicionado a vivir con y para los seres humanos. La desorientación, la tristeza, el hambre y las enfermedades serán su vivir cotidiano, así como padecer la crueldad de aquellos seres humanos que disfrutarán torturándolo.

Más de cien mil perros y gatos son abandonados en España todos los años, por no citar otras especies, como tortugas, conejos o reptiles. Existe un ciclo de tiempo: se regalan en las fiestas navideñas como objetos y se abandonan en verano cuando comienzan las vacaciones. Y muchas veces ese abandono se realiza en condiciones de extrema crueldad, como atándole las patas, pegándole el hocico con cinta adhesiva, etc.

Para no ser reiterativa no citaré el caso de los perros de caza, podencos y galgos, que son objeto de especial crueldad cuando dejan de servir a los cazadores, ya que las protectoras de animales lo denuncian constantemente.

En lo individual, podríamos hablar del maltrato explícito hacia un animal en los casos en que hay una intención deliberada de causar sufrimiento y dolor por parte de una persona, con la correspondiente carga de terror que lleva consigo. Numerosas investigaciones demuestran que esta conducta suele comenzar antes de la pubertad y determinará en el futuro patologías psicológicas y sociales en esa persona. Ese placer en la crueldad proseguirá hasta conductas sociopáticas y psicopáticas, con ausencia total de empatía y peligrosidad social.

Existe también el maltrato implícito, que no es evidente, cuando no se proporciona al animal lo que necesita, alimentación e higiene adecuada, cuidado de su salud y atención a sus necesidades instintivas y emocionales, proporcionándole educación y desarrollando su potencial.

¿Y en lo social?

Especial análisis merecería este apartado.

En un lugar de este mundo de cuyo nombre no quiero acordarme, se celebra una fiesta en la que miles de perros robados, criados o comprados, son encerrados hacinados en jaulas, envueltos en paquetes con tela metálica o cadenas, para luego ser asesinados a golpes y después servidos como comida a miles de personas en un gran ambiente festivo.

Y en otro país de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, se celebran fiestas en las que un toro es soltado en una plaza circular donde se le clavarán diferentes lanzas, lo que le producirá una gran pérdida de sangre y sufrimiento que le irá debilitando para finalmente ser rematado. Y todo esto sucederá en medio de aplausos y algarabía de miles de espectadores.

Y en todos los países de este mundo, hombres y mujeres disfrutan practicando lo que se ha dado en llamar un deporte, en el que, provistos de armas de largo alcance, con mira telescópica y otros detalles tecnológicos, las emplearán para matar aves o diferentes especies de animales, que no tendrán apenas posibilidad de huir o protegerse. Nos referimos a la caza legislada.

Porque existe otro tipo de caza, en la que se ponen en juego enormes cantidades de dinero, que está al margen de la ley en prácticamente todo el mundo y que ha exterminado o pone en peligro de extinción a numerosas especies de animales. La caza furtiva.

Invocando el sentido común, ¿no tendría más lógica disfrutar fotografiando o grabando a esos animales en su entorno natural en vez de destruirlos?

EL REFUGIO DEL BURRITO

Nos quedan en el tintero muchas otras consideraciones, pero no queremos ser reiterativos, solo hacer una reflexión sobre nuestra vida y la de los seres que, como nosotros, son hijos de la Tierra.

Quiero dedicar un recuerdo especial a las numerosas personas, asociaciones y organizaciones que se dedican serena y equitativamente a luchar por nuestros hermanos menores, los animales, que no tienen voz ni apenas posibilidades de defensa frente a una humanidad que parece no ser capaz de percibir el equilibrio y armonía inmutable de la naturaleza.

Si somos conscientes de ello, nuestra responsabilidad será trabajar por una educación que ayude a tomar conciencia de esta situación. Porque eso será vivir de acuerdo con las leyes que rigen el universo, de las que nadie puede esconderse.



[1] El ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha . Miguel de Cervantes. Primera parte. Capítulo primero.

Publicado en Naturaleza
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