El reino animal es cada vez más conocido por el hombre. Se han estudiado biológicamente sus comportamientos, sus costumbres alimentarias y reproductivas, las sociedades que conforman… Pero la convivencia entre animales no racionales (animales no humanos) y racionales (humanos) ha dado pie a que el estudio y la observación nos demuestre que hay comportamientos o actitudes a menudo increíbles o fuera de su supuesta normalidad.

Ya Aristóteles analizó las características vitales de los animales ( On the soul y Parvia Naturalia). Y Descartes también analizó la supuesta incapacidad de sensibilidad animal, según se creía en esa época (Méditations sur la philosophie premièr). Históricamente han sido muchos los filósofos y científicos que han tratado de descifrar los secretos del comportamiento de los animales, de su capacidad de sufrimiento y raciocinio, e incluso en la actualidad se está consiguiendo que en algunos países se empiecen a considerar con entidad jurídica, como «personas no humanas», brindándoles un estatus de protección en las sociedades mayoritariamente humanas (con entidad jurídica y derechos como seres con emociones). La orangutana Sandra (de origen alemán, que creció en Argentina y finalmente se mudó a Florida, EE. UU. para vivir su libertad en un santuario) es el primer animal reconocido como «persona no humana» (en octubre de 2019) y ya hay varios países en los que se les está dando este estatus a los animales, principalmente primates y delfines (India, EE. UU., España, Argentina, Nueva Zelanda…).

En la naturaleza cada especie tiene su lugar, cada especie tiene sus costumbres y formas de actuar. En el ciclo natural existen herbívoros, carnívoros, omnívoros… Hay ciclos y armonía natural. La coherencia en la naturaleza hace que el equilibrio sea perfecto si no se interviene. El reino vegetal es (o debería) tremendamente grande para alimentar a los herbívoros. Del mismo modo hay (o debería haber) una gran cantidad de herbívoros para que alimenten a los carnívoros, que, a su vez, están en la cima de la pirámide alimentaria. Y luego está el hombre… El ser humano, omnívoro según la ciencia, pero sin duda somos el elemento discordante en la perfecta armonía natural.

A pesar de la situación actual del mundo animal, hay en su seno hechos y situaciones que nos han sorprendido, conmovido y realmente desconcertado. Tenemos claro el comportamiento de muchas especies, de las manadas o los grupos, científicamente. Hay estudios profundos de estos temas. Pero de repente nos vamos dando cuenta de que en el reino animal encontramos auténticos ejemplos, auténticas excepciones a lo que nos dicen los libros de ciencia, ejemplos vitales de convivencia que deberíamos observar e incluso imitar más.

Hay especies animales que, más allá de sus ciclos vitales individuales, se organizan de tal forma que, en realidad, el grupo actúa al unísono. Son grupos que se mueven con una sola mente, una sola intención y sabiendo cada uno su cometido. Un claro ejemplo de esto son las colmenas de abejas, en las que cada individuo tiene su lugar, su trabajo y su función única e insustituible. Es un baile, una danza de organización de todas las labores y donde todos ven sus necesidades cubiertas, del mismo modo que tienen claro su deber en la colmena.

Otros animales basan su existencia grupal en la cooperación constante, usan sus capacidades para que el grupo sea más fuerte y sobreviva ante posibles dificultades o ataques, como las hormigas, que, ante el inminente invierno, trabajan en equipo incansablemente para recoger el máximo de alimentos en provecho del grupo.

También encontramos ejemplos de animales que de repente desarrollan capacidades humanas y sorprenden porque lo usan para literalmente amar.

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Uno de los casos más curiosos y entrañables es el de Coco, la gorila a la que se le enseñó a comunicarse con un lenguaje de signos coherente. Ella pedía a sus cuidadores una mascota constantemente y se le dio a escoger entre varias especies. Coco inmediatamente escogió un gato. Los cuidadores, que temían que la gran gorila dañase al pequeño felino, le llevaron un muñeco, pero Coco lo rechazó. Finalmente, le llevaron un gato que estuvo varios años con la gorila, hasta que escapó y sufrió un atropello, lo que causó mucho dolor a la gorila. Y esta misma gorila, a la que el actor Robin Williams había visitado y al que ella consideraba amigo, mostró pena y lágrimas al enterarse de la muerte del actor.

Otro caso de comportamiento sorprendente es cuando una hembra adopta a algún cachorro de otra especie. Se han dado casos tan curiosos como que una gallina adopte a un perro, una paloma a un chihuahua, un tigre a unos lechones, una gata a una ardilla y otra a un conejo... Sorprende sobre todo en los casos en los que la hembra adoptante es depredadora natural de la especie del cachorro adoptado. Se dio el caso de una hembra de tigre en un zoo de California, que dio a luz a sus cachorros, pero debido a complicaciones fallecieron. En cuanto la tigresa se recuperó, le pusieron unos pequeños cerditos, con unos fajines con «piel de tigre», y la hembra se limitó a cuidar a los cachorros. Fue su madre desde ese momento.

Una vez más la madre naturaleza nos quiere sorprender o enseñar que en la vida, fuera de nuestros bosques de ladrillo, no es todo matemático. Que los animales tienen en su ADN más compasión de la que creemos. Y tal vez que la compasión no es una virtud humana como tal, sino un rasgo dentro del mundo animal que nosotros estamos perdiendo, en vez de ser solo un rasgo humano que a veces identificamos en los animales.

Hay una historia sobre un perro, Hachiko (Odate, 10 de noviembre de 1923-Shibuya, 8 de marzo de 1935), un akita japonés que esperaba a su amo (el profesor Hidesaburō Ueno) siempre en la estación de Shibuya. Pero tras la repentina muerte del profesor, el akita se dedicó a esperarle durante años en la estación donde siempre le encontraba al volver este de su trabajo. Hachiko falleció en la estación, esperando… Los habitantes de Shibuya construyeron en su honor y por su fidelidad, una escultura de bronce del perro en la misma estación. Pero lo curioso es que este mismo patrón se ha dado a lo largo de la historia en varios lugares del mundo y con distintos perros que han esperado a sus amos años y años. Una muestra de lealtad increíble por alguien que no es ni de su misma especie.

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Y ya para rizar el rizo hay comportamientos animales que realmente no tienen explicación aparente pero que son impresionantes: animales que rescatan a amos en situaciones de peligro (hay infinidad de vídeos por Internet), animales que salvan a otros animales de una muerte segura, como los hipopótamos, que salvan en muchas ocasiones a herbívoros del ataque de los cocodrilos, o primates y osos que han salvado a pequeños pájaros o roedores de morir ahogados en ríos o lagos. Y entre los salvamentos más espectaculares hay depredadores que, en vez de cazar a pequeños herbívoros o incluso crías, de repente les han protegido e incluso cuidado por largas temporadas.

Tal vez dentro de estos ejemplos de seres aparentemente no racionales, los más desconcertantes y emotivos son los que se dan cuando algunos de estos animales se despiden de sus humanos, llegando a llorar lágrimas que no son ficciones ni efectos ópticos. Muchos pacientes de enfermedades terminales han pedido poder despedirse de sus mascotas y, en la gran mayoría de casos, estos animales han parecido sentir que se acercaba el final, acurrucándose en el regazo de sus dueños, o dándoles caricias y lametones. Y en cuanto los dueños han fallecido, hay testimonios gráficos de perros con ataques de llanto, subidos al ataúd, caballos con su cabeza sobre el féretro, gatos que visitan la tumba de su humano durante años…

Respecto a la muerte de un congénere, hay escenas realmente «humanas» en la muerte de un miembro de la manada, sea la especie que sea. Hace poco saltó la noticia de una ballena hembra que arrastraba el cuerpo sin vida de su cría, acompañada por otras hembras como si de una procesión se tratase. Y los sonidos de la ballena, de tristeza y pérdida son desgarradores. Entre los elefantes, también hay una forma muy emotiva de despedir a los suyos al fallecer. Sonidos lastimeros, caricias con las trompas, incluso días sin alejarse del cuerpo solo para estar junto al fallecido. O entre varias especies de primates, al igual que los elefantes, se quedan al lado del cuerpo, le llegan a golpear comprobando que realmente está muerto, pero entre gemidos y gruñidos de dolor. Otros se quedan al lado acariciando el cuerpo sin vida, tocándole el pecho o la cara. Realmente es desgarrador ver su sentir ante la pérdida.

Es evidente que los biólogos estudian la vida y costumbres de las diferentes especies animales, igual que los veterinarios conocen perfectamente la fisiología y anatomía de los mismos. Pero, más allá de estos datos, hay un «algo más», algo «especial», un extra en las relaciones con ellos y entre ellos.

No son racionales en teoría, no son sintientes como los humanos, pero de sus comportamientos se puede extraer mucho. Y no significa que no existan comportamientos que son lo contrario a lo que he definido, gestos agresivos o, a nuestros ojos, crueles. Pero la inmensa mayoría de veces lo que identificamos como injusto es el ciclo de la vida natural, el equilibrio entre especies. Pero volviendo a ese «algo más» que vemos, da para preguntarse si no estamos siendo nosotros los que perdemos esa parte animal que admiramos en ellos e identificamos como comportamientos humanos, si no va a resultar que ellos tienen la capacidad de racionalizar más despierta de lo que pensamos… quién sabe. Pero es evidente que, como se dice siempre, tenemos mucho que aprender de ellos. Con pelo, plumas, escamas, caparazones… son seres maravillosos a todos los niveles.

Una lección más de la naturaleza a la que debemos escuchar más.

 

Coco llora la muerte de Robin Williams https://www.youtube.com/watch?v=gnMcCSXydnc&t=61s

Animales salvan a otros de distinta especie https://www.youtube.com/watch?v=Ika_Y30yZLM

Adopciones entre especies https://www.youtube.com/watch?v=4HOR_V-xKHI

Amistades entre distintas especies https://www.youtube.com/watch?v=AOnPSzyyHvc

Más adopciones entre especies https://www.youtube.com/watch?v=8z_MUm1EpoE

Rituales de luto de varias especies https://www.youtube.com/watch?v=gRfxIDeGGyI

Animales salvando la vida de humanos https://www.youtube.com/watch?v=iQ9xWaST9zs

Animales despidiéndose de sus humanos https://www.youtube.com/watch?v=_5-LfJFetH4

Lealtad canina https://www.youtube.com/watch?v=rZSz8_74OkM

Publicado en Naturaleza

Se conoce como Pueblo a algunas etnias nativas norteamericanas que ocuparon la llamada región de las Cuatro Esquinas (la cruz donde limitan Utah al noroeste, Colorado al noreste, Nuevo Méjico al sureste y Arizona al suroeste). En su tiempo, se denominaron como «Anasazi» por error, debido al vocablo navajo que los obreros que estaban desescombrando los restos arqueológicos utilizaron para designarlos, y que en este idioma significa «enemigos» o «antiguos enemigos». En este trabajo, se denominarán Pueblo Ancestrales, si se refieren a esta cultura desaparecida, y Pueblo actuales, o simplemente Pueblo, a sus descendientes culturales en la actualidad.

(Extracto del capítulo «Religión de los indios pueblo» del libro, aún por publicar, sobre esta cultura)

Hoy se tiende a utilizar la denominación Pueblo Ancestrales para distinguirlos de los actuales Pueblo, que, si bien más hacia el sur, continúan habitando esta zona, e incluso utilizando los restos de edificaciones de los ancestros de los cuales aseguran descender. Los nombres de Zuni (o Zuñi) Hopi resultan más familiares, pero a esta familia étnica se les añaden los Keres, Tewa, Tiwa, Towa…, y sin duda, la influencia cultural a la que sometieron a los Apache y Navajo, tribus procedentes del Canadá, mucho más nómadas, cazadoras y recolectoras, y que chocaron con las sociedades Pueblo largamente establecidas (de ahí lo de «enemigos») y mucho más socialmente desarrolladas.

Los Pueblo presentan un conjunto de creencias muy consolidado y complejo, que a la dificultad de la interpretación añade el hermetismo de algunas de sus facetas. Por diversos motivos, la asistencia a determinadas ceremonias está completamente vetada al hombre blanco, y solo algunos privilegiados, como Elsie Clews Parsons (1875-1941), antropóloga y socióloga, las han conocido en vivo. La obra de esta científica de campo es tan monumental que aún no ha sido superada. Investigó a fondo el folklore y vivió de primera mano muchos rituales y vivencias místicas de estos Pueblo, lo que le valió la censura de muchos chamanes y jefes tribales; de alguna manera, no le perdonaron la divulgación de sus más íntimos secretos, e incluso le achacaron errores de interpretación de todo el material por ella recogido y publicado. Hablar, entonces, de las creencias religiosas y del corpus mítico de los Pueblo Ancestrales entraña una doble dificultad. Por un lado, el hecho cierto de su desaparición, o dilución en otras formas culturales. Por otro, que los herederos civilizatorios de estos antiguos ancestros continúan vivos y, por tanto, practicando, modelando y diferenciando un tronco de creencias heredado y que se personaliza en cada tribu, casi en cada ciudad, llegando a divergir y a veces ofrecer narraciones aparentemente disímiles, donde en realidad no hay diferencia subyacente.

La descripción general de la mentalidad de estas sociedades dista mucho de parecerse a nuestra forma de ser occidental y, por tanto, a la idiosincrasia de aquellos que ocuparon su territorio venidos de allende los mares. Por suerte, estos terrenos áridos y resecos, donde la vida hoy es muy dura, no despertaron tanto la codicia de los otros lugares sustraídos al nativo piel roja, y aparte de la riqueza mineral que ofrecían, su poca utilidad para agricultura y ganadería ha permitido que más o menos estas naciones conserven parte de su territorio. Allí aún pueden desarrollar sus danzas, vivir sus fiestas, adorar a sus kachinas [1] y establecer una relación con el medio que normalmente se usa como modelo de cultura ecológica. Por diversos motivos, hasta nosotros ha trascendido una visión del nativo norteamericano con una forma de ser holística y respetuosa para con el ecosistema, y este rincón del subcontinente norteamericano también presenta esta romántica perspectiva. Dejando de lado el debate sobre si la aproximación de estos pueblos es cierta o solo un cliché, lo que podemos asegurar es que sus relaciones con el mundo vivo son radicalmente distintas, y su percepción del universo es mucho más mítica que positivista. Hablar con ellos de generalidades trasciende lo anecdótico y entra de lleno en una visión simbólica del cosmos y sus habitantes, donde los animales compartieron pasado con la raza humana y compartirán destino.

Para los nativos americanos en general, los animales fueron indispensables para su supervivencia. No solo ofrecían una fuente de comida, sino que resultaron la materia prima necesaria para la variada y numerosa actividad diaria. Ropa, herramientas, enseres domésticos, instrumentos musicales para danzas o interpretaciones, individuales o colectivas, como tambores, baquetas, cascabeles y sonajeros, flautas, etc.; cobertura de hogares móviles, como los tipis; ropa, calzado, hilo, pegamento, sonajeros, elementos rituales, armas de caza y de combate… En todos los sentidos, los animales fueron vitales en su cultura.

Pero el indio Pueblo, como todas estas culturas norteamericanas, se aproximaba al «hermano» animal con una perspectiva totalmente diferente a la occidental. Él no iba a aprovecharse de estos seres, porque estos seres compartían con él el mundo. La muerte de un animal para su posterior uso era un acto realizado con respeto. Existía la creencia general de que, a no ser que el espíritu del animal abatido fuese honrado tras su muerte, este no facilitaría su posterior captura otra vez, y poco a poco el cazador iría perdiendo habilidad, cegado por el orgullo y la vanidad, y poniendo en riesgo la supervivencia del propio clan. Matar un animal siempre fue un asunto muy serio, y ningún animal consentiría en su muerte si esta se ejecutaba sin el debido protocolo. En una serie de mitos ampliamente difundidos, son los animales o ciertos seres poderosos los responsables de instruir a los cazadores sobre estos rituales imprescindibles para un resultado exitoso. En todo caso, es un tabú inviolable que un cazador cace al animal tótem de su clan o tribu. En su tradición, el Creador (que a veces toma la forma de un animal de poder, o es ayudado por uno, como Coyote) dio origen a todos los seres de su creación en un plano de igualdad, fueran animales, pájaros, peces, insectos, plantas e incluso el hombre o los elementos del paisaje (ríos, valles, montañas, etc.). Su dios no puso a disposición de la humanidad su creación para su exclusivo uso o disfrute. Más bien, hizo a la raza humana responsable del resto de seres.

Algunos académicos ven una constante entre los distintos mitos de creación/emergencia entre las diferentes naciones indias. Parece existir una pauta mayoritaria en la que, sea cual sea la tribu, podría establecerse una sucesión de tres fases en las cuales se realizó el proceso. Entre los Pueblo, el número es Cuatro, y los Navajo hablan de Cinco, pero los sucesos acaecidos podrían resumirse en solo tres momentos fundamentales. La primera época incluye a los First People, «Primer Pueblo», donde espíritus humanos y animales no diferenciados existían en armonía. A esta fase siguió otra tras diversos tipos de catástrofes cataclísmicas, y algunos de los Primeros se convirtieron en los animales que hoy más o menos conocemos, procedentes tanto de espíritus netamente humanos como de animales. Fue una época oscura, donde se trastocó el orden natural de las cosas. La humanidad llegó luego, donde plantas, animales, pájaros y peces acabaron siendo lo que hoy conocemos.

Referirse a los espíritus animales es hablar de conceptos colectivos de dudosa traducción. No está muy claro el límite que se establece para estos seres y su realidad (que, según ellos, nos precedieron en el proceso de Emergencia [2] y que son más antiguos que la actual humanidad) en cuanto a si son espíritus independientes o colaboradores, intermediarios, compañeros de ruta en el camino de la vida o simplemente mascotas. Este ancestral «Pueblo Animal» es considerado diferente de los animales actuales, no obstante. Estos Animales previos a la creación que vendría luego (y que pocas veces es una creación, sino una emergencia desde otro mundo, o una remodelación del mundo tras inundaciones y destrucciones de diversa índole, principalmente a través del fuego y el agua) eran más bien espíritus, potencias, incluso dioses menores (ya creados y a su vez creadores). Solo cuando aparecimos como humanidad actual, consciente (otras formas antiguas de humanidad eran descritas como amorfas, como la arcilla, o incluso como nubes o simples hálitos), los Animales se convirtieron en animales, como los conocemos ahora.

En este proceso de arribo de la humanidad a este mundo desde otro, los animales gobernaban esta Tierra y poseían los dones del hombre que estaba por llegar. O el hombre por llegar tenía las características de estos animales, primeramente. Podían hablar, por ejemplo. Sin embargo, la aparición del hombre actual provocó que los animales perdieran esa capacidad (o, desde otra perspectiva, el hombre perdió la capacidad de entender cómo le hablaban). Por eso, determinadas personas poseían la capacidad de comprender y utilizar el lenguaje animal y comunicarse con ellos. Muchos chamanes, incluso, son descritos con el poder del cambio físico, y en todo caso, con la habilidad de extraer de los animales poderes y conocimientos secretos, que luego eran utilizados para el bien de la tribu. Es famosa la tradición de la «búsqueda de la visión», en donde, tras la abstinencia, la vigilia y el ayuno necesarios, un ser humano podría encontrar su «ánima» maestra, su espíritu animal, y conseguir consejo espiritual para su vida cotidiana.

La unión entre animales y humanos era tan fuerte que incluso abundan los matrimonios entre humanos y animales, previa transformación de uno de ellos en la forma del otro. Sin embargo, en estos casos, la rotura de algún tabú vuelve a la forma primigenia a quien lo rompe, y el desdichado o desdichada pierde su conexión con su pareja. Entre los Zuñis, ciertos mitos de la muerte incluyen la descripción del viaje de un joven, que atrapa un águila en una rampa (ver más adelante), pero en vez de utilizarla la ve tan bella y poderosa que se enamora de ella. Convertido en águila se casa con ella, y, junto a su esposa, vuelan más allá del horizonte, hacia el Pueblo Águila, hasta que llegan a un poblado donde se les aconseja que no se dejen tentar por los danzarines. Sin embargo, el poder de la música es tan fuerte que olvidan la prohibición.

Tras una noche de desenfreno, el muchacho despierta otra vez con forma humana, perdido todo rastro de su amada esposa, y en el centro de unas ruinas Pueblo. Entonces comprende que los espíritus de los muertos aún perduran, de alguna manera, entre las ruinas, vivos a su modo, en una ciudad que conserva su poder, y que lo vivido fue una experiencia compartida con los difuntos que aún pueblan esa ciudad. Solo la superación de determinadas pruebas le volverá a su aspecto de hombre-águila, con la cual volverá a reunirse con su esposa, mujer-águila.

Muchos personajes animales, dotados de poderes especiales que les caracterizan, juegan importantes papeles en las creencias mitológicas Pueblo. Quizás uno de los más importantes sea Mujer Araña, cuyo significado y el lugar que ocupa en la cosmovisión Pueblo es muy relevante.

Araña

La Mujer Araña (Spider Woman) es un símbolo casi universal entre las tribus norteamericanas, aunque su rol no tiene por qué estar ligado al de tejedora del destino, ni siquiera a gestar el mundo. El papel de Spider Man, que también aparece, es mucho menos relevante (al menos, hasta la llegada de Marvel Comics…).

Mujer Araña es un personaje acompañante, solucionadora de problemas, sabia y sanadora, muy cercano a los Pueblo en las etapas de emergencia, en los primeros tiempos míticos. También se la conoce como Abuela Araña, o simplemente Abuela.

En este perfil de Mujer Araña, cubre una amplia representación de caracteres y acompaña como personaje principal o mítico un repertorio muy variado de narraciones. Ayuda a héroes a cumplir con su misión, se encarga de la distribución de determinados objetos (como las estrellas), procura la felicidad de quien le pide consejo…

Spider Rock, en De Chelly Canyon, es el hogar tradicional de Spider Woman. Muchos otros personajes femeninos actúan de diosas para la humanidad, y la prevalencia de estos personajes, que entre los Pueblo llegó a alcanzar la equivalencia a una deidad principal, señala al menos una época donde la cultura era matriarcal y la mujer poseía un papel mucho más activo y destacado en el gobierno de la tribu. No nos olvidemos que los Pueblo son «moetias», sociedades donde la pertenencia a un clan u otro lo dicta la familia materna, no la paterna (sociedades matrilineales). Mujer Araña, en definitiva, jugaba el rol crucial de enseñar a la gente cómo vivir y cómo sobrevivir no solo físicamente, sino espiritualmente también, en un ambiente tan duro.

Llegado este punto, merece la pena detenernos un poco más extensamente en la lectura de uno de estos mitos de emergencia, un mito Hopi, que puede ayudarnos a entender la mentalidad de los Pueblo, pero también las relaciones que en sus cosmogonías se establecen entre seres sobrenaturales, seres humanos, animales y aves.

Al comienzo no había nada, salvo un espacio infinito en el que solo Tawa, el espíritu del Sol, habitaba. Tawa reunió algunos de los elementos del espacio e inyectó su propia sustancia en ellos para crear así el Primer Mundo. En este mundo se alojaron criaturas similares a insectos, que moraban en cuevas profundas y húmedas y luchaban entre sí. Del todo insatisfecho con esta creación, Tawa envió un nuevo espíritu, Abuela Araña [3] , que debía guiarlos en un largo viaje. Abuela los conducía mientras cambiaban de forma, mientras en sus cuerpos creció pelaje, adquirieron colas y formas de perros, lobos y osos. Siendo así, llegaron al Segundo Mundo, pero Tawa aún seguía disgustado, porque aunque más bellas y armoniosas, estas criaturas todavía no entendían el significado de la vida, no al menos mucho más que sus grotescos predecesores. Entonces el espíritu del Sol envió de nuevo a Abuela Araña, que nuevamente condujo a estos seres en un segundo viaje. Mientras tanto, Tawa creó un Tercer Mundo, más ligero, más húmedo. Cuando estos seres, encabezados por Abuela Araña, llegaron al Tercer Mundo, ya se habían convertido en personas. Una vez allí, Abuela Araña les advirtió que de todo punto renunciaran al mal, que arrancaran de sus corazones los espectros de la perversidad y que vivieran por siempre en armonía. Entusiasmados, los nuevos seres humanos construyeron pueblos y plantaron maíz.

Pero hacía frío. Abuela Araña acudió otra vez para enseñar a la humanidad a tejer y a fabricar vasijas. Las ollas no se podían hornear, el maíz no crecía bien, hacía frío.

Un día apareció Colibrí, explicando que era un heraldo de Masau'u, el señor del fuego y de los muertos. Masau’u aún vivía en otro mundo más arriba, sobre el cielo, llamado el Mundo Superior. Colibrí enseñó a los seres humanos a hacer fuego con un troquel, y luego se fue. Así, la humanidad, por fin, aprendió a hornear su cerámica y esta se volvió dura y resistente. Calentaron sus cuerpos frente al fuego del hogar, y allí cocinaron su carne, en vez de comer todo crudo. Las cosas empezaban a mejorar en el Tercer Mundo.

Pero el ser humano es como es, y pronto los hechiceros comenzaron a desatar el mal en esta tierra de promisión, cociendo pócimas que dañaban a las personas y desviaban sus mentes de la virtud. Los hombres jugaron, en vez de cuidar sus campos. La mujer se rebeló, y tampoco atendía su parte de la empresa familiar. Las lluvias no llegaban, y el maíz falló. Abuela Araña volvió a advertirles, congregando a la gente que todavía tenía buen corazón, y advirtiéndoles que deberían dejar ese mundo e irse al Mundo Superior. Tras este aviso premonitorio, los más sabios de entre los escogidos oraron durante cuatro días y luego, con arcilla, realizaron una especial ceremonia, donde dieron vida a una golondrina a la cual encargaron encontrar el camino al Mundo Superior. El pajarito voló hacia el cielo y halló una abertura, pero los fuertes vientos reinantes lo zarandearon, lanzándolo de un lado a otro sin posibilitarle que continuara su camino. Golondrina volvió de regreso, y esta vez los sabios fabricaron una paloma, que sí voló a través del agujero en el cielo, donde encontró una gran tierra que se extendió en todas direcciones, pero totalmente carente de vida.

Paloma volvió e informó de lo que había visto. Por tercera vez, el consejo de sabios se reunió para fabricar en esta ocasión un halcón, pero este voló y regresó con el mismo mensaje. Por tanto, los sabios fabricaron un cuarto pájaro, un pájaro-gato [4] , que sí fue capaz de llegar a Masau'u, volviendo con el mensaje del dios de que serían bien recibidos.

Al escuchar la buena nueva, la gente lloró de alegría, se realizaron danzas y el poblado rebosaba euforia. Cuando la calma se impuso, alguien hubo que preguntó: ¿cómo llegamos hasta el agujero en el cielo? A la mayoría se les nubló la sonrisa del rostro…

Abuela Araña volvió a intervenir, y le recordó que, entre los hermanos, estaba presente la ardilla [5] , quien, al alimentarse de piñones, podría ayudarles a plantar un árbol lo suficientemente alto como para alcanzar el agujero. Ardilla fue alistada como voluntaria y se puso rápidamente a la tarea. Plantó un abeto, pero no creció lo suficientemente alto. Luego probó con un cedro, pero creció solo ligeramente un poco más. También falló el primer pino que plantó, y fue entonces cuando comenzó a preguntarse si no estaría presente alguien con un corazón malvado. El pueblo aseguró que sus intenciones eran puras, y Ardilla continuó con su trabajo. En el cuarto intento, se plantó una caña, y Abuela Araña sugirió a la gente que cantara lo suficientemente bien y alto como para que la caña creciera hasta donde ellos necesitaban. Dicho y hecho, la tribu entonó una bella melodía mientras sus asombrados ojos contemplaron cómo la caña crecía, crecía y crecía hasta alcanzar la abertura. Esta abertura era el sipapu, y Ardilla explicó que la gente podía trepar y salir por él, porque estaba hueco. El jefe y los sabios trazaron cuatro líneas en el suelo, y dijeron que si algún hechicero cruzaba las líneas, moriría. Fue así como, dirigidos por Mujer Araña y sus hijos gemelos, la gente subió por fin al mundo superior, el actual Cuarto Mundo.

Una diosa que algunos eruditos ven como una versión de Spider Woman es Sus'sistinako (Mujer Pensante o Mujer Profetisa), creadora entre los pueblos Keres de Nuevo México (Acoma, Laguna, Santa Ana, Zia, San Felipe, Santo Domingo y Cochití). La relación mitológica de esta diosa se complica, porque a veces aparece como hermana de Spider Woman (Mujer Araña), con la cual llega a competir para demostrar, con hechizos y encantamientos, cuál es la más poderosa; y porque en otras narraciones adquiere un perfil masculino, como en Zia. Mujer Pensante, macho o hembra, es un ejemplo de ser creador capaz de crear a partir de sus pensamientos (recordemos, es una poderosa hechicera), lo cual también podría indicar el carácter andrógino e indiferenciado de estas primeras figuras en las cosmogonías Pueblo.

Existen algunos animales fuertemente simbólicos y ampliamente presentes en todos los mitos nativos. Otros, son animales más particulares, y no faltan animales que aún no han sido identificados zoológicamente, como el denominado en keresiano «shuhu’na». También entre los Hopi este animal se consideró real. Es descrito como de talla intermedia entre el coyote y el zorro, y cazaba otros animales introduciéndose en ellos por el oído. Lejos de respetar el profundo conocimiento zoológico de los indios para con su ecosistema, los hay que pretenden ver en este ser a la comadreja, la señora de los animales cavadores entre los Pueblo, cuya piel está muy presente en distintos ornamentos de bailes kachinas. Como si no supieran lo que es una comadreja. El caso es que, en lenguaje Hopi, la palabra para comadreja es «pivani», luego este misterioso ser no puede identificarse con el mustélido. Otros piensan que quizás se refieran al jaguar, extinguido ya de esas zonas, pero presente hace diez siglos. Quizás solo sea un mito más, o tal vez su curiosa forma de actuar sea simbólica, no lo sabemos a ciencia cierta, y el propio animal sea en sí una tradición o leyenda.

Los Hopi rezan directamente a animales. El león (puma), el oso, el gato salvaje y el lobo, como animales asociados a los dioses de la guerra. El halcón guarda relación con los jefes guerreros (curioso; el halcón era el animal de los faraones en Egipto). Los animales de caza siempre eran interpelados para que «se dieran a sí mismos», para que los Pueblo pudieran aprovecharlos: ciervos, cabras de las Rocosas, antílopes, wapitíes, liebres y conejos. Son considerados «animales de compañía», en el sentido literal del término, hermanos de camino sobre la faz de este mundo. La serpiente emplumada o cornuda, conocida como Serpiente de Agua, que viven en manantiales, y todas las criaturas acuáticas son en el mismo sentido «animales de» las nubes.

Entre los Zuni, los pájaros son denominados como «pequeños sirvientes» y exploradores; son mensajeros, y en ese rol fueron enviados a buscar a las desaparecidas Doncellas del Maíz. De entre los pájaros, los colibríes juegan un papel especial como mensajeros entre los Acoma. Otros pájaros son usados para denominar personajes, y a los jefes o a los clowns sagrados se les llama como a los pequeños chochines o los ruiseñores.

Los animales de presa muestran un rango más independiente y autónomo, y suelen ser patrones sobrenaturales, especie de espíritus custodios de sociedades Pueblo.

La casa de los «dioses animales» es Shipap o Shipapolima, en el este. Cada animal es también una orientación y un color. Así, león es norte y amarillo, el color del norte. El oeste y el azul se relacionan con el oso. El tejón es el animal del sur, y su color es el rojo (entre los Hopi, es el lugar del gato salvaje). El este es del lobo, y su color es el blanco. El águila marca el zénit, y otros animales, como la musaraña, rata de abazones o la serpiente, rigen la dirección «abajo».

Algunas partes de animales son utilizadas en las ceremonias como ornamento exclusivo y de referencia simbólica. Destacan escápulas, plumas y garras, espinas de puercoespín (muy utilizadas en tocados) y muñequeras de piel de búfalo, como las que ostentaban los Gemelos, regalo de su padre, el Sol.

Pasemos ahora, brevemente y sin agotar el simbolismo, a comentar alguno de los rasgos más llamativos de animales significativos o sugerentes, por un motivo u otro, incluyendo algunos personajes que se relacionan directamente con ellos a través de su nombre, como el caso de Kokopelli y Coyote.

Kokopelli

De entre los personajes curiosos que aún hoy pueden contemplarse heredados de los Pueblo Ancestrales, Kokopelli es, sin duda, el más célebre para la cultura americana actual. Su nombre proviene del Hopi, aunque es una deidad universal entre los Pueblo. No suele faltar en las danzas de kachinas. Su figura es fácilmente identificable como la de un ser antropomorfo encorvado y con una flauta o chirimía en la boca (a veces, dos). Nunca se representa estático, y siempre suele estar dotado de alegría y movimiento de danza, aunque algunas autoridades (ninguna de ella músico) piensan que quizás estemos viendo una cerbatana (¡).

La antigüedad de este pícaro adorable se remonta como mínimo a mediados del s. VIII, y su imagen fue ya motivo ornamental de la cerámica. Se ha querido ver el origen de Kokopelli en los pochtecas (comerciantes) aztecas que hasta aquí llegaron para intercambiar mercancías, con su saca al hombro y su flauta para convocar a los paisanos (como nuestros afiladores). Sin embargo, esta figura amorfa, lisiada y musical podría guardar un simbolismo mucho más profundo, y enlazar con ciertos principios constructores esotéricos del universo, a manera de demiurgo creador. Dioses del fuego han sido representados deformes en lugares tan lejanos como la India, y a nadie se le escapa el poder mágico de la música en el proceso de creación.

En lo que a nosotros respecta, su relación con el mundo animal proviene de su propio nombre, que alumbra la idea de que no representa a un hombre, sino más bien a un insecto antropomorfo. «Koko» es otra deidad presente en los panteones Hopi y Zuñi, o bien «madera» (ver más adelante); y «pilau», joroba, o «pelli», un tipo de mosca del desierto con una enorme probóscide y un tórax muy voluminoso y visible, de donde resultaría el parecido con su joroba. Además, las figuras más antiguas de este diablillo lo hacen parecer realmente con un insecto.

En Hano, un asentamiento Hopi (Nuevo Méjico), podemos encontrar un Kokopelli con su esposa pintados de negro, y se les llama Neopkwai’i, que significa «gran hombre negro». Hay quien ve en esta representación a Esteban, el gigantón de color que acompañó a fray Marcos de Niza en sus rutas de exploración por estos lares. Se sabe que Esteban estaba más pendiente de las muchachas Zuni que del oro que se estaba buscando, y que eso propició que los celosos maridos lo asaetearan con saña. El Kokopelli de Oraibi porta un saco de camisas y mocasines robados a novias, y por ello también se asocia a la memoria de Esteban, aunque esa relación es, obviamente, muy posterior al origen de Kokopelli.

El rango temporal en que este símbolo ha sido usado también es soberbiamente amplio. El período de su representación abarca desde las pithouses Pueblo (200 d. C.) a la actualidad, donde es usado como marca comercial de cualquier tipo de producto y empresa en USA. Su fama trasciende el tiempo y su nombre o su icono se utilizan para cualquier cosa. El origen y su auténtico significado, no obstante, siguen siendo un misterio. Es un personaje variable e inconsistente, interpretado de innumerables formas: un sacerdote de la lluvia, símbolo de fertilidad, deidad, trovador o comerciante itinerante, chamán o curandero, cazador, guerrero, mago e incluso como un insecto. A su heterogéneo simbolismo le podríamos añadir un cierto matiz de juerguista y calavera. Este buhonero itinerante puede usar su flauta para anunciarse a los caminantes con los que se encuentra. Su melodía indica sus intenciones pacíficas y la certeza de que ningún enemigo se encuentra cerca.

Kokopelli es una figura común entre los Pueblo, Hopi y Zuni. Como kachina, es un intermediario que porta regalos para los bebés, un eficaz seductor de doncellas (de ahí su perfil crápula) y un maestro en la caza. Kokopell’Mana es la contraparte femenina de Kokopelli, cuya máscara porta un hombre (siempre son hombres los que portan las máscaras kachinas). Apasionada y lujuriosa como su marido, «ella» les hace señas de manera obscena y picarona y los invita a competir. Si atrapa a uno, lo arroja al suelo e imita la cópula, para deleite de los espectadores. En cierta historia que sucedió en Oraibi (asentamiento Hopi), Kokopelli es descrito jorobado y físicamente desventurado, pero no obstante atractivo, a la manera del Loki nórdico. En ella, Kokopelli encuentra esposa y tiene hijos, aun en contra de la opinión de su abuela, y es ayudado por la Mujer Araña cuando lo intentan asesinar, por envidia, un clan de hechiceros.

Coyote

No podemos hablar de Kokopelli sin mencionar a otro personaje universal entre las naciones indias. Nos referimos a Coyote. Coyote es una figura compleja, contradictoria y colorida, presente en prácticamente todas las tradiciones culturales nativas americanas. Siempre masculino, posee una contraparte femenina que recibe distintos nombres en las distintas lenguas. Entre los Navajo, es Ma’ii.

Es un prototipo de embaucador, siempre engañoso, astuto y a veces deshonesto. Pero su picardía suele volverse en contra suya la mayoría de las veces, e incluso llega a morir en estas historias, aunque siempre es capaz de renacer, reencarnando de nuevo. Maneja una poderosa magia, es capaz de crear y transformar, y a menudo resulta imposible de vencer. También podía cambiar su apariencia o intercambiar pieles con hombres cuyas esposas deseaba. Se sale siempre con la suya, y aunque sus acciones a la larga resulten beneficiosas, pueden acarrear el mal. Por ejemplo, trajo la muerte para evitar la superpoblación. A este respecto, el mito cuenta que Ma’ii existió junto con el Primer Hombre y la Primera Mujer en el Primer Mundo. En otras versiones, fue creado en el Cuarto Mundo. En todo caso, después de la aparición, la gente quiso saber su destino. Alguien arrojó un raspador de piel al agua, declarando que, si se hundía, la gente eventualmente moriría, pero si flotaba, seguirían viviendo. El resultado fue que el raspador flotaba. Entonces, sin embargo, Coyote tomó una piedra y la arrojó al agua. Declaró que, si flotaba, la gente viviría para siempre, pero si se hundía, todos morirían tarde o temprano. Naturalmente, la piedra se hundió y la gente se enojó. Coyote explicó que, si no hubiera muerte, habría demasiada gente en el mundo y, finalmente, no habría lugar para plantar maíz. La gente vio la sabiduría de esto y aceptó la inevitabilidad de la muerte.

Es el primero en manejar el fuego y en dar a conocer este secreto al hombre. Libera al búfalo, y convierte a los monstruos malvados en piedra (ver más adelante). En algunas tradiciones de otras naciones indias, es el Compañero del Creador, al que ayuda en su trabajo primigenio de manifestación.

Se muestra como el responsable de que algunas estrellas tengan formas definidas (constelaciones), pero otras no, repartiéndose al azar. En otras tradiciones, es Pluma Azul la niña responsable de la aparición del cielo estrellado. Después de una gran inundación, la gente de Cóchiti se mudó al norte hasta que las aguas retrocedieron. Finalmente, Iatiku, la Madre Maíz de los Pueblo, les dijo a todos que era seguro regresar a su hogar en el sur. Le dio una bolsa cerrada y bien atada a una niña llamada Pluma Azul para que la llevara con instrucciones de no abrirla. En el camino hacia el sur, la chiquilla no pudo contener su curiosidad, por lo que desató la bolsa. Cuando lo hizo, las estrellas se derramaron de la bolsa y se dispersaron en todas las direcciones de forma desordenada, como la mayoría de las que vemos en el firmamento. Pluma Azul volvió a cerrar la bolsa rápidamente, pero solo quedaron algunas estrellas. Cuando llegó a Cóchiti, las estrellas restantes se colocaron en sus lugares apropiados en el cielo. Es por eso por lo que solo unas pocas estrellas tienen nombres y son conocidas por las personas.

El papel en esta historia entre Niña Azul y Coyote es perfectamente intercambiable, y es Coyote quien encarna este relato. Por ejemplo, en el cuento Zuni «Coyote roba el Sol y la Luna» (Williams et al 2004), Coyote se alía con Águila, y roba una caja a unas kachinas después de bailar, una caja que contiene luz. Avisado por Águila de que no la abra, Coyote es vencido por su curiosidad y libera al Sol, que marcha lejos, y a la Luna, la cual trae el invierno al mundo. En seguida la vegetación se marchita y adormece, y un manto blanco cubre la tierra. Es el momento en el que la Tierra empezó con las estaciones.

En otro perfil, posee un apetito sexual insaciable, presume de su priapismo, se satisface con toda mujer que despierta su lujuria. Se llega a contar que eliminó los dientes de la vagina que en los orígenes tenían las mujeres, para disfrutar de las relaciones, marcando el origen del placer sexual; de alguna manera, pues «inventó» el sexo.

Pero también es un demiurgo del paisaje. Modela montañas, deriva ríos, cambia el relieve de la superficie terrestre según sus designios, ayudando a tallar el Gran Cañón, por ejemplo.

Según una leyenda Paiute, antes de que hubiera ningún piel roja, la Gente Leyenda (To-when-an-ung-wa) vivía en Bryce Canyon. Había muchos de ellos, de todos tipos y clases. El pueblo Pájaro, los Animales, la Gente Lagarto y todos se parecían a la Gente Hombre. Por alguna razón, la Gente Leyenda cedió al mal y se pervirtieron. Acapararon el agua de los arroyos y los frutos del bosque, todas las nueces, todas las bayas, impidiendo a otros sobrevivir al invierno. Lo hicieron porque podían transformarse y convertirse en gigantes. Por que se volvieron malos, Coyote los convirtió a todos en rocas. Para ello los invitó a un festín, les hizo vestirse con sus mejores galas, pintar su rostro de tonos rojos, y antes de que pudieran probar el primer bocado, obró su magia. Hoy en día, cualquiera puede ver ese acto de transformación, y descubrir, en los caprichosos relieves de este paisaje, hileras de Gente en pie, otros sentados, algunos más en grupos. «Tú puedes ver sus caras, como pintadas, justo como eran antes de coinvertirse en piedra». Todo eso ocurrió millones de años antes de que apareciera la raza humana.

Serpiente

La serpiente es un poderoso símbolo entre los nativos americanos. Guarda relación con los procesos de sanación, la fertilidad, la lluvia y el conocimiento esotérico. Se asocian con los relámpagos. Por su manera de cambiar la piel, son un símbolo de la renovación y el renacimiento. Los Hopi las consideran mensajeras del inframundo y guardianas de los espíritus. Cada dirección del espacio posee un guardián- serpiente. En el mito de emergencia Hopi, la tribu caminó protegida hacia el sur por Pálulukang, la Serpiente del Sur. Muy hacia el norte, en Ohio, existe un montículo artificial en forma de una gigantesca serpiente, que se remonta a la época de los Constructores de Montículos (1000 a. C.-200 d. C.) hace aprox. 2500 años. Esta larga loma, solo observable desde el aire y levantada casi al borde de un cráter meteorítico, tiene la silueta de un enorme ofidio de 380 m de largo, 6 m de ancho y 1,2 m de alto. Comienza en una espiral apuntando al norte y termina con la cabeza, en la que muy probablemente hubo un altar. Parece que quiera engullir un enorme huevo. Es el mayor montículo-efigie del mundo. Los Hopi afirman que este montículo fue levantado por sus antepasados durante su migración, y el huevo, en una de sus interpretaciones, sería la colina del asentamiento Hopi que la serpiente estaría guardando y protegiendo.

19 Danza de las Serpientes imagen de uso libre

A principios del segundo semestre se lleva a cabo el baile del antílope, o la mucho más famosa danza de la serpiente, en la que personas expertas danzan con serpientes vivas en la boca, que posteriormente son liberadas. Esta danza hopi tiene lugar cada dos veranos. Los miembros de la alianza capturan serpientes durante cuatro días, serpientes que son llevadas a la kiva y guardadas en recipientes. A lo largo de los siguientes cuatro días tienen lugar las danzas. En el noveno día se permite la asistencia del público, y los sacerdotes bailan con estas serpientes, que al final del ritual son devueltas a la naturaleza, como mensajeras de los ruegos tribales. Para ello, las serpientes son depositadas en un montón, en el centro de la plaza, y desde allí son vueltas a capturar y arrojadas a las afueras a los cuatro puntos cardinales, para que las serpientes puedan arrastrarse hasta el inframundo e interceder ante los dioses de la lluvia.

El enorme interés turístico incrementó las visitas hasta tal punto que, en 1917, se prohibió la fotografía de esta ceremonia.

Águila

Poderoso símbolo usado universalmente por todas las naciones indias. El vuelo del águila, alto y majestuoso, hasta desaparecer por encima de las nubes, la hace semejarse al Dios supremo, o ser la mensajera de los altos dioses del cielo. Allí, en el cielo, se la asocia con los fenómenos atmosféricos, y puede controlar la lluvia, el rayo o las nubes, en otros aspectos simbólicos. Posee una amplia relación con el Pájaro del Trueno. Como ave de presa, el águila no era considerado un «pájaro», un «pequeño sirviente», sino un espíritu poderoso, independiente, patrón sobrenatural de algunas sociedades Pueblo.

Para los Zuni representa la dirección Arriba (el cénit). A los Hopi les recibió un águila al emerger a este mundo, con la promesa de que, si alguna vez querían enviar un mensaje al Padre Sol, podían usar una de sus plumas para ello. El águila disparó una flecha a dos insectos que poseían el poder del calor («mahus»). Al recibir las heridas, los insectos comenzaron a tocar sus flautas y las heridas sanaron mágicamente. A partir de entonces, estos insectos acompañaron a los Hopi en su migración. Uno de ellos, según esta narrativa, se llamó Kókopilau (Kokopelli?), de las palabras «kóko», madera, y «pilau», joroba. Su aspecto y color fue el que invitó a que recibiera este nombre. Portador de una bolsa de semillas, a medida que avanzaban esparció las semillas en la tierra baldía, las cuales iban brotando al son que tocaba en su flauta, lo cual las alegraba y las hacía calentarse lo suficiente como para crecer.

El águila fue un animal tabú para ser comido, aun en caso de necesidad, y aunque sus plumas resultaban indispensables para confeccionar los bastones de plumas para las ofrendas (junto con las de pavo), estaba prohibido, prácticamente entre todas las naciones indias, su caza o muerte. Para ello, solían atraparlas en los nidos, o bien con una curiosa trampa que consistía en excavar un pequeño foso, donde cupiera el cazador, cubrirlo de ramaje y colocar un conejo o alguna otra presa apetecible encima, mientras el nativo esperaba dentro del agujero. Cuando el águila se abatía para cobrar la presa, era agarrada por las garras y sujeta para su manipulación. A pesar de la aparente facilidad de esta técnica, cualquiera que haya visto de cerca un animal de la envergadura del águila calva americana ( Haliaeetus leucocephalus) sabrá que a estos animalitos conviene tenerlos cuanto más lejos, mejor, y que un adulto intentando zafarse de su capturador es mucho más peligroso que otro abatido de un certero flechazo. Las plumas así conseguidas también eran usadas como ornamentos, dado que cada acción valerosa se premiaba con una de ellas. Los grandes guerreros de las llanuras portaban una diadema de plumas de águila que, a caballo, aun arrastraba por el suelo. Era usual, también, el uso de las plumas de águilas en los bastones de «coups» (bastones de «toque», con los que golpear al contrario en combate), más propias de tribus guerreras, donde cada enemigo vencido y cada acto en combate reportaba un número de plumas, con una decoración individualizada respecto a la hazaña que se había ejecutado. Estas plumas solían exhibirse juntas a lo largo de una vara, recubierta en piel (el bastón de toques). Los Hopi, no obstante lo dicho, se sabe que sacrificaban ritualmente águilas en determinados días de ceremonias.

Entre esta nación Pueblo, Kwatoko es el nombre dado al Gran Águila, que los Acoma y los Zuni llaman como «Alas de Cuchillo». La leyenda dice que este gigante puede robar mujeres y arrancar cabelleras. Los chamanes de las sociedades de cazadores Pueblo obtenían su poder de animales de presa, no solamente leones y gatos salvajes, sino también de todos los tipos de águila americana y algunas clases de halcón.

El modelado de los bastones de caza Pueblo, que se parecen a los bumeranes, se inspiraron en la forma del ala del halcón, que, se dice, fue el primero que poseyó uno, dándoselo posteriormente al hombre. Lo guardaba celosamente debajo de su ala, y por ello la forma. El jefe de caza Acoma o el custodio de los fetiches de caza Zuni, tenía que ser un hombre del clan Águila. Estos bumeranes americanos solían usarse para caza menor en tierra: conejos, ardillas, perritos de las praderas, codornices, etc.

En general, los animales de presa siempre fueron considerados mediadores entre el hombre y Poshayanki [6] en las sociedades curativas Zuni. En el Rezo de Curación, el jefe medicina-del agua de la sociedad Marca de Fuego invocaba:

León del norte, dame el poder para ver la enfermedad.

Oso del oeste, dame el poder para ver la enfermedad.

Tejón del sur, dame el poder para ver la enfermedad.

Lobo blanco del este, dame el poder para ver la enfermedad.

Águila del cénit, dame el poder para ver la enfermedad.

Musaraña de la tierra, dame el poder para ver la enfermedad.

Tú, mi Padre Sol, dame el poder para ver la enfermedad.

Tú, mi Madre Luna, dame el poder para ver la enfermedad.

Todos los Antiguos, dadme el poder .

El águila es el animal que viene del cielo. Su color es el del cénit (arriba), el negro (las plumas de águila, como las de pavo, son negras y terminadas en un penacho blanco). Con algunas variaciones, cada dirección (eran seis) guardaba relación con un animal y con un color, como hemos visto al principio. El amarillo se asocia al norte, y con el puma. El azul representa al oeste, con el oso. El rojo queda para el sur, y el animal que lo representa es el tejón. El negro se usa indistintamente para el cénit y para el nadir (abajo), siendo es este caso el animal, el topo. El lobo es el animal del este, y su color es el blanco. La vida viene del este, y la muerte está al oeste. Por ello los cadáveres eran enterrados enfrentando al este. En la oración, se invocan los poderes de todas las direcciones del espacio, porque el Poder es ubicuo, viene de todos y de todo.

Sin embargo, los Pueblo no interpretan las direcciones como nosotros, porque lo que nosotros llamamos puntos cardinales, para ellos, se señalan a partir de la salida y puesta del sol en los solsticios, por lo que su rosa de los vientos se dispone en diagonal, respecto de la nuestra (es decir, su este es en realidad noreste, punto de salida solar en el solsticio de verano; su sur, un punto en el sureste, la salida del astro en el solsticio de invierno; el oeste en el suroeste, puesta del sol en el solsticio de invierno; y el norte, en el noroeste, puesta del sol en el solsticio de verano).

Tejón

Entre los Zuni, es el dios de las bestias. Aparece en el mito de los orígenes Hopi como sanador. Una niña enfermó en el viaje al sur, y nadie acertaba con el método de curación. Fue entonces cuando el hombre más viejo del clan fue al bosque para encontrar el remedio y allí conoció al Tejón, quien no solo le facilitó la hierba que curó a la niña, sino que instruyó al chamán en todas las plantas y árboles con poderes curativos. En homenaje a esta acción, el clan se bautizó a sí mismo como el Clan Tejón, y hoy es uno de los cuatro clanes más influyentes entre los Hopi, el custodio del Abeto Sagrado. Desde que ocurrió esto, solo un chamán del Clan Tejón puede ser elegido jefe de curadores. Es él, además, el encargado de recoger las hierbas ceremoniales, como ocurre, por ejemplo, en el ceremonial de la Danza de las Serpientes.

Este hechicero se conoció con el nombre de Salavi, y fue un gran hombre santo medicina. Cuenta la tradición que al morir se transformó en un abeto, y de ahí que el clan sea el protector de este árbol, tan importante para la vida del bosque en invierno, que mantiene a una pléyade de herbívoros con sus acículas durante las épocas en que no hay nada que comer. Las kachinas hopi utilizan ramas de abeto en sus danzas, y para los O’odham, sus ancestros se salvaron de la inundación que estuvo a punto de destruirlos en una bola hueca hecha de resina de abeto.

El tejón es el animal patrón de una esotérica y misteriosa sociedad de curadores, los Poboshwimkya, que desapareció en la última mitad del siglo XIX. Fueron una de las pocas sociedades célibes entre los nativos norteamericanos, y ni siquiera podían tocar a una mujer con intenciones afectuosas.

Pavo

El pavo salvaje es un animal ampliamente presente entre los mitos y el folklore. Suele estar unido a significados agrícolas, aunque también se asocia con asuntos de guerra. Para los Hopi, las plumas de pavo simbolizaban la locura y el misterio de la creación.

Existe la tradición entre los Pueblo (excepto los Hopi) de que el Día de Todos los Santos son depositadas en las afueras de las ciudades plumas de pavo bocabajo, apuntando hacia el norte, durante el crepúsculo o la noche. Además de ofrendas de comida, también se suelen enterrar manojos de plumas de pavo en honor a la Madre Uretsete, otra forma de Iyatiku (entre los Keres) o diosa del maíz (hija de la Mujer Araña, cuya hermana gemela es Naotsete).

A propósito del pavo, se recoge un curioso cuento zuni muy parecido al de nuestra Cenicienta. Cuentan que hace mucho tiempo había una pobre chica que cuidaba pavos de otras personas a cambio de algo de comida y ropa. Pero solo le daban prendas usadas para vestir, por lo que su aspecto era sucio, raído, y mostraba el aspecto de años de malos cuidados y falta de nutrición. Se dio el caso de que este Chica de los Pavos llevaba años deseando asistir a un importante baile ceremonial, pero sabía que con su aspecto eso era poco menos que imposible. Así andaba ella, rumiando sus pensamientos, cuando, para su sorpresa, los pavos le dijeron que la ayudarían a asistir a la fiesta. La vistieron con un lujoso traje y adornaron su pelo y su talle con exquisita orfebrería. Antes de que se fuera al baile, los pavos le advirtieron de que tenía que comprometerse y volver pronto, pero, por desgracia, no lo hizo. Disfrutaba tanto que prolongó su danza hasta la puesta del sol, que fue cuando recordó su compromiso. Al llegar al corral, los pavos habían desaparecido, y mientras ella corría tras la bandada, su ropa volvió a hacerse jirones, y su aspecto retornó, sin remedio, al habitual. La Chica de los Pavos volvió a ser la pobre y andrajosa chiquilla que siempre fue…

Perrito de las praderas

El perrillo de las praderas es un tipo de ardilla terrestre (Gén. Cynomys, Fam. Sciuridae) emparentado con las marmotas, de los que hubo varias especies en el subcontinente norteamericano. Perseguidos como amenaza, muchas de estas especies desaparecieron, y hoy se está volviendo a intentar reintroducir en sus lugares naturales, dado que ha podido demostrarse que son imprescindibles para recuperar la biodiversidad original de la pradera. Por ejemplo, su costumbre de eliminar arbustos y brotes arbóreos facilita el crecimiento de la hierba nativa, necesaria para mantener las manadas de bisontes. Se considera lo que se llama, en ecología, un especie «ingeniera» del ecosistema (como, por ejemplo, el castor o las termitas).

El perrito de las praderas es otro motivo común entre los diseños piel roja. Su simbolismo se asocia al agua, y al menos en dos relatos Jicarilla (Apache) se cuenta cómo, en última instancia, Perro de las Praderas salva la vida de un cazador que se queda sin agua y está a punto de morir de sed. No obstante, es curioso que coincide la idea de que no lo sacia, sino que solamente le da lo suficiente, in extremis, para sobrevivir y seguir adelante, una suerte de interpretación de confianza en la potestad divina. En una de esas historias aparece el elemento mágico de un pequeño vaso que, por mucho que uno beba de él, jamás se vacía. Ambos simbolismos están en relación obvia con algún mito de iniciación, donde es en el límite de la necesidad material donde el «alma» se salva con un poco de la sabiduría. Este símbolo queda reforzado por la presencia del vaso mágico, que nunca tiene final, que cuanto más se da y reparte, más es capaz de contener.

Conejo

Este simpático y nervioso animalito comúnmente figura como un tramposo y sagaz personaje en los cuentos indígenas. Por ejemplo, entre utes y paiutes, Conejo causa un incendio planetario al destrozar el Sol y esparcirlo por la tierra, y una posterior inundación con sus lágrimas. La mancha de su espalda fue causada por el Sol, y esta broma originó la contienda donde Sol tuvo las de perder frente a Conejo.

Mapache

Es otro personaje revoltoso e inteligente. A veces aparece asociado a Coyote, a veces él solo. Siempre hambriento, buscando comida, es capaz de engañar a cualquiera por conseguirla. Se cuenta que llegó a robar a su propia abuela bellotas que esta tenía para pasar el invierno, pero fue descubierto. Ni corta ni perezosa, la abuela le atizó en la cara con la rama con la que estaba removiendo las brasas, quemándole el rostro y dejando para siempre esta marca como de antifaz, que identifican fácilmente al animal.

Lobo

El lobo es un pariente del zorro y del coyote, y como tal, intercambia sus papeles con ellos. En algunas ocasiones, incluso, es quien crea a Zorro y Coyote. Es un cazador poderoso, y a veces, como ellos en general, pero sobre todo como Coyote en particular, es un héroe cultural que reúne la primera tierra seca, conforma la primera humanidad o da paso a las estaciones, como entre los Utes, donde Sunawavi (el Lobo) también fue quien trajo el fuego a los humanos. Entre los Zuni, era el Dios Animal del Este.

Más al norte, entre los pawnee, Lobo es un dios celeste que fue derrotado por Estrella de la Mañana.

Zorro

El zorro es uno de los compañeros más comunes de Coyote, pero que a menudo demuestra ser un falso amigo, robándole la comida. En otras ocasiones acompaña al lobo, y entonces suele vencerle en cualquier duelo con su astucia. En algún mito aparece como héroe, pero el papel común de Zorro es siempre menor. En cierta leyenda apache Jicarilla sustituye a Coyote, porque cuentan cómo en un principio las luciérnagas guardaban el secreto del fuego. Fue el zorro quien las engañó, les robó el fuego y se lo dio a la raza humana.

Oso

El oso es uno de los animales más comunes en los mitos nativos americanos, donde la mayoría de las veces aparece como amigable e inteligente. A veces es taimado, malicioso y perverso. Puede ser un héroe cultural, un compañero, un señor de los animales o un jefe del inframundo, capaz de otorgar poder y sanación. Sin embargo, es entre las culturas del noroeste donde el oso posee una mayor presencia e importancia, como entre los algonquinos, en cuyas danzas rituales aparece como eje central la figura del oso.

Debido a la capacidad del oso de hibernar, asumen el simbolismo de la renovación y el cambio estacional. Comer carne de oso era un tabú entre las tribus de las praderas, que decían descender del oso. En la mayoría de las tribus, el oso figura en los ritos básicos de iniciación para los jóvenes, ya sea para chicos o para chicas, en ceremonias chamánicas y en procesos de curación ritual.

Del oso toman la fuerza los guerreros y los cazadores, y entre los Pueblo (antiguos y modernos) se celebraban algunas danzas de primavera en el momento en que los osos despertaban, para darles la bienvenida y que su presencia no causara daño en el poblado. Una kachina Oso, llamada Aincekoko entre los Zunis, toma parte en esta danza, y para ellos el oso es el dios de las bestias, simbolizando el oeste. Entre las tribus del cañón del Colorado (los Havasupai), el oso fue el primer gran chamán, y por eso los sanadores suelen fortalecer su poder en forma de piel de oso que visten durante el proceso de curación, así como llevando collares de sus garras, dientes y pelo de estos animales. Además, suelen pintarse símbolos de osos (su silueta o sus huellas generalmente) sobre la cara y el cuerpo. El cráneo del oso es un elemento imprescindible en los altares en muchas de las ceremonias Pueblo. Entre los Navajo, el oso forma parte imprescindible del ceremonial del Camino de la Montaña.

Mariposa

La mariposa es una figura especialmente prominente entre los mitos y rituales Hopis, apareciendo frecuentemente desde los restos prehistóricos de cerámica a la Danza de la Mariposa, que todavía se practica. Hay un Clan Mariposa entre los Hopis Pueblo, y también una kachina que personaliza la mariposa. Los Navajo la incluyen en sus ciclos de historias, y los apache Jicarilla consideran que las mariposas son bellas muchachas que al pasar a este nivel desde el inframundo se convirtieron en estos coloridos animalitos. Una kachina Zuni, Paiyatemu (héroe cultural, símbolo de la juventud, que trae de vuelta a la tribu a las Damas del Maíz), posee una flauta mágica de la cual, cuando toca, surgen mariposas que revolotean a su alrededor.

En cierta leyenda, el Creador, para compensar los inconvenientes de la ancianidad, regaló a un grupo de felices niños que vio jugando una bolsa en la cual introdujo todo lo bueno de la vista y todo lo bueno del sonido que los ancianos suelen perder. Cuando los niños, sorprendidos, abrieron la bolsa, de ella surgieron mariposas, vestidas con los colores más hermosos del universo, y dotados del poder del canto. Así los niños podrían disfrutar en el presente lo que en el futuro iban a perder. No obstante, el pueblo Pájaro se sintió celoso, y reclamó su exclusividad en el trino, por lo que el Creador retiró a las mariposas la facultad de cantar.

Muchacha de las Flores es un personaje mitológico de los apache Montaña Blanca. Esta bella mujer era hija de un hombre medicina, y no podía elegir con quién casarse. Su corazón, además, estaba dividido entre dos guerreros. De acuerdo con la costumbre, se celebró un concurso (las apuestas, los juegos y los concursos son muy populares entre los indios) para definir quién acabaría casándose con ella. Entre las pruebas se incluía la captura de un caballo salvaje, recoger sillas de colores del fondo profundo de un poderoso río, y cobrar una pieza de caza capaz de alimentar una familia con una sola flecha. La siguiente prueba consistió en defenderse, desarmados, frente a numerosos enemigos, y los aspirantes a marido, Kosowa y Tomoka, superaron ampliamente todos los requisitos. El desafío más importante, y el final, se llamaba el regalo del Padre Cielo, donde cada uno de los guerreros debería conseguir un don especial obtenido de los espíritus, que debía ser presentado al chamán para que este decidiera cuál era el merecedor del premio. Kosowa volvió con un ternero blanco de búfalo. Tomoka, aparentemente, solo pudo traer un tambor bonitamente decorado, lo que pareció indicar que Kosowa sería, finalmente, el pretendiente afectado.

No obstante, Tomoka empezó a declarar que su tambor era un regalo directo del Gran Espíritu, con el poder de alejar la sequía para siempre. Para demostrarlo, Tomoka se sentó y comenzó a golpear el tambor con una cadencia profunda y solemne, e inmediatamente empezó a llover…

El destino quiso que en ese momento la tribu fuera atacada por invasores del norte, y fue necesario recurrir a los guerreros para combatirlos y echarlos de las tierras de la tribu. Tal fue así, que la doncella no pudo realizar su casamiento, y durante meses tuvo que esperar la vuelta de los guerreros. Esta, sin embargo, jamás se produjo, porque ambos murieron en combate y además no pudieron rescatar sus cuerpos y llevarlos a la aldea. La gente intentó consolar el corazón roto de Muchacha de las Flores sin conseguirlo, y la muchacha decidió ir a buscar a sus amantes. El Creador quiso ayudarla y convirtió los colores de los escudos de combate en flores, para que la muchacha pudiera localizar a sus amantes sobre el campo con facilidad, pero el número de caídos eran tan grande que el Gran Espíritu comprendió que nunca tendría tiempo de hacerlo. Fue así como decidió transformar a Muchacha de las Flores en mariposa, que desde entonces vuela de flor en flor buscando los colores exactos que puedan delatar el lugar donde yacen sus amores caídos.

Tortuga

En la constante de buscar un origen a las características físicas animales, o a cómo las personalidades animales influyeron en distintas partes de nuestra propia personalidad como seres humanos, la tortuga otorga larga vida. En principio, según la leyenda, parece ser que fue un animal que acostumbraba a llevar grandes cargas, pero que con el tiempo se cansó y fue encorvándose, hasta adoptar su forma actual. Una de las cosas que sostuvo fue la tierra seca, nadando sobre un lago en el cual flota nuestro mundo. Esta idea sugiere el uso de la tortuga en algún mito de la creación, en el que esta surge de las aguas primigenias en forma de Tierra Seca, representada por el caparazón de una tortuga.

Debido a su lentitud, como en las fábulas clásicas, los demás animales la ridiculizan. Sin embargo, Tortuga es respetada como una poderosa chamán, guardiana de la salud espiritual o destructora de monstruos. Con sus garras, cava y cava, siendo capaz de separar las aguas primordiales de la primera tierra.

Entre otras tribus, una gran inundación destruye el humanidad y la expone a monstruos gigantes acuáticos, y es entonces cuando Tortuga se convierte en héroe civilizatorio, salvando al ser humano (indios Caddo y Arikaras de Oklahoma, por ejemplo).

Con su caparazón se fabrican sonajeros sagrados, cuyo repiqueteo característico resuena en todo ceremonial Pueblo, en toda danza, en toda obra escénica, ritual familiar o social.

Puma

Es otro poderoso animal; de hecho, el felino más grande de Norteamérica. Se considera otro dios de las bestias, como el oso, y entre los Zuni se asocia al norte.

En las narraciones sobre las diferentes emergencias, Puma suele aparecer de una manera u otra. Por ejemplo, para los Keres, Puma custodiaba el shipap, el lugar por donde emergieron a esta realidad. Entre los Tewa, los espíritus que pretendían emerger enviaron a un ser humano a explorar el mundo superior. Cuando este regresó, lo hizo en forma de León de Montaña.

Es una figura invocada entre la Gente Nube (espíritus benevolentes que rigen la lluvia, pero que también son los espíritus de los seres humanos buenos, que pueden llegar a convertirse en miembros del Pueblo Nube). En una oración invocando la lluvia puede leerse: «León del Norte… intercede(d) por nosotros con la Gente Nube, para que rieguen la tierra» [7] .

Nutria

El perfil ecológico de la nutria la hace un animal idóneo para ser un «rescatador» de la Tierra seca desde el fondo del agua. Así aparece representada en no pocos mitos a lo largo de toda Norteamérica.

En cierto mito Navajo, las nutrias son tan pícaras y astutas que consiguen incluso engañar a Coyote.

Cierto día, las nutrias retozaban jugando en una poza del arroyo. Coyote, curioso, se acercó a ellas y preguntó si podía unirse al juego, pero las nutrias se negaron, conocedoras de lo engañoso que Coyote podía llegar a ser. Coyote, zalamero, insistió tanto que al final las nutrias aceptaron su participación. Como había que apostar algo, Coyote apostó su propia piel. Coyote perdió, y las nutrias le arrancaron la piel de la espalda sin piedad, mientras gritaba de dolor. Al terminar, Coyote se arrojó al agua en un intento de recuperar su piel, cosa que no sucedió. Se tiró y volvió a salir del agua tantas veces que al final quedó dormido, y las nutrias, apiadadas de él, lo enterraron en un agujero de tejón (recordemos que era un animal sanador), del que, ahora sí, emergió con una piel reciente y nueva. Sin embargo, su piel no era la de antes, lustrosa y brillante como la de las nutrias, sino un pelaje áspero y aburrido, el pelo que los coyotes han usado desde entonces.

Coyote no aprendió la lección y repitió el desafío. Como esta vez no tenía una piel bonita que ofrecer, las nutrias rechazaron su lance, y Coyote se retiró malhumorado a lo alto de un acantilado desde donde siguió insultando a las nutrias, intentando participar en el juego. Hastiadas de esta actitud, las nutrias pidieron ayuda al Pueblo Araña, que treparon por el acantilado detrás de Coyote tejiendo fuertes redes en árboles y arbustos. Cuando terminaron, las nutrias atacaron a Coyote, que, al huir, pronto quedó atrapado en las telarañas. Las Golondrinas del acantilado volaron entonces desde las paredes del cañón y destrozaron a Coyote, llevándose fragmentos a sus nidos. Le rasgaron la piel en tiras que se pusieron alrededor de la cabeza. Es por eso por lo que estos pájaros tienen bandas en la cabeza hoy en día.

Muerto Coyote tras todas estas peripecias, volvió de alguna manera a la vida. Pero lo hizo enconado contra golondrinas, arañas y nutrias, ante lo mal que lo habían tratado, por lo que se dice que todavía está rumiando su venganza.

Pájaro trueno

Pájaro Trueno o Ave del Trueno es un poderoso icono simbólico, un animal fantástico que aparece en los mitos piel roja de todas las naciones. Es un ave gigante, con poderes sobrenaturales asombrosos. Los relámpagos hienden el aire cuando Ave Trueno abre y cierra sus ojos, y provoca el trueno cuando bate sus vigorosas alas. Se dice entre los Pueblo que cuando un jefe del Clan Ave Trueno muere, es usual escuchar truenos en la lejanía. Águilas y halcones son representantes de este ser para-dimensional, y de él reciben en última instancia sus atributos.

Influenciados en el Popol Vuh (algo que no es de extrañar, porque las rutas comerciales entre las Cuatro Esquinas y Mesoamérica estuvieron abiertas durante milenios, mucho antes de la llegada de los europeos), Ave Trueno gusta de jugar al juego de pelota, y ya sea por su fuerza, por su sabiduría o por sus artimañas, siempre gana cuando lo hace.

Puede aparecer también luchando contra monstruos y seres gigantes, como el duelo que mantuvo frente a las Serpientes de Agua, según relatos Lakota.

Los Thunderbirds también fueron una valiente división de nativos americanos que participó activamente en la II Guerra Mundial. Desde el norte de África y bajo el mando de Patton, avanzaron a través de Sicilia, Francia, los Países Bajos y Alemania, hasta liberar los campos de exterminio nazis. Patton, no muy dado a elogios, llegó a decir de ellos que «era una de sus mejores divisiones, si no la mejor». Capturaron más de 30.000 prisioneros.

Su emblema es un cuadrado (por las Cuatro Esquinas y los cuatro Estados), el animal del centro es el Ave Trueno en su forma tradicional y, atención, los colores rojo y amarillo representan un homenaje al pasado de estos cuatro Estados, de fundamental herencia española . El símbolo, era, en principio (dado que la División Thunderbird no se creó para su lucha en la II Guerra Mundial, sino mucho antes) un esvástica, símbolo muy utilizado por los Pueblo Ancestrales, sobre todo en cerámica y cestería. Pero cuando a Hitler se le ocurrió utilizar esta cruz, las insignias de los soldados hubieron de ser cambiadas por completo. El motivo utilizado finalmente fue un diseño de Woody Big Bow, artista kiowa. Netflix ha rodado una serie con las hazañas de estos soldados.

Cuervo

Es un animal que suele ocupar el papel de Coyote como personaje astuto y tramposo, sobre todo en las tribus del noroeste del Pacífico (en América, pero también en Asia). Se relaciona con la figura antropomorfa Montezuma (no confundir con el último emperador-tlatoani -azteca, Moctezuma), un héroe cultural entre los O’odham. Para ellos, fue el primer hombre, creado con barro por el Gran Misterio.

Es creador de la humanidad, y por diferentes caminos le regala el bien de la Luz (simbolizado en el fuego). Entre los Pueblo, Águila o aun Halcón asume el papel que Cuervo tiene en los mitos del norte helado.

Correcaminos

El correcaminos real tiene poco que ver con el pícaro personaje de la Warner, siempre en disputa, como posible cena para un hambriento coyote. Es un ave emparentada con los cucos, pero terrestre, cuello mucho más corto que los dibujos, larga cola (que usa para mantener el equilibrio en los giros a la carrera), de unos 60 cm de largo y entre 40 y 50 cm de alto. Vive en los desiertos y subdesiertos de Norteamérica, hasta cerca del Yucatán, en Méjico.

30 Correcaminos

Para los Apache, Correcaminos fue quien trajo el fuego, o más bien, lo recuperó. Cierto día en que la tribu había salido a cazar, abandonó a su suerte el fuego tribal con tan mala fortuna que no previeron las lluvias que apagaron la hoguera. De vuelta, tiritando de frío, lamentaron su descuido y pidieron ayuda a Correcaminos. Este prometió ayudarlos, y trepó a la montaña donde vivía el dios del rayo, a rogarle le entregara un palo de fuego para los humanos. Encolerizado por el atrevimiento, el dios se negó entre relámpagos y truenos terribles. Correcaminos no solo no se amilanó, sino que con sus recias patas agarró uno de los palos del fuego, lo colocó sobre su espalda, enroscó las plumas de su cola sobre él, y se lanzó en una carrera desesperada montaña abajo, mientras el dios del rayo le lanzaba flechas encendidas.

Correcaminos pudo refrescarse en un arroyo y llevar el fuego a los hombres, pero las hermosas plumas de su penacho habían sido chamuscadas, excepto un pequeño puñado, sus ojos habíanse vuelto rojos por el calor y el humo, y su espalda mostraba una línea pardusca donde había sostenido la tea ardiente. Ese es el aspecto, desde entonces, que tiene el correcaminos, y cuando se le oye cantar al atardecer o al amanecer, cuando está de caza, el hombre sonríe agradecido y recuerda la hazaña de este valiente pájaro.

En otra leyenda del suroeste, Correcaminos es el líder de las aves, porque cuando los pájaros discutieron entre ellos para elegir a un jefe, no se pudieron de acuerdo. No se decidieron por la oropéndola, a pesar de sus plumas doradas y hermosas, porque era un pájaro muy silencioso. Tampoco señalaron al alcaudón, porque, todo lo contrario, era demasiado hablador, y propenso a burlarse de todo y todos. Tampoco el arrendajo [8] , que sumaba a los defectos de sus predecesores el ser un redomado fanfarrón. Finalmente se decidieron por Correcaminos, no solo porque hablaba bien, sino porque su rapidez le permitiría puntualidad en todas y cada una de las futuras reuniones. Sentido práctico.

Búho

Dada su conducta tan característica, el búho suele aparecer en todos los panteones del mundo como símbolo de sabiduría. Mayormente, entre los nativos americanos ha jugado como un espíritu sabio y amistoso, a menudo en relación con la Luna. Es una figura prominente entre los Pueblo del norte de México. Para algunas tribus, es un consejero sabio y amigable. Para otros, es un protector que advierte contra el peligro o un enemigo que se acerca; o un profeta que predice el clima, la muerte inminente o la llegada de buenas nuevas.

Entre los Apache, Búho era un monstruo de carácter malévolo y corrosivo. Entre los Dinéh (Navajo) se explica el origen del búho, cuando al monstruo Águila de la Roca le cambiaron los polluelos, dando comienzo a esta nueva raza de pájaros.

Los animales y la curación

Las sociedades curativas Keres suelen ser los grupos dominantes en las ciudades de estos Pueblo, y las prácticas y creencias de sus chamanes reciben la máxima atención. El origen de la curación o el chamanismo Keres se piensa que se basa en la posesión por parte de los doctores de poderes animales asociados con enfermedades. De esta manera, los doctores, poseyendo los poderes de los hechiceros o brujos, pueden actuar como ellos, y utilizan el mismo poder que causa la enfermedad para curarla (magia por empatía, una suerte de cura homeopática). De igual manera, los hechiceros pueden transformarse en animales, así que poseen el poder de la sanación. La transformación en animal y la obtención de poder desde los animales son los dobles aspectos del concepto de espíritu familiar o espíritu guardián, sostenido por muchos pueblos indios, o con la idea de animal tótem (aunque un tótem tiene significaciones rituales y sociales diferentes en algunas regiones, como entre las naciones indias de la costa noroeste del Pacífico. Entre los Pueblo, este concepto es colectivamente compartido entre las distintas sociedades y clanes. No obstante, la diferencia entre el poder de un chamán y el poder de un brujo radica en la individualidad de este último, mientras que el primero pertenece a una sociedad donde es iniciado, cuyos ritos y ceremonias son los que le dotan de poder.

998 Figuras deformes

Un hechicero puede causar daños individuales o a una comunidad al completo, enviando epidemias o provocando inundaciones, incluso enfermando, matando personas. En este último caso es donde entra el uso del animal, porque «envía» soplando al cuerpo de la víctima insectos, gusanos procedentes de un cadáver, trozos de ropa de un difunto, huesos, espinas… y un largo etcétera de elementos que, dotados de la magia del brujo, causan el efecto deseado. Un hechicero puede destruir cosechas, soplando y enviando de esta forma orugas o saltamontes a los campos que se busca dañar.

Este recorrido, aunque prolijo y extenso, no deja de ser una muestra diminuta de ejemplos a los que nos hemos acercado con la mentalidad racional del mundo europeo. Los animales, para estas culturas, representan una dimensión distinta pero que interpenetra la nuestra, y aparecieron con nosotros para compartir el mundo. Incluso, al principio, nos ayudaron, nos instruyeron, nos facilitaron la supervivencia. Los animales nos convirtieron en hombres y mujeres, y recibimos el encargo sagrado de cuidar de ellos.

Quizás, llegados a este punto, merezca la pena volver a ser un poco animales para recuperar nuestra auténtica esencia de seres humanos.



[1] Dice Clews Parson (1939) que casi cualquier espíritu o deidad puede ser representado como una kachina, si se personaliza con la máscara y los elementos simbólicos apropiados. La kachina, pues, no es el danzante, no es el chamán en la ceremonia o en el baile, pero la kachina está allí porque es capaz, si la ceremonia funciona bien y cada miembro cumple con su papel, de «encarnar», se hace presente a través de la enorme maquinaria espiritual de la ceremonia.

[2] Para los actuales Pueblo, los Pueblo Ancestrales, sus lejanos antepasados, no vienen de ningún lugar del mundo. Según las tradiciones, vienen de un tiempo, porque hablar del origen supone mezclar el tiempo y el espacio. Se puede estar hablando de dónde, cuando en realidad se explica el cuándo. Algunas historias de la Creación de los nativos americanos cuentan que llegaron a su tierra escalando desde el mundo o mundos de abajo, y dónde está la entrada a ese mundo, por dónde surgieron y hasta dónde tenían que llegar en sus migraciones son detalles que varían, pero no mucho, de unos Pueblo a otros.

[3] Abuela Araña es el equivalente de Mujer Araña entre los Hopi.

[4] El pájaro gato gris (Dumetella carolinensis) no es un animal mítico fantástico, sino el único representante de su grupo, y que se llama así porque su canto parece un maullido. No se conoce el nombre original de este pájaro, dado que en la época en la que surgió este mito, no había gatos en Norteamérica. Aprovechemos para señalar la clara influencia cristiana que, ya en el s. XVI, los religiosos españoles insuflaron en este relato y que todavía perdura.

[5] La pequeña, dicharachera y semiterrestre ardilla listada ( chipmunk), Gén. Tamias y Gén. Eutamias.

[6] Líder de los dioses animales Zuni, los seres encargados de las Seis Direcciones. Es un héroe civilizatorio que fundó la medicina y capitanea las ceremonias de curación.

[7] Blancas nubes flotantes, / nubes como las llanuras, / venid y regad la tierra. / El sol abraza la tierra / para que sea fructífera. / Luna, León del norte, / Oso del oeste, / Tejón del sur, / Lobo del este, /Águila de los cielos / Musaraña de la tierra, / Anciano héroe de guerra, / Guerreros de las seis montañas del mundo, / interceded por nosotros con la Gente Nube, / para que rieguen la tierra. / Recipiente de medicina, recipiente de nube y jarrón de agua, / dadnos vuestro corazón / para que la tierra sea regada. (Pate, 1974).

[8] En realidad, un «blue jay», un cierto tipo de córvido azulado hermosísimo que no tiene nombre traducido al español.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Viernes, 01 Enero 2021 00:00

La dignidad de los animales

En la medida que se ha estudiado mejor a los animales y se les conoce con más profundidad, se ha descubierto que poseen una vida psíquica compleja. Por otro lado, la falta de capacidad racional en los animales no es un dogma unánime, dado que hay teorías filosóficas y estudios biológicos que defienden que los animales pueden ser cualificados como seres racionales —por ejemplo, los grandes simios—. Es hora de plantearnos lo que significa respetar la diginidad de los animales.

La Declaración Universal de los Derechos de los Animales, auspiciada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), declara en su artículo núm. 10, letra b): «Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de animales son incompatibles con la dignidad del animal (cursiva del autor)». En este documento de 1977 encontramos la primera referencia a la dignidad de los animales. Se la relaciona con la exhibición pública, como si los animales poseyeran un cierto sentido del pudor, de lo íntimo. La Ley 1/1992, de 8 de abril, de protección de los animales que viven en el entorno humano, de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares, prohíbe en el artículo 64 el uso de animales como medio de reclamo o complemento de una actividad autorizada en las vías y espacios libres públicos. Otras leyes autonómicas de España establecen prohibiciones en el mismo sentido. En la normativa suiza relativa al bienestar y la protección de los animales, la dignidad de los animales se define como una característica intrínseca de los mismos que debe respetarse en todo momento.

Cuando el legislador prohíbe algún tipo de conducta es para defender algo que considera valioso para la comunidad. Esto es lo que llamamos los juristas el bien jurídicamente protegido. En las normas citadas, ¿cuál es el bien que se ha protegido? No es el bienestar físico. En aquellas conductas prohibidas no es forzoso que se le provoque dolor al animal. Si lo que se protege no es el bienestar físico de los animales, ¿qué se está protegiendo? Lógicamente, el bienestar psicológico; se protege la psiquis del animal del padecimiento que le puede producir ser objeto de exhibición pública o el uso meramente utilitarista del mismo. Este derecho de los animales que conviven en el entorno humano nos lleva a una pregunta: ¿pueden los animales valorarse a sí mismos de tal manera que sufran lo que llamamos un trato o una vida «indignos»?

En la medida que se ha estudiado mejor a los animales y se les conoce con más profundidad, se ha descubierto que poseen una vida psíquica compleja. Por otro lado, la falta de capacidad racional en los animales no es un dogma unánime, dado que hay teorías filosóficas y estudios biológicos que defienden que los animales pueden ser cualificados como seres racionales —por ejemplo, los grandes simios—, que perciben el mundo, lo observan, lo representan y actúan una vez que han procesado la información recibida. Los animales desarrollan vida subjetiva, no idéntica a la que desarrolla el ser humano, pero sensitiva cuando menos.

El concepto de «dignidad» no es unívoco y ha sufrido cambios desde la Antigüedad hasta nuestros días. Los fundamentos de la dignidad humana han sido básicamente los siguientes: a) el humano es la mejor creación de la divinidad; b) el ser humano es racional y libre; y c) el individuo es un ser con autonomía frente al Estado.

leopardo

¿Es posible encontrar en estas definiciones un denominador común? Sí. Posiblemente sea el valor de la persona considerada por sí misma, esto es, la valoración que cada persona hace de sí misma y que se explicita en cómo merece ser tratada y considerada.

Veamos si ese denominador común de la dignidad puede aplicarse a los animales y cómo podemos expandir las categorías que hasta hace poco creíamos exclusivas del hombre a otras criaturas. Hemos indicado que la identidad individual es uno de los denominadores comunes de todos los conceptos históricos que sobre la «dignidad» se han dado. Sabemos que cada animal tiene una identidad que lo hace único. Esa identidad se compone, como en el humano, del ser que ha llegado a ser (especie) y de los comportamientos que necesita para seguir evolucionando (individuo). Así, un delfín es único, en primer lugar, porque es delfín y, en segundo lugar, porque cada delfín es diferente al resto de sus congéneres. Cada especie tiene un valor en sí misma y cada individuo de cada especie tiene, asimismo, un valor autónomo.

La personificación del valor de la identidad individual es la dignidad. Por esta razón, la dignidad se predica de la persona, de un centro/sujeto que se reconoce a sí mismo y que los demás reconocen como sí-mismo. La «persona» no es sinónimo de ser humano, sino la personificación de su valor como individuo. Los animales también son personas, porque cada uno personifica un valor, el valor de su individualidad, de su historia y de su futuro. La protección de ese valor (la dignidad) es tarea de las leyes y se instrumenta a través de los derechos. Las leyes no pueden crear los derechos fundamentales e inalienables de las personas. De la misma manera, los animales no tienen derechos porque las leyes lo establezcan así. Ellos también poseen derechos fundamentales que las normas jurídicas van reconociendo en la medida que va mutando la mentalidad de la sociedad.

Desde Kafka a los recientes nobeles de literatura John M. Coetzee (2003), Doris Lessing (2007) o el príncipe de Asturias, Paul Auster (2006), todos han reivindicado la dignidad de los animales. Asociaciones de eminentes juristas trabajan y luchan en los tribunales por el reconocimiento de la dignidad animal. Esta historia no ha hecho más que empezar. Lo poco que se ha descubierto sobre la vida animal ya ha hecho tambalear los fundamentos ideológicos del antropocentrismo. Lo que vayamos descubriendo en los años venideros revolucionará la concepción que el hombre tiene de la naturaleza.

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Viernes, 01 Enero 2021 00:00

Inteligencia colectiva en los animales

Que hay cierto tipo de inteligencia entre los animales es algo obvio. Tal vez no la misma que entre los humanos, o no en todas las especies de la misma manera. Quizás no lo tengamos que llamar inteligencia, pero son comportamientos que nos hacen reflexionar sobre los mecanismos inteligentes que la naturaleza muestra a través de sus hijos del reino animal.

Ygrámul, el Múltiple

Un gigantesco ser cruza el espacio. Causa cierto temor, porque se contornea continuamente con gran ostentación, aunque las cambiantes formas que adopta tienen una extraña belleza.

Parece comportarse como Ygrámul, el Múltiple, el personaje literario de Michael Ende de La historia interminable. Atreyu, el héroe que cumple una misión, está preparado para hacer frente a esa extraña una criatura, desconocida para él. Cuando entra en sus dominios, oye un estruendo y se encuentra con algo descomunal. Tan pronto es una araña gigante como una enorme mano con garras, o cualquier otra forma de tamaño extraordinario, en permanente movimiento, modificando continuamente su aspecto. Súbitamente, se da cuenta de que aquel ser no es un solo cuerpo sólido, sino que se compone de innumerables microseres que se combinan y recombinan en multitud de apariencias. En ese momento, comprende por qué lo llaman «el Múltiple».

Pero no, en esta ocasión no es Ygrámul, sino una enorme bandada de aves. Podríamos decir que tiene algo en común con el personaje de ficción. Pero... empecemos por el principio.

Nosotros, usted y yo, no vemos directamente a la mayor parte de los seres vivos de este planeta. Y, sin embargo, son tan importantes que usted y yo no existiríamos sin ellos. Muchos de ellos pertenecen al reino animal y los hay de todas las escalas laborales, ocupándose de cuestiones tan vitales como equilibrar los componentes de la atmósfera, reciclar los desechos, enriquecer el suelo, etc. Cuando estropeamos su labor, nosotros mismos nos colocamos entre los damnificados, pero no terminamos de ser conscientes de esto y seguimos poniendo en peligro el equilibro general. Así que, ¿quién es el inteligente: nosotros, que dañamos nuestra propia casa y lo que la hace habitable o los animales, que viven su existencia y cumplen su destino sin perturbar el orden del planeta?

La naturaleza es sabia, pero ¿también los animales?

Algunos seres del reino animal, puede que no sean inteligentes, pero se comportan como si lo fueran.

El leopardo de Amur (a punto de extinguirse, por cierto) no puede comer en exceso porque perdería agilidad. Al vivir en Siberia, no puede permitirse tampoco desechar la comida, así que la almacena y regresa a su despensa cuando lo necesita. Muchas otras especies practican este comportamiento previsor y beneficioso.

Otras conductas curiosas son similares a la de algunas cabras del Cáucaso, que bajan a lugares específicos fuera de su recorrido habitual solo para ingerir una dosis de tierra cuando les faltan los minerales que necesitan y que no están incluidos en su dieta en la montaña. Nosotros, para tomar una decisión de este tipo, necesitaríamos primero que un especialista nos diagnosticara por qué nos encontramos débiles.

La respuesta de algunos animales luminosos, como algunos insectos y seres marinos, es ingeniosa. Ya el hecho de llevar una bombilla incorporada los hace interesantes, pero utilizarla intermitentemente para obtener beneficios a la hora de alimentarse y reproducirse, como en el caso de las luciérnagas, les permite resolver muchos problemas de supervivencia.

Algunas «inteligencias» son un poco escalofriantes, como la de algunas crías de ave que nacen en un nido donde los progenitores pusieron dos huevos; para resolver su futuro, toman una decisión sorprendente. Las modernas técnicas de filmación nos permiten constatar la singular escena: un polluelo que solo tiene de polluelo la forma, sin plumas y casi sin ojos, recién salido del huevo, hace una serie de movimientos a trompicones, aprovechando que sus padres se han ido del nido a buscar alimento, y consigue lanzar al vacío al otro huevo, que se retrasó un poco en eclosionar. No se puede negar que cumple a la perfección el dictado de la naturaleza de sobrevivir. Casi estaría preparado para la vida moderna entre los humanos.

Si buscamos más ejemplos de lo que puede parecernos una conducta inteligente, ahí está la hormiga saltadora, uno de los bichitos más mortíferos de Australia, cuyo veneno podría acabar con una persona. La hormiga en cuestión es un fenómeno enlosando su nido. En invierno, recubre sus montículos-hormigueros con materiales oscuros para conservar el calor, y en verano los sustituye por piedras blancas para reflejar el calor del sol y mantenerlo fresco. Sin despeinarse.

Que hay cierto tipo de inteligencia entre los animales es algo obvio. Tal vez no la misma que entre los humanos, o no en todas las especies de la misma manera. Quizás no lo tengamos que llamar inteligencia, pero son comportamientos que nos hacen reflexionar sobre los mecanismos inteligentes que la naturaleza muestra a través de sus hijos del reino animal.

Arquitectos sin planos

Uno de los talentos más aplaudidos es el de esos animales que nacen con el título de arquitecto bajo el brazo. Los hay para todos los gustos.

Algunos pájaros tejedores de África construyen nidos colgantes espectaculares con ramas sólidamente trenzadas, sujetos de manera que se ven al completo, pero con la utilidad de que los huevos se ven pero no se caen.

Los pájaros jardineros o pájaros glorieta, en cambio, prefieren la decoración tipo porche, cada uno a su manera y con diferentes estilos. Un solo pájaro construye una glorieta en la que puede entrar una persona agachada, y la decora armoniosamente con bellas flores del lugar y objetos brillantes o coloridos, como piedras o caparazones de escarabajos.

Entre los mamíferos, el castor es un reconocido maestro. En diez minutos puede talar un árbol de 25 cm de diámetro y construir diques que retienen el agua suficiente para hacer inaccesible su vivienda y su despensa a los visitantes inoportunos. Otro mamífero, el perrito de la pradera, construye complejos sistemas de túneles subterráneos con agujeros que descienden verticalmente hasta tres metros y pasadizos de hasta cinco metros de largo, con redes que pueden conectar hasta seis madrigueras preparadas para no inundarse.

Como representantes de los insectos, tenemos a las abejas, que construyen panales paralelos para provocar un aumento de temperatura que los haga más modelables; o a algunas termitas, que levantan sus grandes construcciones cónicas provistas de conductos de ventilación, pilares y cámaras.

Trabajo en equipo

Si hay alguien que entiende lo que significa trabajar en equipo, esos son los animales. La conducta solidaria les reporta muchos beneficios.

Lo más básico es comer, y para conseguirlo se forman brigadas de delfines, lobos o algunos tipos de halcones. Las leonas son especialistas. Sigilosamente, toman posiciones y se hacen invisibles para la presa, a la que tienden una trampa y le cortan la retirada, haciendo que estalle la hierba a su paso en forma de leona cuando huye despavorida.

En otra zona del globo, las ballenas cazan en familia atiborrándose durante el verano antártico de kril (banco de crustáceos diminutos). Cuando el kril está en la superficie, simplemente abren la boca y se los tragan a millones. Pero cuando no es así, estos animales de más de cuarenta toneladas cooperan zambulliéndose profundamente y encerrando al kril en una espiral de burbujas que los agrupa y los convierte en su merienda.

No solo para comer se reúnen los animales; también para llegar al día siguiente. Los pingüinos emperadores pasan el invierno en la Antártida soportando temperaturas de hasta 70º bajo cero y vientos de 220 km/h. En una tierra cubierta por una capa de hielo de 5 km de espesor, los machos sobreviven a grandes tormentas mientras protegen cada uno un huevo, ya que su hembra está alimentándose a 180 km en el mar y traerá comida para el polluelo que nacerá cuatro meses después. Subsisten en colonias de hasta 25.000 ejemplares formando una apretada espiral que se mueve. Los pingüinos de la parte exterior caminan hacia adelante sin perder contacto con los de la fila interior contigua. Poco a poco, se introducen en la siguiente vuelta, y luego en la siguiente, hasta llegar al centro de la masa compacta circular de pingüinos. Allí no hace frío, reponen fuerzas y siguen caminando hacia adelante, hasta volver al exterior y repetir el ciclo una y otra vez. Reconozcamos que sobrevivir en estas condiciones tiene su mérito.

Los grupos animales tienen mayor capacidad para solucionar problemas y una forma de tomar decisiones que podríamos denominar “inteligente” para entendernos, pues esas respuestas no se producen en ejemplares aislados.

Desplazamientos multitudinarios

Capítulo aparte merecen las grandes migraciones animales. La más importante, denominada la Gran Migración, reúne a más de un millón de cuadrúpedos, entre ñus, cebras y gacelas preferentemente, que se desplazan en conjunto cada año con el cambio de estación. Siempre de viaje, recorren 2900 kilómetros por motivos tan interesantes como comer (y, por tanto, sobrevivir) o reproducirse (y, por tanto, que sobrevivan sus descendientes). Las migraciones son un fenómeno del mundo animal que nos asombra por su magnitud, por su ritmo estacional y por la lucidez en escoger los destinos más propicios para los fines que busca el grupo.

Una de las migraciones más llamativas es la de los cangrejos de la isla de Navidad. Millones de crustáceos salen de sus escondites subterráneos para reproducirse en el mar, aunque para ello tengan que atravesar zonas urbanas, lo cual genera un espectáculo de pinzas y caparazones apelotonados de gran vistosidad. Pero consiguen sobrevivir.

Otra migración, más enigmática, es la que anualmente realiza la mariposa monarca, una especie que no puede sobrevivir a los fríos inviernos de Estados Unidos, por lo que se desplazan hacia el sur y el oeste cada otoño, para hibernar en los abetos de México o en los eucaliptos de California. Utilizan los mismos árboles cada año, por lo que, teniendo en cuenta que no viven más de nueve meses y, por tanto, no son las mismas que el año anterior, ¿cómo saben dónde y por qué ruta tienen que ir? ¿Cómo reconocen los árboles y saben, además, que son los más adecuados para hibernar? Es la única especie de insectos que recorre cada año hasta 4000 km.

La misteriosa conducta de los grupos

Llegados a este punto, podemos plantearnos qué tipo de «inteligencia» es la que zarandea nuestra bandada de miles de aves que observábamos al comienzo, o la que dirige los cardúmenes integrados por millones de sardinas. Se mueven como si obedeciesen una sola orden. Son muchos, pero son uno. Como Ygrámul.

Su característica principal es que se mueven colectivamente, con rápidas respuestas de los individuos que forman el grupo a los cambios de dirección y velocidad de sus vecinos. Por tierra, mar y aire, encontramos especies con este comportamiento, ya sean las brillantes caballas danzando sincronizadamente en círculos, los queleas comunes de África volando por miles o las hormigas en sus múltiples variantes.

Actúan como superorganismos, que es un término que designa una comunidad inteligente de seres vivos, ya que en ella surgen cualidades que no existen en los organismos individuales que la forman y cuyos integrantes se comportan de forma solidaria, primando el bien general sobre el individual.

lobo

Quien haya observado el cielo de Roma al atardecer habrá visto algo parecido a colosales manchas de arena oscura que se mueven con el viento, que cambian de densidad constantemente, como globos que se inflan y se desinflan. Son estorninos: hacen y deshacen formaciones en un espectáculo perfecto sin coreógrafo, y nunca se separan. A medida que nos acercamos, el sonido que comenzó siendo como el de las hojas de un bosque cuando el viento las bambolea, se convierte en un estridente coro de piares, y las manchas adquieren la forma de animales voladores. De uno en uno, nos resultan familiares. Pero cuando vuelan en montones de hasta 50.000 ejemplares, son aterradoramente bellos en su inmensidad. Ocurre con muchas aves. La naturaleza se manifiesta en diferentes lugares con las mismas leyes. Unas leyes que no conocemos. Por eso nos asombran.

Superinsectos

Una colonia de hormigas se comporta como un superorganismo. Cada individuo tiene una categoría diferente según la función que realiza, y adquiere o hereda unas determinadas facultades que le permiten cumplir su misión, lo mismo que sucede con las células que constituyen un cuerpo humano. Lo de las hormigas es de asombrar: saben cultivar, pastorear, cazar y usar herramientas.

Las «células» del hormiguero se dispersan en cualquier dirección, pero no dejan de pertenecer a un todo, que es la colonia, una supercriatura que construye viviendas llenas de cámaras y galerías de diferentes pisos, con ventilación suficiente y temperatura constante, donde residen a veces millones de individuos. Nada que envidiar a nuestros modernos rascacielos. Se ha podido comprobar con cámaras endoscópicas que algunos hormigueros bajo tierra son ciudades del tamaño de un autobús. Cada especie tiene diferentes habilidades, como la cortadora de hojas, la legionaria o la cosechadora roja.

Lo interesante es que esta multitud, convertida en una sola bestia gigantesca, tiene que realizar muchas tareas: recoger comida, mantener en orden el nido, proteger y alimentar a las crías o sacar la basura. También tiene que responder a situaciones cambiantes: una día hay menos comida; otro, se produce una tormenta; más tarde, hay que reparar el hormiguero. Esto obliga a la colonia a ajustar la distribución de esfuerzos. Cada individuo toma decisiones locales, pero es la suma lo que permite que el sistema funcione. Además, hacen gala de destrezas excepcionalmente útiles, como construir puentes o escaleras conectando sus propios cuerpos para llegar de un sitio a otro, no teniendo muchas de estas acróbatas más apoyo físico que los cuerpos que agarran de sus compañeras.

Las abejas demuestran también comportamientos inteligentes, como la división del trabajo, la comunicación entre individuos y entre grupos a través de danzas, la cooperación constante en la búsqueda y recolección del néctar y su planificación reproductiva.

Inteligencia colectiva

Cada miembro de un superorganismo se convierte en una pieza necesaria y especializada del conjunto, haciendo frente a problemas complejos y cambiantes con la capacidad extraordinaria de resolver como conjunto lo que no podría resolver cada individuo por separado.

Una de las características propias de estos equipos es la autoorganización. Cuando una bandada o un cardumen se sienten amenazados, se comportan como si fueran un único animal gigante en el que todos los individuos actúan de forma sincronizada sin un cabecilla que los dirija. Esto demuestra también coordinación y cohesión, ya que los movimientos conjuntos son el producto de interacciones dinámicas y vitales entre los individuos. Los superorganismos son adaptables y fuertes, ya que el grupo puede responder a un entorno siempre inestable y sustituir automáticamente a un individuo que realizaba una labor por otro. «Si los individuos siguen reglas simples, la conducta grupal resultante puede ser sorprendentemente compleja y extraordinariamente efectiva» (Bonabeau y Meyer).

Si observamos desde arriba, a una suficiente distancia, una plaza populosa de una de nuestras modernas ciudades occidentales en un día de concentración de gente, veremos puntos que se mueven conformando una mancha, dentro de la cual se generan corrientes de movimiento, como si un riachuelo se hiciera visible. Si esta imagen la filmamos y la proyectamos a cámara unas diez veces más rápido, veremos que no se diferencia tanto de lo que percibíamos al mirar una bandada de pájaros en el cielo o un banco de peces. Las maniobras evasivas de los peatones que se encuentran provocan cierta autoorganización y empezamos a reconocer patrones de movimiento en la muchedumbre.

¿Puede haber inteligencia sin conciencia?

Puestos a comparar inteligencias, nosotros, los humanos, ¿no actuamos a veces sin conciencia aunque nos tengamos por inteligentes? Ya Ortega y Gasset nos bajó los humos cuando distinguió que unas veces los individuos se conducen como individuos, pero otras, se comportan como una masa, que es otra cosa, otro ser, con una conducta diferente a la que tendrían los individuos si actuaran solos. Freud decía que la masa era un rebaño obediente y Le Bon, en el siglo XIX, diría que forman un alma colectiva.

También se puede comportar como masa un conjunto en el que cada individuo está en su casa y no físicamente en el mismo sitio, pero que se mueven al unísono, o responden conjuntamente a determinados estímulos. Un ídolo musical, un deportista de élite, un político con buena oratoria o un líder religioso pueden conseguir mover a grandes multitudes. En estos casos, es frecuente que prime la emoción sobre la razón. Por eso, la reflexión es el antídoto para no ser llevados a conductas irracionales que no tendríamos normalmente. Cuando la conducta colectiva se vuelve irracional es señal de que se ha perdido la conciencia individual. En ese estado, el individuo se desentiende de la responsabilidad de sus actos.

Lo que el ojo no ve

Hoy podemos constatar con los medios que la tecnología pone a nuestro alcance algunas cosas que suceden pero que no podemos percibir. Hace falta ver a cámara lenta los ataques de algunos animales para saber qué ha sucedido; y hace falta ver a cámara rápida los asombrosos movimientos de las plantas para darnos cuenta de que efectivamente se producen.

gatito

Tal vez todo sea cuestión de velocidad, es decir, de vibración. Como decían los antiguos, todo vibra en el universo, todo está en movimiento, a diferentes niveles. Tal vez sea esto lo que crea diferentes niveles de realidad. Existen varias realidades en el espacio y en el tiempo. Pero para nosotros, existe solo si lo vemos o entendemos.

Es interesante cómo explicaban los antiguos esa inteligencia superior que protege y dirige a los animales. Ellos hablaban de un alma grupal, como si todos ellos tuvieran un alma de especie que les enseña cómo recorrer los pasos de la vida, como si fuera un GPS que les guía desde lejos, con una inteligencia práctica, diferente a la humana.

Esta diferencia vendría, precisamente, porque todos los seres vivientes de la naturaleza estarían viviendo en su nivel cristalizado de evolución como grupo: las piedras y minerales en su mundo de materia física; los vegetales, en su universo de danzas al compás del viento y desarrollando sus procesos vitales al ritmo de la luz solar; los animales, con las emociones y sentimientos de un escalón diferente, el del agresivo felino salvaje y el del fidelísimo compañero doméstico; y el ser humano, con ese tesoro de raciocinio, a veces oxidado del escaso o incorrecto uso, pero que le abre las puertas de un mundo superior que concibe como más profundo, más espiritual.

Desde este punto de vista, el hombre no sería el fruto de la evolución de un animal, o sea, no sería solamente el animal más perfecto entre todos los animales. Sería otra cosa, en otro nivel, tal y como defienden algunas teorías modernas, que coinciden curiosamente con otras muy antiguas. Pero en este otro nivel, su misión consistiría en recorrer su propio camino de desarrollo con su atributo especial, su capacidad de pensar, de reflexionar, de tomar decisiones de forma consciente.

Inteligencia animal aplicada por los humanos

La observación del comportamiento de las colonias de insectos más complejas y también de la conducta de otros animales, como el cuco, la luciérnaga o el murciélago, se ha utilizado para dar soluciones a numerosos problemas, desde cómo colocar de la forma más eficaz los productos en los estantes de los supermercados hasta solucionar algunos problemas de las rutas de transporte. Pero también, labores de optimización en ingeniería, diagnóstico de accidentes o algoritmos de control en grupos de robots, así como mejoras en diferentes áreas, como redes de líneas aéreas, ciencias sociales, industria o finanzas. El modo en que las hormigas agrupan sus muertos o clasifican sus larvas ha servido de ayuda para analizar los datos en los bancos. La división del trabajo entre las abejas ha inspirado muchas mejoras en las líneas de ensamble de las fábricas, aumentando el rendimiento y disminuyendo el esfuerzo. Si les pagáramos como consultores, no tendrían precio.

Lo malo es que solemos quedarnos en la parte práctica pero egoísta del asunto, porque son aplicaciones externas a lo que es el verdadero ser humano, el que se pregunta cuál es su papel en la naturaleza, si va a morir y cuándo, si tiene que hacer algunos reajustes en el rumbo de su existencia. Se nos olvida muchas veces la otra parte de buscar los buenos resultados para que toda la colonia funcione armónicamente, con una misma meta y encontrando para cada individuo su labor importante y diferente, pero necesaria para el conjunto, sin que nadie quede despreciado o inutilizado en la consecución del bien común. A lo que habría que añadir la interacción positiva con el medio ambiente, cosa que hacen todos los animales. Y pocos humanos.

En el mundo animal, los mejores resultados siempre se consiguen dando prioridad a la cooperación sobre la competencia. De esta forma, unos individuos no tienen que ser aplastados para que prevalezcan otros, sino que la mutua influencia genera un mejoramiento en la labor de cada uno y del conjunto.

Lo dijo el poeta inglés John Donne: ningún ser humano es una isla, algo completo en sí mismo, sino que cada uno es un fragmento del gran ser que lo contiene.

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Viernes, 01 Enero 2021 00:00

El gorrión no tiene quien le escriba

Las ciudades modernas acogen verdaderos ecosistemas en los que conviven y evolucionan muchas especies de animales. En esta ocasión queremos llamar la atención sobre la avifauna urbana. Cuando hablamos de aves urbanas, nos referimos a todas aquellas aves que tienen en común el hecho de habitar el medio urbano, es decir, viven cerca del ser humano. Hay una gran variedad: aves grandes, pequeñas, nocturnas, diurnas, insectívoras, granívoras, rapaces, exóticas, autóctonas, etc.

Desgraciadamente, las aves urbanas no suelen tener muy buena imagen. Las palomas ensucian el pavimento, las golondrinas y los vencejos lanzan sus deyecciones, que a veces impactan en ese traje recién estrenado, y los gorriones chillan demasiado a primeras horas de la mañana. Esta mala imagen no es resultado de los problemas que producen en la cotidiana marcha de los humanos, sino en prejuicios. Vamos a ver que la avifauna urbana genera más beneficios de los que sospechamos.

La golondrina (Hirundo rustica), la golondrina avión común ( Delichon urbicum) y el vencejo (Apus apus) se alimentan casi exclusivamente de insectos voladores (mosquitos, moscas, etc.) y prefieren los hábitats urbanos para nidificar. Si tenemos en cuenta que una golondrina avión común es capaz de comerse 850 insectos al día, esto supone 7 kilogramos de insectos al año. Sin su presencia, la vida en las ciudades sería insoportable por la enorme cantidad de insectos que llegaría a haber.

Los gorriones (Passer domesticus) comen principalmente granos y semillas, alimento para ganado, y en las ciudades, desperdicios. También se alimentan de hierbas y malezas. Durante el verano comen insectos y los comparten con sus polluelos. Cazan los insectos al vuelo, abalanzándose sobre ellos, persiguiendo a podadoras de césped o visitando farolas a la hora del crepúsculo.

Sabemos que los mosquitos son una amenaza para la salud pública en la actualidad, porque son vectores de varias enfermedades. Además, sus picaduras siempre son molestas y pueden llegar a generar reacciones alérgicas alarmantes. Por lo tanto, estas especies pueden ser consideradas controladoras sostenibles de plagas, puesto que cumplen con las tres dimensiones de la sostenibilidad: beneficios sociales, ambientales y económicos.

La paloma común (Columba livia) suele comer unos 30 gramos diarios de semillas más todo granito comestible que encuentre en el suelo. No se dispone de datos exactos sobre la cantidad de palomas que viven en nuestras ciudades, pero podemos estimar que más de cinco mil, dado que algunos ayuntamientos sacrifican cada año cerca de dos mil. Calculemos cuántos desperdicios recogen del suelo las palomas en un año. 30 gramos por cinco mil son 150.000 gramos (50 kilos), lo que da 18.250 kilos en un año. Las palomas, que tienen fama de ser sucias y propagadoras de enfermedades, ayudan a tener una ciudad más limpia y sana.

El mirlo es otra ave muy presente en la ciudad. Se alimenta principalmente de insectos y lombrices, así como de frutos diversos, especialmente en otoño e invierno. Es la única ave que se alimenta de la temible oruga de la procesionaria.

Cada año millones de aves mueren en todo el mundo a causa del impacto contra cristaleras, un problema en aumento debido al creciente uso de este material en edificios e infraestructuras. Una barrera de cristal transparente o ventanales que reflejen el cielo o la vegetación circundante pueden ser una trampa mortal para las aves, incapaces de percibir estos obstáculos. Los gorriones suelen morir por atropellos de vehículos y golpes que se dan contra los cristales. Los cernícalos se estrellan contra las marquesinas de los autobuses y se electrocutan al entrar en contacto con los cables, entre otras causas.

Algunas especies de aves urbanas están protegidas por la Ley 42/2007 del patrimonio natural y la biodiversidad, que establece, como norma general, la prohibición de dañar, capturar e incluso molestar o inquietar intencionadamente a los animales silvestres. Pero solo protege a las especies que sean catalogadas como amenazadas o en peligro de extinción. Las aves comunes que no pertenecen a especies catalogadas no tienen protección alguna. Y, como jurista, me pregunto: ¿por qué la ley protege más a un tipo de aves que a otras?, ¿es que para las leyes hay seres vivos más valiosos o importantes que otros? Esto es un fallo del sistema jurídico. Recordemos que todas las especies que se encuentran en peligro o amenaza de extinción antes eran especies comunes. Justamente la falta de protección de las especies comunes (las que no están al borde de la desaparición) es una de las causas de su extinción.

Las ordenanzas municipales de protección de los animales que regulan la inserción de los animales en el ámbito urbano no recogen ningún precepto que proteja expresamente la avifauna urbana. Esto quiere decir que ni palomas, ni gaviotas, ni mirlos ni gorriones cuentan con la protección de ninguna ley, a pesar de los beneficios que aportan a la ciudad. Es hora de que tengamos en cuenta a estos pequeños que colaboran diariamente en la higiene de nuestras ciudades y pueblos.

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Viernes, 01 Enero 2021 00:00

Misterios de los animales

Abordan nuestros colaboradores esta vez un tema de gran interés, en estos tiempos que nos reclaman a los seres humanos mayor sensibilidad para con la naturaleza. Hay que tener en cuenta que muchos de los argumentos que se suelen esgrimir son utilitaristas: debemos cuidar el medio ambiente porque está en peligro la especie humana, debemos optar por métodos sostenibles para nuestros planes de progreso en sociedades consumistas y depredadoras… entre otros planteamientos y señales de alerta.

Nosotros hemos optado por invitar a conocer a los animales, otros seres que también están en peligro, por culpa de la contaminación desbocada y la falta de sensibilidad ambiental de muchos gobernantes en nuestros días. Y nos hemos encontrado, no solamente que su manera de vivir y de sentir están muy cerca de la nuestra, sino que podríamos aprender de ellos a ser mejores.

Cada vez se oyen más voces que reclaman respeto y protección a los derechos de los animales, entre otras cosas porque está comprobado que las sociedades que saben tratarlos son más tolerantes y tranquilas y padecen tasas mucho más bajas de violencia y malos tratos entre los humanos. Lo cual significa que si aprendemos a tratarlos y comprenderlos lo haremos también con nuestros congéneres.

En este número de Esfinge presentamos algunas informaciones que nos ofrecen datos sobre los delfines o las aves, y recordamos a nuestros lectores que tienen derechos reconocidos ya por organismos internacionales.

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Los animales nos rodean y forman parte de nuestras vidas. O tal vez nosotros formemos, para bien o para mal, parte de las suyas. Los domésticos nos asombran muchas veces con cualidades que nos hacen añorar nuestra parte humana más luminosa. Los salvajes, en este mundo tecnológico que nos ofrece el privilegio de observarlos y conocerlos desde la seguridad de nuestras casas, parecen reclamar el lugar que les pertenece en nuestro planeta común.

«(…) Fue luego a ver a su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit (todo era piel y huesos), le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro Magno ni Babieca del Cid, con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría, porque —según se decía él a sí mismo— no era razón que caballo de caballero tan famoso y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido (…) y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante» [1] .

Quizá sea este uno de los pasajes más bellos de la extraordinaria y misteriosa obra de Cervantes. En él vemos a Alonso Quijano, ese extraño soñador poseído por una especie de divina locura, reconocer y dar derecho a un caballo, convirtiéndolo en su compañero de vida y aventuras. Rocinante no será un objeto, sino un ser sensible que tendrá identidad como tal.

Hagamos una breve reflexión: en este planeta que llamamos Tierra cohabitan millones de formas de vida y las clasificamos en cuatro grupos:

  • Minerales. Tienen forma y materia. Son casi inertes.

· Vegetales. Tienen forma y materia, pero nacen, crecen, se reproducen y mueren. Pueden hacerlo hacia el cielo o hacia la tierra. Su crecimiento es vertical. Decimos que tienen energía vital.

· Animales. Tienen forma y materia, nacen, crecen, se reproducen y mueren, es decir, tienen energía vital, pero además pueden desplazarse sobre la superficie y poseen instintos, sensaciones y emociones, y a estos aspectos los denominamos psique.

· Humanos. Además de los indicadores de las otras formas de vida, es decir, forma y materia, energía vital y psique, tienen mente, lo que a todo lo anterior le añade capacidad de decisión, razonamiento, lógica y responsabilidad. Caminan libremente, de forma vertical, apoyados solamente en sus pies de forma permanente.

Si el planeta es la casa de todos ellos, ¿cómo debería ser la convivencia y organización de vida entre esos cuatro mundos, manifestación, todos ellos, del gran Espíritu Universal?

Dejemos que la lógica y el sentido común de nuestros lectores respondan a esa pregunta.

Lo cierto es que hay una interacción permanente que nos demuestra que todos estamos vinculados, y la vida de todos depende de todos bajo las leyes de la naturaleza, a la que consideramos la madre de toda manifestación.

Pero nuestro artículo va dirigido a reflexionar sobre una interacción muy especial, la de animales y humanos.

En la Declaración Universal de Derechos de los Animales, art. 3 y que la ONU aprobó en octubre de 1978, se dice: «Ningún animal será sometido a malos tratos ni actos de crueldad. Si es necesaria la muerte de un animal, esta debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia». El concepto de maltrato animal abarca, pues, todas aquellas acciones de violencia infligidas por el hombre a otros animales con ensañamiento y «de manera injustificada».

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«Dicen por ahí» que la forma en que una sociedad trata a sus animales es el indicador de su grado de progreso y evolución.

Y recientemente, el director general de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha declarado: «No podemos proteger y promover la salud humana sin prestar atención a la salud de los animales y a la salud de nuestro medioambiente»,

aunque hemos de reconocer que lo que prevalecerá será cómo cada país interpre estas leyes.

El debate está servido: los animales no son cosas, son seres sensibles y, por lo tanto, sienten dolor, frío, calor, hambre, alegría, tristeza… pero no como humanos, sino como animales, y con esto quiero decir que una de nuestras actitudes y juicios es contemplar la naturaleza y el cosmos desde nuestra medida humana, lo que es un acto de injusticia. Recordemos la frase platónica: «Justicia es dar a cada ser lo que es propio (necesita) de acuerdo a su naturaleza».

Pero dejemos las leyes y normativas sobre los animales, que no son para este artículo y continuemos centrándonos en lo que aportan en el desarrollo psicosocial de las personas.

En el trabajo

Han ayudado y continúan ayudando en

  • La agricultura.
  • El transporte.
  • El pastoreo.

· Proporcionándonos alimento (muchas veces a costa del sacrificio de sus propios hijos).

· Emergencias: búsqueda de supervivientes en terremotos, inundaciones, etc., búsqueda de personas desaparecidas.

· Apoyo a la policía y a las Fuerzas Armadas. En la búsqueda de droga, sustancias prohibidas o en los conflictos bélicos.

· En la sanidad y el bienestar: perros como guías de ciegos, en la tutela de determinadas enfermedades como sordera, epilepsia, diabetes, autismo, parálisis, etc.

· Como apoyo en educación emocional en cárceles, centros de reeducación o en centros sociales.

En la compañía cotidiana

Desde tiempos inmemoriales ha existido un fuerte vínculo entre animales y humanos; en especial, determinadas especies cuyo destino pareció establecerse en proximidad con el de los seres humanos, a los que llamamos «domésticos».

Ya hemos detallado las ayudas que nos proporcionan, pero vamos a centrarnos en una relación muy especial, en la convivencia con un animal y su aportación en nuestro desarrollo psicológico, intelectual y, más importante, en nuestro conocimiento de la naturaleza y sus leyes.

No hace falta enumerar los infinitos estudios realizados sobre los beneficios de esta relación. En lo que todos los científicos están de acuerdo es que la convivencia con un animal está directamente relacionada con la producción de endorfinas. Es decir, alivian el estrés, ayudan a superar la tristeza y la melancolía, el sentimiento de soledad… al mismo tiempo que, en el caso de algunas de estas mascotas, nos facilitan la sociabilidad, al relacionarnos con otros propietarios de animales, y también nos obligan a una mayor actividad, en el caso de perros o caballos. Resumiendo, nos proporcionan elementos que relacionamos directamente con una mayor sensación de felicidad.

Y no olvidemos que están directamente relacionados con una mayor conciencia de nuestra responsabilidad. La relación es de doble dirección. Ellos nos dan lo mejor de sí mismos y nosotros debemos darles lo que ellos, de acuerdo a su naturaleza, necesitan.

Esto cobra especial importancia cuando hay niños que crecen cerca de animales, lo que ofrece un extraordinario elemento para educarlos en el conocimiento de la naturaleza y sus formas de vida, así como en el respeto y responsabilidad hacia todas ellas.

La naturaleza es justa, y en esta convivencia global de todas las especies observamos que la vida y la muerte son las dos caras de la existencia. Percibimos a una como buena y a otra como mala simplemente centrándonos en lo aparente. Lo visible es lo bueno (vida), lo invisible es malo (muerte), pero no es así para la Madre Naturaleza, de tal forma que todos los reinos están controlados en sí mismos y unos y otros se sirven de alimento al mismo tiempo que evitan el desequilibrio de la vida manifestada. Así, se dice que toda especie tiene su depredador, pero también tiene los recursos para defenderse, manifestándose así, por contrapartida, un equilibrio natural.

Solamente el ser humano tiene la capacidad de reconocer y aceptar las leyes de la naturaleza o actuar fuera de su orden. Se justifica en algunos antiguos tratados religiosos, que dicen que dominaría la Tierra y todas sus formas de vida. Pero dominar no significa destruir. Decimos como alabanza de alguien que domina un arte, un conocimiento o una disciplina. Solamente le damos un connotación negativa cuando nos referimos a producir humillación o sometimiento sin tener en cuenta ni respetar a la parte que decimos dominada.

Según esto, dominar la Tierra y sus criaturas debería ser conocerla, respetarla y tratarla de la manera que ella necesita, al mismo tiempo que ella nos proporciona sus bienes, de la misma forma que el pianista que domina su arte cuida el piano, practica, se esfuerza y este le ayudará a producir la magia de la música.

Quiero hacer un rápido análisis de determinadas respuestas humanas hacia los animales.

Se calcula que un 70% de perros en el mundo viven abandonados. Para un animal doméstico, esto representa la mayor tragedia de su vida porque está condicionado a vivir con y para los seres humanos. La desorientación, la tristeza, el hambre y las enfermedades serán su vivir cotidiano, así como padecer la crueldad de aquellos seres humanos que disfrutarán torturándolo.

Más de cien mil perros y gatos son abandonados en España todos los años, por no citar otras especies, como tortugas, conejos o reptiles. Existe un ciclo de tiempo: se regalan en las fiestas navideñas como objetos y se abandonan en verano cuando comienzan las vacaciones. Y muchas veces ese abandono se realiza en condiciones de extrema crueldad, como atándole las patas, pegándole el hocico con cinta adhesiva, etc.

Para no ser reiterativa no citaré el caso de los perros de caza, podencos y galgos, que son objeto de especial crueldad cuando dejan de servir a los cazadores, ya que las protectoras de animales lo denuncian constantemente.

En lo individual, podríamos hablar del maltrato explícito hacia un animal en los casos en que hay una intención deliberada de causar sufrimiento y dolor por parte de una persona, con la correspondiente carga de terror que lleva consigo. Numerosas investigaciones demuestran que esta conducta suele comenzar antes de la pubertad y determinará en el futuro patologías psicológicas y sociales en esa persona. Ese placer en la crueldad proseguirá hasta conductas sociopáticas y psicopáticas, con ausencia total de empatía y peligrosidad social.

Existe también el maltrato implícito, que no es evidente, cuando no se proporciona al animal lo que necesita, alimentación e higiene adecuada, cuidado de su salud y atención a sus necesidades instintivas y emocionales, proporcionándole educación y desarrollando su potencial.

¿Y en lo social?

Especial análisis merecería este apartado.

En un lugar de este mundo de cuyo nombre no quiero acordarme, se celebra una fiesta en la que miles de perros robados, criados o comprados, son encerrados hacinados en jaulas, envueltos en paquetes con tela metálica o cadenas, para luego ser asesinados a golpes y después servidos como comida a miles de personas en un gran ambiente festivo.

Y en otro país de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, se celebran fiestas en las que un toro es soltado en una plaza circular donde se le clavarán diferentes lanzas, lo que le producirá una gran pérdida de sangre y sufrimiento que le irá debilitando para finalmente ser rematado. Y todo esto sucederá en medio de aplausos y algarabía de miles de espectadores.

Y en todos los países de este mundo, hombres y mujeres disfrutan practicando lo que se ha dado en llamar un deporte, en el que, provistos de armas de largo alcance, con mira telescópica y otros detalles tecnológicos, las emplearán para matar aves o diferentes especies de animales, que no tendrán apenas posibilidad de huir o protegerse. Nos referimos a la caza legislada.

Porque existe otro tipo de caza, en la que se ponen en juego enormes cantidades de dinero, que está al margen de la ley en prácticamente todo el mundo y que ha exterminado o pone en peligro de extinción a numerosas especies de animales. La caza furtiva.

Invocando el sentido común, ¿no tendría más lógica disfrutar fotografiando o grabando a esos animales en su entorno natural en vez de destruirlos?

EL REFUGIO DEL BURRITO

Nos quedan en el tintero muchas otras consideraciones, pero no queremos ser reiterativos, solo hacer una reflexión sobre nuestra vida y la de los seres que, como nosotros, son hijos de la Tierra.

Quiero dedicar un recuerdo especial a las numerosas personas, asociaciones y organizaciones que se dedican serena y equitativamente a luchar por nuestros hermanos menores, los animales, que no tienen voz ni apenas posibilidades de defensa frente a una humanidad que parece no ser capaz de percibir el equilibrio y armonía inmutable de la naturaleza.

Si somos conscientes de ello, nuestra responsabilidad será trabajar por una educación que ayude a tomar conciencia de esta situación. Porque eso será vivir de acuerdo con las leyes que rigen el universo, de las que nadie puede esconderse.



[1] El ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha . Miguel de Cervantes. Primera parte. Capítulo primero.

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